La segunda de las pistas del Festival Tango Divino era similar en todo a la Darienziana de la que habíamos escapado en pelotón, luego de que cayeran los decorados azules y pudiéramos entrar con una contraseña remanida. Esta segunda pista era purpura y las artesanías de decoración tenían un acabado un poco mejor, aunque los brochazos y las desprolijidades se notaban más, acaso por la iluminación: focos de luz negra discotequera que abrillantaban los ojos y los dientes de todos aquellos que no estuvieran bailando iluminaban el entorno de la pista. El decorador responsable del festival había utilizado unos groseros cortinados hechos con polietileno carmesí, que colgaban como un dosel bajo sobre la pista protegiendo de la luz el abrazo de una cantidad indeterminada de parejas que bailaban con una musicalidad llevada casi hasta el manierismo. Esto hacia que a simple vista no se apreciara casi ningún tipo de avance por la ronda, como si todos los implicados tuvie...