A esa hora ya no estabas, supongo.
No lo sabía. Ninguno lo sabía. Me puse la chaqueta azul y fui al Flasmob en la Plaza Real, como en los dorados días del pasado. Como aquella vez en que algunos nos levantamos temprano para que nos filmaran actuando para el corto Tango for Money, encadenamos milonga tras milonga y terminamos como a las tres de la mañana comiendo pan tumaca en la milonga que Josep y Teresa hacían en El almacen de Domingo Rey.
Bueno. Más o menos así.
Antes, en Barcelona, cuando llegaban los primeros calores, era una especie de tradición que hubiera milonga en la plaza, un sábado o un domingo a la tarde. Nos fatigábamos las canillas en las piedras. Y la gente miraba y miraba. Como ahora, con la gente espectante. Esperando para recuperar el espiritu de la vieja milonga del Pipa, que después estuvo en la rambla y de la que fui parte, en el Centro Gallego.
Toda la semana había sido de alto vuelo. Un despliegue que empezó el lunes con la esperadísima vuelta de La sagrada milonga de Lucrecia, el martes con el arribo de buena milongueridad a Milonga mía, que siguió con la presentación del libro Diarios desde el paraiso de Laila Zylber —una increible jam de músicos, recitado de poemas, tango bailado y una barbaridad de puesta final, la llegada de la compañia Forever tango a Barna con su espectaculo, en el teatro Coliseo y con la Master Class tan didactica que dieron el sábado para los que asistieron a su recomendadísimo espectáculo. El sol entrando a raudales por todos los rincones y esas ganas de arder desde las plantas de los pies hasta la punta de los pelos. Cumpleaños, charlas filosóficas, milongas que se abrían y espacios recuperados.
La Plaza Real... la mítica Plaza Real donde tocó Chet Baker y uno de esos veranos bailó Mora Godoy.
Pero eso vos no lo sabías.
O si. Porque quizá cuando uno se va alcanza la comprensión o la certeza total de todas las cosas, pero más de todas las que le son familiares y queridas, porque entra a formar parte de un todo, una especie de Aleph Borgesiano. Una energía. Quien sabe.
Como esa energía intensa que impregnaba las piedras de la vieja plaza, ahi mismo en la entrada del Rey de Copas, donde Javier inauguraba la milonga La Real, donde el corrillo de mirones y curiosos esperaba, junto con nosotros, los de entonces, los de ahora y los de mañana tambien —pienso en el nene de Ceclia Berra y Sebastián Achaval, con su camiseta argentina y en otra pibada—, para ver la exhibición y sumarse al Flashmob.
Fue fino.Sí. Fue vistoso, sí. Con la impronta de lo genuino, de las cosas hechas con el corazon. Supongo que eso ya lo sabias, ahi donde estuvieras. Aunque eso que llamamos alma, ese intangible indescriptible que los antiguos llamaban psique o ánima, hubiera vacilado al escuchar los inmortales acordes de La cumparsita que comenzaron los Forever Tango y a la que nos sumamos los de la cosa milonguera.
Sonaron los aplausos y las felicitaciones.
Luego nos metimos de lleno en La Real. Tras la barra, la pista se abria en una sala intimista con una cabina de musicalizador acrislalada y maderas nobles. Algunos hubo que se quedaron en la terraza, con abundantes viandas gastronómicas, celebrando el tango, la amistad y la vida.
Adentro el tiempo estaba detenido en una capsula de ámbar y abrazos. Se disgregó el domingo entre tangos, valses y milongas. Era como estar en el camarote de un barco perdido en un mar calmo.
La tarde pasó como siempre pasa con las cosas buenas, demasiado pronto. Algunos se fueron a L´ Asocial a seguir bailando con Alejandro,Arantxa y Lukas. otros al seminario con los campeones 2025 de tango escenario Micaela García y Leandro Bojko en Salón Pugliese propiciado por Tangoscene de Anabel e Imanol.
Hay quien habrá visitado el mar en la melancólica contemplación de la existencia y el bullir de la vida.
Yo me quedé en las terrazas disfrutando del sol y de la buena compañia.
Fue a esa hora, en que algunos supimos que te habías ido. Era tan reciente que ni los diarios de Argentina lo publicaban.
Aunque, como te digo. Yo no sé si de verdad te habias ido. En la pista de La Real, en los adornos de las muchachas, en el silencio de mis propios movimientos, habia intuido una cualidad de calidad distinta.
Yo sé que estabas ahí ese mediodía, esa tarde. Y más tarde en la milonga Por ese palpitar, llena hasta los topes para ver la exhibición de Micaela y Leandro. Caí temprano, para no caerme. Ya llevaba en la bolsa de zapatos lo suficiente para adecentar mi apariencia y aguantar el tirón hasta las doce.
Y ahi en la pista... buenos, vos lo sabes. Todos los que bailamos lo sabemos. Cuando alguien se va, no se va realmente, María. Se queda en los pasos de los que quedan. Pero también hay otras cosas.
Bailamos en homenaje a aquellos que ya no están. Porque esa es nuestra forma de expresar la tristeza. Bailamos con más ganas y energias, para honrar a aquellos que ya no pueden y que siguen acompañandonos en los huecos de la ronda.
Esos que siempre sacan magia de nuestros pies fatigados.
Y cuando llegó la exhibición con toda esa ánima suelta en la pista, yo estoy seguro que estabas ahi, como estarás en cada pista del mundo —aunque no estés— y que te sonreias cuando bailaban Remolino.
Algunos se enteraron que te habias ido cuando Ariadna (La Pocha), Imanol (Ima) y Claudio ( el emperador) lo anunciaron en el intermedio de la exhibición, antes del increible tango final Kicho, esa pieza electrizante con la que ganaron el mundial el año pasado Micaela y Leandro.
Hubo una cerrada y larga ovación de ciento cincuenta almas a la memoria de tu alma.
De pie. Como correspondía.
Se que muchos no saben lo que el tango bailado te debe.. Hoy estarán buscando quien eras. Viendo esa bellisima obra en donde estás en cuerpo voz y representacion, en cada una de las edades de tu etérea y muchas veces sufrida vida de reina del tango: Un tango más, de Germán Kral
Porque el mito es mito, pero ante todo es mujer, una inmensa mujer y cuando trasciende es inmortal.
Y ya lo sabés, porque estabas ahí.
Esa noche mágica del domingo 19 de abril que no te fuiste, sino que esparciste tu amor milonguero por todo el planeta, entre las mesas de Por ese palpitar entre nosotros, los de siempre y otros que vienen cada tanto, pero son por derecho y voluntad parte del pueblo milonguero, estaban Magdalena Gutiérrez, Jonathan Saavedra y Clarisa Aragón, Lautaro Levato y Milagros Quintana; los chicos de Forever: Juan Pablo Hovarth, Ariel Manzanares y Pablo Vélez.
Hay fotos, videos. Y estas palabras que se quedan cortas para expresar ese domingo, tu domingo María.
A la una todavia estábamos bailando. Porque a los mitos se los despide bailando. Para que la leyenda sea aún más leyenda y se trasmita de generación en generación, de pista a pista.
Bailamos, bebimos, recordamos.
Y después, mucho después, en mi calle, por la que no pasan coches, me senté un largo rato en un banco.
Y dejé que las lágrimas se hicieran frases en esto que queria escribirte, María Nieves Rego.
Aunque muchas se me escaparon, como ahora.
Agradecimientos:
A los grandes que vienen y a los que están siempre en Barna.
A los Organizadores de las milongas de Barcelona, por poner el listón tan alto. Trabajan duro todo el año, al igual que los docentes y profesionales del tango que desde hace años están aquí, por prepotencia de trabajo, como escribía Jauretche, para que podamos disfrutar de noches como las del domingo. Y muchas otras ocasiones que no se quedan muy atras, que tanto ni que tanto.
Creditos especiales a los incansables Jordi y Rodrigo, que nos ponen en el globo con sus fotos.
A Javier Fuentes, Claudio Cesar, Imanol Muñoz, y Ariadna Zaenhnsdorf por la ayuda recibida.
A Eimen por el video de Imstagram.
Y a todos aquellos que han hecho posible que haya milongas todas las noches en esta querida ciudad en la que llevo 27 años.
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