Se fue la luz y todos quedamos en suspenso, detenidos en el ultimo compás de La cumparsita . Fueron dos segundos de oscuridad solo interrumpida por la alborada lejana asomando por la claraboya. Poco después se encendieron unos potentes reflectores apuntando directamente a las dos puertas. Quedamos entonces todos los supervivientes —un grupo que no llegaba a las 30 personas— protegidos por el cono de sombras. Iluminados por los focos las invasoras fuerzas de la prohibicion, el coche machucado de los religiosos, algunos vecinos emparedados, el samurai traidor y el resentido de Osvaldo Malandra, que se creía la reencarnación de Tita Merello y había salido abucheado de festival y escenario no sabían que hacer. El artífice del encuentro, Jaime Divino, señalaba hacia una puerta disimulada al costado de la barra hacia donde nos encaminamos prestamente, protegidos de las brigadas del mal que se habían quedado detenidas como liebres paralizadas en la luz...