Hace tiempo no nos ocupamos de literatura. Quiza porque los seudo escritores de plantilla de editorial El Croto, con sus trabajosos bostezos, han dejado de publicar gargaras merecedoras de nuestra atención y se han pasado a la autopublicación. Quien sabe. El Croto siempre se ha caracterizado poe el mal gusto y las ostentosas fiestas multidisciplinarias, sin que uno sepa bien a que se dedica cada uno de los artistas implicados. Lo cierto es que luego de mucho tiempo acaba de sacar una aberración con bombo y platillo, fausto y circunstancia, canape y champán.
Se trata de La maratón de Willy Ganchito, de Estipen Emilio Kuin, dudoso seudonimo bajo el que seguramente escribe ese trapichero literario, ese irresponsable al que conocemos como Dalmacio Ganci.
¿Es policial, drama, teatro, comedia? Todavía no se si es un libro.
Sabemos que Willy es un personaje de la milonga al que todos menosprecian. Huele mal, viste mal. Sus dialogos son tan patéticos que parecen escritos por un niño de cinco años. Es evidente la admiración que el autor siente por Stephen King, pero su viaje del heroe es una patada al higado.Willy es un personaje repelente, en el que se intuye un pasado turbio que nunca se cuenta ni se aclara y que salta de la tercera a la primera persona con la opacidad que solo puede dar una autoria en colaboracion o la demencia. No lo sé. Quizá si reproduzco aquí algunos párrafos puedan darse ustedes una idea del magno desaguisado al que nos enfrentamos como lectores. No acostumbro resaltar el contenido del libro en encomillado y en cursiva , pero en esta ocasión es necesario que no se me identifique bajo ningun concepto con lo escrito por el delirante autor de esta barrabasada;
«Sonaba Bomboncito y en la primera tanda. De inmediato comencé a sentir ese aroma característico, esa mezcla de perfumes baratos y acre olor corporal. Willy Ganchito estaba cerca. Decian que empapaba sus calzoncillos con colonia para no lavarlos. Que solo comia pizza congelada y hamburguesas. Que podía recitar de memoría todos los aforismos de Narosky. Por el rabillo del ojo ví su camisa grisacea, su melena cardada, sus pantalones verdes. Se pone en el medio y dificulta varios cabeceos. Lo vemos todo desde la barra, con Ignace Berman, mientras nos atoramos el gaznate con un Calinbuqui reserva. Willy no ceja. Luego de muchas tentativas le sale a bailar una pobre principiante ansiosa de tanda y al segundo tango se da cuenta de su error. Willy no avanza, parece flotar en una inmaterial nube de ganchos que la muchacha no puede ejecutar. Son como dos personajes de videojuegos demorados en una pantalla que no pueden pasar. La ronda, que es sabia, va depurando la anomalía que conforman los dos y sin que se den cuenta, terminan bailando en un costado, cerca de los baños. Pero de esa molestía no saldrá una perla. La muchacha quiere terminar la tanda, Willy no la deja. No pagó con grandes sacrificios —Le robó el pan a la vieja se hizo ruin y pescador(1)—una maratón para que lo echen en la primera tanda. No ve a los jueces, pero los habrá.
—Siempre los hay, Willy, disfrazados disfrazados de gente sabia o de dionisiacos que liban y critican desde su ventajoso sitial en las cómodas mesas a pie de pista. Pero no me importa. No nos importa Willy. lo que importa es el reino. El prometido reino milonguero que habrás de extender como un Kurtz del tango cuando ganes la maratón. Para eso naciste. Para eso estás aquí. Para eso y solo para eso —dice en su cabeza el amable plofesol Logel con esa voz aterciopelada y esos modales impecables por los que mas de una mujer ha perdido la cabeza.
Plofesol Logel tiene una guillotina de juguete en casa. ¡Muy bueno Emilio!. Una guillotina (esto hay que dejarlo).»
(1)Hago un inciso aquí, antes que la ensalada termine por devorarnos. Kuin no solo plagia, sino que plagia mal. Pescador en vez de pecador. El resaltado es mío. la editorial no tiene la decencia de citar el tango ni el autor. La sintaxis y la gramatica son horrorosas. Ni siquiera se han tomado el trabajo de borrar la anotación al margen. El corrector ... bueno. ¿Para qué pagar a un corrector en la era de la IA? Y el demencial salto del pensamiento de un personaje al dialogo de otro afin a Willy es algo que no tiene parangón.
Solo que el dialogo no es tal. Uno imagina que el amable Plofesol Logel es un amigo de Willy, acaso el único, un estereotipo manido del cientifico oriental, mal llamado por la sociedad que también discrimina a Willy. Con el correr de las páginas descubrimos que este amigo existe solo en la cabeza del loco Willy.
Mejor sigamos.
« La cosa es así. Que le vas a hacer. Este de chequelete ha embadurnado sus manos con pegamento sintético de contacto. En su cabeza cree que el propósito de la maratón es la continuidad, la persistencia. Esto no lo sabremos hasta mucho después, cuando el cadaver de Willy se pudra al sol, mordisqueado por dos sapos overos que disputan su alma.
—¿Alma? Las gentes como Willy no tienen alma. Cuando nació le injertaron un trozo de conciencia y con ella fue tirando por las milongas hasta el fatídico día en que se encontró con las tres brujas y le aseguraron que sería rey cuando ganara el concurso. Pero no nos apresuremos... Willy apenas ha entrado a la maratón con su mal olor y su mal gusto. Con su astucia animal ha seleccionado, supuestamente al azar a una principiante que cree robusta, para llegar a la última ronda de lo que en su desnortada cabeza imagina una competición de resistencia.
—Me estás diciendo que...
—Se ha pegado a la compañera, Otilio. Se niega a abandonar la ronda.
—Con lo que nos costó organizar la maratón ahora nos toca esto. ¿No podemos, digo no podemos tener una maratón como todo el mundo?.
—Además tiene una bomba. Una bomba Willy. Eso hay que dejarlo claro. Que te tengan miedo, que te respeten. El que tiene el control es Willy Ganchitos. Siempre ha sido hasi (está escrito así en el original). Siempre lo será.
—¿Una bomba Willy?¿Que es una bomba Willy?
—Sal de mi cabeza Sonia. No hablo contigo. Estoy hablando con Plofesol Logel.
—No me llamo Plofesol logel, maldito sicopata. Quiero ir al baño. Quiero...tengo hambre. Esto no es una maratón de resistencia. Es una maratón de tango.
—¡Callensén! ¡Dejenme solo!
EN LA ERA DEL PARADISCURSOMETADISCURSOHAYQUE CREAR ELPARATANGOPEROANTESTENGOQUEGANARLATANGOMARATÓN
—¡Eh. Willy! ¡aqui están los pañales que pediste! Tienes...tienes tarde todavía. puedes cabecear. Pero cuando cabecees Willy, cuando juntes tus manos embadurnadas en pegamento sintético no habrá vuelta atrás. ¿quieres eso Willy? ¿de verdad quieres eso?Willy, despierta Willy»
Lo intenté. De verdad que lo intenté. La redacción era tan confusa y tan sin sentido que no pude avanzar más. Una maratón tanguera en la que deben intervenir fuerzas policiales o exorcistas o psicologos. Solo que deben unirse a los bailarines o a los locos, porque no se sabe si es una maratón o un manicomio. O un experimento social.
No se sabe aún que carajo es La malograda maratón de Willy Ganchitos.
Como todos los engendros perpetrados por editorial
El Croto, sospecho que será un gran éxito.

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