¿Editorial El Croto, el supermercado de las letras malas en un intento de redención? ¿Acaso los descarriados dueños del engendro han apostado por un editor solvente, han contratado a un Poe de entre casa al que luego echar por la puerta y abocarlo a la miseria?
La apuesta editorial parece más de lo mismo, pero esta reformulación del pavoroso leiv-motiv de tantas malas y buenas películas es algo más de lo que se muestra a simple vista. Como el libro de Mary Shelley que los ignorantes solo identifican con la cacería de mostruo, un engendro torpe, símbolo del mal y lo diabólico enfrentado al bien. o una dudosa historia de amor —en la reformulación de Tanguestein esta mas cerca del dilema moral, de las consecuencias de jugar con la muerte y crear vida y puede ser un poderoso espejo en el que reflejar nuestras miserias. Pero vayamos sin más a comentar esta rara avis de una tal Ewina Guribi.
Tanguestein es una profesora, un bióloga, una científica enloquecida cuya pasión es la milonga. Experimentos anteriores nos la muestran como una exaltada en búsqueda de la inspiración que le permita sintetizar el A.D.N del milonguero perfecto y así ser la primera en unir ámbitos tan dispares como el del tango, la vanguardia científica y los discos de The Cure. Se deja caer por las pistas con sus modales tímidos, sus invariables tonos oscuros, su olor a formol y su entusiasmo que la lleva a bailar mal junto a su pareja y ayudante Trombo, fanático de Sonic Youth que ha sido atraído por el trajín semanal de la milonga sin descanso. Ambos se dejan fascinar por los viejos milongueros. Ella los ve brillar cada vez menos y siente con dolor como se van apagando sin legar su testimonio, aquello que los hacia únicos, mal interpretados por otras formas de enseñar y otras dinámicas.
Tantos pasos, tantos estilos, todos se los llevara el tiempo, todos sin remedio pasaran a formar un caldo informe en donde no se vera ninguna sombra, nada saliente, solo destellos de singularidades asomando como trozos de algo que alguna vez tuvo vida. Todos esos abrazos sin la guía de los antiguos se irá trnasformando en escaparates sin corazón, reflexiona con amargura.
Cansada de esperar que la saquen —por su apariencia solo baila con Trombo, que no lleva el compás— decide en noche de insomnio crear al maestro perfecto, el milonguero definitivo, dotar de vida a un cuerpo múltiple, hecho de miles de grandiosos milongueros y fabulosas bailarinas que encuentra por datos o memorias. Profana sepulturas para obtener muestras de tejido que le permitan obtener un ADN. múltiple e inmortal, un archivo viviente de todos los estilos individuales posibles, que sea capaz de fundir su cuerpo en un abrazo, un raro abrazo inolvidable. A partir de cultivos celulares que llevan toda la información genética milonguera, sintetiza un cuerpo que mantiene en suspension y hace crecer con levaduras. Logrado esto solo le falta animarlo.
La descripción de la noche en donde el engendro cobra vida es una pesadilla hecha a valses sonando juntos con sórdida cadencia. Una cacofonía de truenos y relámpagos inquieta al ático. En una casona sin techo Irene Tanguestein ata a la criatura —que es Androgina y de apariencia indescriptible— a cuatro vitrolas de cobre apuntando a la tormenta. Bajo una campana de sanguches con una calcomanía del cachafaz la piel multiforme del engendro espera inmóvil. Una sucesión de truenos baja por las vitrolas curvando el cuerpo en espasmos galvánicos. Pero nada sucede. La doctora Tanguestein golpea en vano el pecho y media hora mas tarde se da por vencida. Se encierra en su cuarto y pone uno tras otro los éxitos de D'arienzo. Suena El Huracan y Entonces oye unos pasos en la sala contigua. En la oscuridad la criatura baila pletórica de vida, con pasos olvidados, con un cuerpo que es a la vez todos los cuerpos, con un paso que no es ninguno, con los dos brazos en alto y sin abrazar, ansiedad y espera, líder y seguidora al mismo tiempo, sin ser nada.
La descripción de la noche en donde el engendro cobra vida es una pesadilla hecha a valses sonando juntos con sórdida cadencia. Una cacofonía de truenos y relámpagos inquieta al ático. En una casona sin techo Irene Tanguestein ata a la criatura —que es Androgina y de apariencia indescriptible— a cuatro vitrolas de cobre apuntando a la tormenta. Bajo una campana de sanguches con una calcomanía del cachafaz la piel multiforme del engendro espera inmóvil. Una sucesión de truenos baja por las vitrolas curvando el cuerpo en espasmos galvánicos. Pero nada sucede. La doctora Tanguestein golpea en vano el pecho y media hora mas tarde se da por vencida. Se encierra en su cuarto y pone uno tras otro los éxitos de D'arienzo. Suena El Huracan y Entonces oye unos pasos en la sala contigua. En la oscuridad la criatura baila pletórica de vida, con pasos olvidados, con un cuerpo que es a la vez todos los cuerpos, con un paso que no es ninguno, con los dos brazos en alto y sin abrazar, ansiedad y espera, líder y seguidora al mismo tiempo, sin ser nada.
Otra sucesión de relámpagos revela la horrenda cara de la criatura que padece ansiedad, con los ojos diferente inyectados en vino y melancolía. Los pies que quieren ser cuatro y solo son dos, aprisionados por un giro sin consuelo, implorando milonga. La criatura tiembla, su olor es a la vez repulsivo y casi sexual, su aliento cloaca y verso. Reprimiendo una nausea profunda Tanguenstein se encastra en su criatura, buscando la cadencia. Es en vano. El monstruo no puede abrazar. Quiere ser toda la pareja y su cerebro escindido enloquece. Impotente la doctora abraza y obliga a hacer unos pasos. Gira, gira y gira con el, sin encontrarse y sin reposo. Se desmaya, revive. Vuelve a desmayarse. El providencial cese de la música hace parar a la criatura. La mujer ve por fin lo que su afán ha creado. Con la mismas escobas ahuyenta a aquel ser increíble que domina todos los estilos sin entenderlos.
¡Canaro! grita con voz doliente el pobre monstruo que es a su vez recipiente del movimiento más excelso y el cuerpo mas horrendo. Huye sin entender el repudio de su madre, la única que puede darle algo de cariño. Mata a Trombo en su huida y se pierde en las sombras, caminando sin propósito con el andar cadencioso de años de desengaño concentrados en apenas media hora de existencia. Lo que sigue es un vagabundear errático de conocimiento en busca de milongas. Roba choripanes, empanadas y vasos de vino semi llenos para comer, se hace un traje amorfo y unos zapatos de taco francés y taco aguja al mismo tiempo. Lee a Platon, a Borges, a Carriego, a Patricia Highsmith y a la Pizarnik. Es inútil que hable, que intente comunicarse con sus congéneres. Tiene una bella voz y poemas a flor de labio, pero su figura y su hedor complejo hace correr a aquellos con los que se cruza. Desde los ventanales ve las rondas y sabe que jamáś podrá bailar allí, pues tiene todos los tangos posibles hechos furia en el pecho. Confecciona una mascara, —mäs bien una careta sostenida sobre sus orejas con cordeles— un sustituto de rostro que resume a Gardel y a Merello, se viste con un traje unisex, se calza los zapatos, se tira medio litro de colonia La Franco"y Givenchy. En la penumbra pasa por practicante de tango nuevo amante de tango maratones. Arcade Sin saber que hacer se cabecea y se acepta. Entonces aquel cuerpo sin paz va al centro de la pista y canaliza los movimientos. Con los dos brazos en alto, gira y gira sin satisfacción en un frenesí de paso y adorno.
El movimiento es perturbador y brioso. El A.D.N. de miles de cadencias olvidadas se canaliza en aquel ser único. En el entusiasmo los cordeles se aflojan y revelan la cara de rasgos y colores imposibles. La camisa/ vestido se rasga y muestra el pecho irisado de vellos y pezones diferentes. Parece un zombi escapado de una maquina Arcade. Los milongueros gritan, la ronda se detiene. Hasta la música huye de la sala. Los borrachos tiran vasos, las velas vuelan de las mesas. Ser huye.
Una turba enloquecida que se anima coreando Una carta inicia la persecución con los tacos franceses y aguja en alto. Al borde del colapso vuelve al hogar de su creadora para pedir explicaciones, a rogarle modificaciones para que una parte sea abrazo, a pedirle una escisión o una criatura complementaria.:
Tu me creaste, me hiciste con esta maravilla que no puedo expresar sin infundir terror, Todos los tangos del mundo y todas sus angustias viven en mi y de nada me sirve. Porque todos ven el mapa del tiempo y la repulsión en mi. No me abandones ahora, porque esto que hiede, que te repugna es mi alma que no puede tocar y nadie toca .
La doctora huye asqueada de sus remordimientos y emociones , de su necedad, de la locura. Ha jugado a diosa y no puede controlar su repugnancia y su asco, algo que a nuestro mismo creador, si es que existe, debe de sucederle a menudo. En el final del libro la criatura sube hasta la sima del K.2 y allí, mientras canta tangos tristes de Discepolo se hunde en el hielo perpetuo haciendo pasos imposibles que nadie verá jamás.
Tanguenstein. La fábula es tan poderosa que no necesito hacer más comentarios.
Si editorial El Croto fuera una editorial seria y no una payasada inventada, creo que este es el libro que les gustaría editar.
Tanguenstein. La fábula es tan poderosa que no necesito hacer más comentarios.
Si editorial El Croto fuera una editorial seria y no una payasada inventada, creo que este es el libro que les gustaría editar.

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