El Camino hacia la cuarta pista del Festival Tango Divino llegaba luego de un pasillo polvoriento a cuya derecha se veía una especie de anfiteatro con uno de los carteles de R. Lamido apenas iluminado: Y aunque pueda seguir, buscando la siguiente pista deténgase un momento a recrearse en la contemplación de los de antes o los de mañana, medite sobre sus pasos perdidos en este salón. Y luego avance. Las muchachas Laura, Lara y Sofia apenas le prestaron atención yendo ansiosas hacia la pista naranja, cuya música se oía en sordina. Con ellas iba el filosofo Pelandrun, que parecía temer un poco a la penumbra y al Indio Martín, que por el contrario la utilizaba para ceñir el talle de Lara y hacerla sentir protegida. Íbamos a alcanzar al grupo con el Pibe Pergamino, pero la majestuosidad del salón nos hizo demorarnos y luego quedamos impregnados por la atmósfera de calma y sosiego de aquel sitio que bien podía haber sido una pista, un escenario o un altar. Ha...