Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como #festivaltangodivino

UN TAXI MILONGUERO PARA FIN DE AÑO - III (FINAL) - Por Cátulo Bernal

Tenia el abrazo calido y una esencia salvaje, perfume de su cuerpo que noté en los primeros compases que bailamos juntos. Esa fragancia se unió a la mia en un complejo juego de aromas que, lo supe luego, quedarían en la chaqueta y volverían cada vez que escuchara «Una vez». Lo sé. En la entrada anterior escribí que salimos a bailar una tanda de Caló con Berón. Pero al llegar a la pista, de alguna misteriosa manera «Al compás del corazon» dejó paso a la Típica Victor y luego al tema de Pugliese con Moran. Y no supe como fué. Acaso estábamos bailando en tres niveles al igual que en mi visión veía realidades coexistentes. En todo caso, y a pesar del tiempo transcurrido, comprendí que un ansia desesperada por bailar había agudizado mis sentidos y todo mi ser palpitaba en una cadencia armoniosa y serena; que los dos estabamos contenidos en un movimiento orgánico que nos hacia bajar y subir por la melodía como viejos conocidos que se animan a explorar un juego de propuestas entre velocidades...

UN PORCHE MILONGUERO CON ESCALONES ROTOS II (Preludio al festival tango Divino)

El tren se detuvo por fin a la altura de la pista en la Milonga del Oriental. Yo tenia una misión. Rescatar a Helena, la protagonista titular de mis desvelos de una demencial milonga en forma de festival todo en uno, con nueve pistas y nueve desafíos. Pude imaginar, que aquel sitio estaba lleno de bailarines bien pagados de si mismos, a juzgar por su  ultimo mensaje: Prisioneras de la perfección .  ¿Era aquel sitio como el infierno del Dante, como el viejo vídeo juego de kung fu Master en el que para subir de piso tenías que sacudirte una biaba contra el campeón, un taller de practica de la secta de los tangueros sin descanso? ¿o simplemente  un truco publicitario para atraer a palurdos y enamorados como yo mismo? Todos estos pensamientos se agitaban en mi cerebro mientras subía el terraplén sembrado de ortigas para manotear la primera puerta a la que llegara.  Comprendan, En Milonga del Oriental no hay estación de tren, ni parador, por muchas promesas tardí...