Ir al contenido principal

LOS HERMANOS COSO

Habían nacido en Salto de familia campestre con una diferencia de una hora. Se llamaban Titino y Benjamin y de muy chicos los ingresaron internos en un colegio religioso. Su verdadero apellido era Pelichochi pero la severa moral de los monjes preceptores, que veían en su apellido ocasion de ludibrio y concupiscencia hicieron que los anotaran como Coso.
De chicos tenían una empatia poco común. Si a uno le dolía la barriga el otro vomitaba. Si uno tenia ganas de bailar el otro movía los pies. Si a uno le daban Biaba con caldo el otro iba a quejarse a los monjes.
A la edad de quince años Benjamin agobiado por la severa disciplina quiso escaparse, pero fue Titino el que franqueó los muros de la institución y ganó la calle.
Fuera de los muros Titino tuvo un momento de indecisión, quiso volver a entrar permitiendo que por este proceder escapara Benjamin.
Con lo que quedó demostrado que a veces lo que sentía uno era radicalmente opuesto a lo que experimentaba el otro. Un fenómeno que ha documentado abundantemente el profesor A. Torranti en su libro "La reconstrucción del yo cuando es tu hermano".
Escapando de los monjes, que aprovechaban las escasas huidas de internos para ver mundo y aprehender malos hábitos (como emborracharse con Ferroquina y zamparse un matambre arrollado con hilo y todo) los hermanos Coso fueron a parar a un galpón polvoso en donde el Maestro Graciano Casiraghi reinterpretaba el tango bailando en alpargatas junto con sus discipulos.
Su estilo era una insólita mezcla de bolero y tarantela. Cuando Casiraghi bailaba siempre había alguno que se llevaba una bolea alta en medio de la nariz. Por eso había sido proscrito de todas las milongas. Recluido perfeccionaba su estilo bravucon con parejas aguerridas a las que había convencido mediante un abstruso libro: "el nuevo evangelio Milonguero" con el que pretendia tomar el vaticano por la fuerza hasta que el Papa reinante aprobara el Tango.
Esta demente forma de pensar, a medio camino entre el furor místico y el canyengue más radical encantó a Benjamin que se trasformó según sus propias palabras en el "Discipulo que más amaba" Casiraghi. Aprendió el tango y las suficientes destrezas marciales como para iniciar la guerra de guerrillas que Casiraghi pretendía.
Titino se sintió excluido del nuevo Evangelio Milonguero de inmediato. Se marchó una fría mañana de invierno. Su Hermano Benjamin presintió la despedida pero no hizo nada para disuadirlo. Titino Fue recogido por los primeros Hare Krishnas que llegaron a las costas rosarinas (el dato esta documentado en el libro del profesor Garcilazo " Corrientes migratorias marginales de nula repercusion"en el capitulo 12: Cuatro Hare Krisnhnas, dos budistas y un ladron australiano de Avestruces). Vendia compendios del Bhagavad gita en las esquinas.
En tanto la cruzada milonguera de Casiraghi se demoraba en escaramuzas. Se limitaban a arrebatar los dineros de la colecta de los fieles para viajar a Roma.
Pero eran tiempos dificiles y los fieles no aportaban mucho dinero.
Mientras los discípulos se entrenaban en patas para endurecer su cuerpo y soportar los rigores de los tacones más finos.
A la corta eso fue lo que terminó con las aspiraciones del maestro Casiraghi. Se clavó una tachuela oxidada en la planta correosa de su pie derecho y se ennegreció de Tétanos.
Sus seguidores se dispersaron por todos los continentes y fueron asimilados por estilos milongueros diferentes. ninguno llegó a Roma, aunque algunos vestigios del evangelio Casiraghiano pueden verse en algunas milongas de Finlandia y del sur de Italia.
Benjamin, incapaz de soportar la muerte del maestro consiguió un trabajo como repartidor de kerosen. Cada tanto iba a las milongas pero no bailaba . Se embrutecía de alcohol y milanesas hasta rodar por abajo de las mesas.
Con el tiempo Benjamin comenzó a bailar y por sus practicas corajudas más de uno volvió a casa con la jeta hinchada.
Esto hizo que los integrantes de la llamada "Pandilla Calcetin", Pugliesianos y bravucones pusieran precio a su cabeza.
Concretamente 50 pesos ley y una damajuana de tinto.
La navidad del 74 Pepon y Calimocho Rivadavia, integrantes de la pandilla Calcetin toparon con Titino Coso en la esquina de San Martin y Rioja. No llevaba Tunica naranja, la habia lavado y como no vendia sus libros no podia comprar una de repuesto.
Intentó venderles a los pandilleros el libro vestido con una camisa azul propiedad de un colectivero despistado.
Lo corrieron a las patadas hasta 9 de Julio.
Benjamín sintió agudos puntazos en las nalgas mientras se zampaba un familiar con pan de Torpedo y aceite bueno en la milonga.
Cuando cesaron los dolores supo que su hermano estaba muerto.
Esta crónica podría terminar con una barata analogía del Libro de Dumas.
Nada más lejos de lo que sucedió realmente. Benjamín no tuvo su venganza. Los asesinos fueron atropellados por un colectivo que bajaba a todo gas por Zeballos. El Conductor recupero asi su camisa.
Benjamin murió una semana más tarde de sobredosis de inyecciones.
Hoy nadie lo recuerda en la milonga.

Comentarios

Vicente Vance ha dicho que…
De verdad no hay vestigios del evangelio Casireghiano en Rosario?

Entradas populares de este blog

EL DOMINGO DE MARÍA

A esa hora ya no estabas, supongo.  No lo sabía. Ninguno lo sabía. Me puse la chaqueta azul eléctrico y fui al Flasmob en la Plaza Real, como en los dorados días del pasado. Como aquella vez en que algunos nos levantamos temprano para que nos filmaran actuando para el corto Tango for Money , encadenamos milonga tras milonga y terminamos como a las tres de la mañana comiendo pan tumaca en la milonga que Josep y Teresa hacían en El almacén de Domingo Rey. Bueno. Más o menos así.  Antes, en Barcelona, cuando llegaban los primeros calores, era una especie de tradición que hubiera milonga en la plaza, un sábado o un domingo a la tarde. Nos fatigábamos las canillas en las piedras. Y la gente miraba y miraba. Como ahora, con la gente espectante. Esperando para recuperar el espíritu de la vieja Milonga del Pipa , que después estuvo en Ramblas y de la que fui parte, en el Centro Gallego. Toda la semana había sido de alto vuelo. Un despliegue que empezó el lunes con la esperadísima vu...

UNA NOCHE DE MILONGA, SIN BAILE.

Después de un fin de semana de calor, tocaban en domingo dos clases con Sebastián de la Vallina, gran maestro y bailarín de Rosario, radicado en Roma desde hace diez años y nuestra Amaia Zugadi, profesora titular del Desbande : Espirales y El estilo , clases potentes donde los dos se lucieron y Sebastián además de desgranar su saber técnico, fruto de sus muchos años en la milonga de Rosario y Buenos Aires dio una impresionante muestra de su saber sobre la historia del tango bailado, desde sus comienzos hasta el tango nuevo y deslizó además algunas perlas sobre la situación actual de la milonga y cosas que hacen al estílo personal, algo que el tango de hoy parece haber perdido en pos de una precisión que abunda en técnica y deja de lado aquella impronta tan personal que los milongueros de antes nunca dejaron de lado. Si se los perdieron y los ven nuevamente anunciados, no lo duden. Disfrutaran de mucho más que pasos. Comprenderan que origina cada movimiento que bailamos. Al terminar la...

UN TAXI MILONGUERO PARA FIN DE AÑO

La puerta de Todo para el milonguero se abrió exactamente a las ocho y veinticinco de último miercoles invernal del año y me sacó del móvil, de la historia de odio y romance de Carmelite, el artista de moda, que en una exhibición unipersonal llamada Abrazándome se ganchó a sí propio y terminó corrido a zapatazos —la gente siempre utiliza lo que tiene más a mano— por la milongueridad de Cartón Junao . Medio minuto de reel y papelón en sentido contrario a la ronda hasta que el video se corta. 1.689.987 visualizaciones en dos horas y 6.578 comentarios fracturados entre una «obra maestra», un paso más allá en la historia del tango bailado, y haters  que prometen para futuras performances enriquecer la experience con harina, tomate y huevos. Proponen titulos como: Pisstango o Tangbodrio. Lejos quedaron los tiempos de Pocho Pizarro y su acto con las escobas. Lejos… Pasaron dos minutos largos. Supuse que quien había entrado estaba fascinado en la contemplación de los selectos ar...