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NO TIME TO LOSE- Por Cátulo Bernal

 La tarde se niega a ser vencida. En la estropeada vereda del bar Roñoso, cerca de un cantero donde vegetan hasta tres vasos de un after anterior, Pitón Pipeta quiere saber como fue el cumpleaños del Pibe Pergamino, milonguero de frondosos adornos y recursos adquiridos en una juventud de Break dances y Jacksons Fives. Diógenes Pelandrún, que estudia la posibilidad de sacar un libro con sus lapidarias sentencias filosóficas, le contesta:

—Tengo la impresión de que todavía no hemos terminado. Que estamos sumergidos todos en alegría hasta que a este cabeza fresca de Pergamino se le ocurra descansar. Parecen días de festejo fotocopiados desde el viernes. No sé si es la edad o qué Pero desde el viernes nos arrastra de festejo en festejo. Como aquel clásico skech de los Monty Python: No time Tolouse.

—¿No  Time Tolouse? —Pitón se le queda mirando sin saber si lo que dice es a causa del vermut o una reberveración tardía del sol en la cabeza..

— Los Monty jugaban mucho con el equivoco verbal. No time To Lose. No hay tiempo que perder. A Pergamino se le ocurrió el loco berretín de pasar todo el cumpleaños en vela, cosa que suele ser graciosa cuando uno tiene veinte años, pero a nuestra edad, definitivamente no. Oficialmente el cumpleaños era el sábado, así que el viernes, a medianoche, lo hicieron bailar el vals en El desbande. Luego, y a sabiendas de los nocivos efectos para su hígado, quiso que lo acompañaramos a comer esos churros a los que le meten salchichas, mostaza, ketchup y papas fritas cerca de Casa Valencia. De haber tenido mayor previsión —hablo de los años de juventud, por supuesto— habríamos llevado a la playa donde vimos el amanecer, un par de cavas del país, en vez de las seis tristes cervezas 00 con las que nos solazamos en compañia de unas muchachas que convenció para acompañarnos, o mejor dicho acompañarlo. Pero se sabe, la migraña le impide cualquier contacto con el alcohol.

—¿Como llegaron a la playa? 

—En bicicleta. Bajamos cantando esos tangos de la guardia vieja que tanto le gustan: Pero yo sé, Ventanita de Arrabal, Atenti Pebeta y alguno de Melingo

.—¿Y las muchachas eran de la milonga?

—No. Las muchachas que vinieron con nosotros eran unas extranjeras que estaban esperando para entrar en ese boliche que está un poco más abajo de Casa Valencia.  Habrán pensado que venian a un tour. Asi como vinieron se fueron. A las siete, cuando los primeros rayos de sol y los bostezos se hicieron presentes, Pergamino dijo: «bueno, nos vemos mañana en La fuente»  y se fue a dormir un rato.

—Entonces,¿El sábado fue a la milonga al aire libre, él que siempre fue un purista de los suelos y reniega de los sitios a la gorra?...Quien hubiera dicho.

—Con el calor, va donde vayan las muchachas. Después quería que lo acompañáramos a la milonga con vinilos, pero yo quise pasar por un bar donde con la consumición se puede jugar a las maquinitas Arcade gratis. Hay futbolin y billar, también. Buscaba una determinada compañia con la que trabé amistad mientras disparaba a unos zombis, Pero luego de dos horas de espera, ese encuentro creo que no sucedió.

—Cátulo, ultimamente encuentro tus historias un poco crípticas. Ese «creo» es confuso.

—Con el creo quiero decir que no sé si esa muchacha fue. Por ahi estaba. Pero no sucedió como yo quise. Me puse a matar zombis y me aburri. Ella, si es que era ella, estaba en otras cuestiones.

 —Hay también un lapso del viernes que no me queda claro. El desbande termina como mucho a las dos menos cuarto y desde esa hora, con la consumisión de los churros asesinos saltamos al amanecer.

—Si. Es que nosotros bebimos lo que Pergamino no podía. Tengo cierta percepción de haber estado en un bar donde había un guitarrista y cantamos El desvelau, pero no recuerdo algunas cosas. Hay claroscuros y episodios personales que se han llevado las olas.

— Seguro ¿Y vos Diögenes?

— Yo no soy el cronista oficial del blog. Recuerdo que pasó algo en el que hubo implicada gente que bailaba Bee Gees, un confuso episodio con una murga y algunas disquisiciones filosoficas sobre la percepción y el engaño. El sábado es solo una relación de sucesos que nos contó Pibe Pergamino al otro día. Ninguno de los dos estaba. Yo tuve que hacerme cargo de la pizzería porque faltó uno de los muchachos.

—Sabemos  por lo que publicó en redes y los comentarios posteriores, que Pergamino estuvo en la milonga de los vinilos,  con Javier, el organizador de La Artesanal y La real, otro de Tauro —para no decir taurino que queda mal—  compartiendo mesa con una pléyade de muchachas bellas. Bailó toda la noche, como es su costumbre, ganó en el sorteo un cava que degustó a sorbos para demérito de su cabeza y luego se le ocurrió ir a buscar a un guitarrista para dar una serenata o hacer una milonga improvisada en la casa de alguien. De sus procederes posteriores no hay constancia.

—Apuraría los últimos cartuchos de la jornada.

—Estaba invitado a la milonga del mediodía el domingo, en La Artesanal, con Javier, que festejaba también su cumpleaños. No time to lose. Con su alma rocanrolera, gafas tintadas para disimular las ojeras y en aparente buen estado de animo aunque se le veia una cierta pereza a la hora de bailar, a pesar de la excelente música de Barbara Palmer. Supongo que andaría de resaca o se estaba ahorrando para Por ese palpitar a la noche.

—¿También fue a la noche?

— Por supuesto. Y bailó la obligatoria tanda de vals de cumpleaños, además de un furioso rocanrol. El hombre no puede escapar de sus orígenes bolicheros. Cuentan que cuando joven, pintaba con fibrones sus camisetas y se iba a bailar. Pero está bien. Supone que es urgente. Necesario. Que antes que su vitalidad se disipe necesita imprimar sus recuerdos, dejar constancia personal y abrir senda para milongueridad futura.

—Entonces, todo ha sido como en la novela de Bioy, El sueño de los héroes, con personajes más amables y episodios confusos de escaso valor para el público en general. ¿Para qué?

—¿Para qué, qué?

—¿Para qué la vas a escribir? La idas y venidas de un tipo en su cumpleaños...¿para que?

—A veces veo fotos de gente que se fue joven. Están sonriendo. Se preparan en un presente, para un futuro en el que nosotros sabemos que no estaran. Pergamino estuvo un año casi sin milongas.  Es lógico que ahora se pase en los festejos. Por ahi este escrito también es eso, un incentivo para quienes se hunden cada vez más en el olvido, en la distancia. Sin ninguna aparente traba física, se van alejando de aquellos lugares que los hacían felices, en los que se sentían vitales. Y no hablo solo de la milonga. 
¿Por qué hacemos lo que hacemos? Quizá porque aún podemos y porque sería una pena no hacerlo si uno es conciente de tantos que no pueden. 

 Festeja como puedas y lo que puedas, ahora que puedes. Porque nunca se sabe.

—Aunque eso de los churros...

—Entre otras otras cosas.

Calla bandoneón...

Foto de Jordi Perez.




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