¡Ay de los mensajes no enviados, de las esperas en vano y de los ilusos que creen que el tiempo tiene una cualidad elástica! Todavía llevaba el móvil inútil en la mano, con el mensaje que nunca mande a Helena cuando dejamos la pista blanca en donde el dueño del festival Jaime Divino enviaba señales al otro lado del océano de oscuridad. Apenas registraba el polvo de otro pasillo lleno de viejos carteles de varieté, que me llevaba junto a Laura, Lara, Sofia y los muchachos de Lusiardo hacia una previsible pista de color negro, si mis lecturas de Poe y el gusto de Divino coincidían. Pero al pasar por la puerta, junto con otros peregrinos de salas anteriores, vi que la séptima pista simulaba un cielo con nubarrones pintados y allá lejos, muy arriba, un destello que no supe si eran trazos o un foco semejante al sol abriéndose paso en la borrasca. Las parejas de la pista se empeñaban en Fresedo bajo un cielo ominoso en donde a veces algunos flashes enviaba...