Ir al contenido principal

LAS IMPASIBLES VOCES DEL PASADO INSTANTÁNEO

Milonga del  Oriental. 23.43. la noche se cierra en una espiral de sospechosas sombras. La impericia de la cocina —que tarda en entregarnos una picada de milanesa en condiciones—  y la deriva de la música nos permiten silencios, hiatos, esperas, tedios resueltos en la crítica de un manuscrito que el autor me ha hecho llegar para que lo corrija.

 Es tan fantástico que nos divertimos con Diógenes Pelandrún en la recreación y la lectura. Leo:

«En la definitiva noche que bailará el después Sono Cloriparo alisa su barriga y cabecea a una mujer que no conoce. La pista se revuelve como un gato barcino que hubiera o hubiese encontrado un pañuelo impregnado en cúrcuma. La estampa es común en el nocturnal ámbito de nuestras milongas.  Solo que Sono alisa de verdad su barriga con un gesto de su mano robótica y al cabecear parte de su cabello se retrae en un imposible corte que a la vez libera microscópicas esporas que contienen el preciado codigo genetico de su..casi extinta raza .»

 —La puntuación la he respetado. Es así de horrenda.

—Tremendo. Este cruce entre ciencia ficción y tango milonguero me mata. Sin duda, este muchacho tiene un futuro asegurado como autor de guiones para películas bizarras¿Como se llama?

— Es Erico Drim, un principiante demasiado avanzado para ser una joven promesa que, al decir de Borges, se desempeña con fluidez e ignorancia en los dos incomunicados universos.

—Bueno. Vos probaste mezclarlos hace un tiempo en esa saga perdida, Milongueros del espacio, este muchacho no hace más que seguir tus pasos ¿Como se llama su libro? Y no lo digas como si hablara el protagonista de Bomboncito, a ver si me cae mal el vino, sin nada sólido que lo acompañe.

Milongueros alienigenas casposos che invasor. Cuando le sugerí que cambiará el título por algo más coloquial no me esperaba esto. Pero la alternativa era peor. Y la analogía con la epopeya de Gilgamesh evidente. Cuando se lo recalqué por mensajes me contestó, «Claro, soy un fanático de la obra de Robin Wood y de todo lo que hizo para la historieta», aunque yo estaba pensando en el poema sumerio, que tiene la misma densidad que esta abominación. El atolondrado Drim queria titular a este engendro Cambises, el de Rigel. 

Bueno, por lo menos es original. No se le puede imputar ninguna ayuda de IA.

—Quizá la tiene programada en un dialecto extraño.

En las pantallas panorámicas del poste central pasan para beneplácito de algunos frikis New York Ninja. Algunos principiantes han desistido de interpretar las orquestas que suenan y se solazan en esta joya del absurdo programada por los muchachos murgueros de Pococho, el ramdom o el destino. 

—¿No será que nos estamos equivocando y que el libro en vez de ser un vertedero de Ciencia Ficción tanguera es una obra humorística?

—Na, lo escribe en serio. Y no mejora. En capítulos posteriores da a a entender que la verdadera fuerza alienígena invasora es la caspa, en un  dudoso homenaje a los invisibles dioses internos de Gerald Klein y... ¡epa! ¿otra vez?

La música acaba de saltar como si la grabación no estuviera contenida en un ordenador, sino en la pua de una bandeja de vinilos. La musicalizadora no se ve por ningun lado. En lo que llevamos de noche ha habido pequeños desbordes y cortes. Incluso una tanda doble que saltó de un Donato a la Romántica milonguera, sin pausa.  Por eso están tan inquietos los principiantes. No saben a que atenerse. Pero a mi me gusta. He estado jugando con la música toda la noche. A pesar de estos raros deslices de irrealidad.

— Estos días tengo sensaciones extrañas. Saqué un libro de la biblioteca, de un tal ...no recuerdo bien el nombre del escritor. Uno de esos autores estadounidenses consolidados que sus pares alaban como voces de referencia en el mundo de los relatos. Leí los primero cuentos, en los que el final casi no importa y en los que hay dos o tres personajes que hacen cosas parecidas a personajes de otros cuentos. Donde pasan cosas, pero no demasiadas y priman las sensaciones, que están como pinceladas en la página. 

Diógenes mira sin muchas esperanzas a la cocina. Prosigo.

—Tengo la incómoda sensacion que ya he leído ese relato, esos relatos. Al punto que llegué a dudar de mi memoria y me fuí al historial de búsquedas de la biblioteca para ver si no lo había sacado. Y busco.. Y no. No lo saqué antes. Aunque las palabras son distintas y nunca he sido de ese tipo de tarambanas que dice eso de: «Yo en la segunda página sabía quien la mató» o «es previsible» porque en definitiva no nos importa quien la mató, como explica Chandler cuando le preguntaron por uno de sus muertos en uno de los libros de la saga de Marlowe. Pero no. No hay Mac Guffin, ni dialogos sabrosos a lo George V. Higgins. Me quedé sin la borra, ni el poso. Sin la frase memorable. 

Por el amor de Dios, Montresor. Estás hecho un viejo choto. Como sigas así vas a ser un influencer de la decrepitud.

—¿Que se ha hecho de esas gentes que escribían como Bradbury, O´Connor, Poe mismo? ¿Esos gloriosos relatos que te acompañan toda la vida y que te hacen llorar de vez en cuando?... El tipo que encuentra a Picasso dibujando en la playa. Tantos... Zoey que le habla a Franny de la señora gorda, Recabarren, que no sabe pelear, pero aún así sale a la llanura con su cuchillo imaginario... el  nadador de Cheever. 

—Los debe haber despenado el Desequilibrado. Por cierto, que absurda esa moda de ahora de escribir «Lo desvivió» cuando se refieren a alguien que mató a otro. Es tan detestable como el que escribe lo de la vuelta al sol por lo del cumpleaños...Mi mente piensa automaticamente en que el  sujeto se cae en el Astro rey.

—¡Nos hemos vuelto tan  eufemistícos! Temo el alcance de la herramientas como la IA. Y  a veces pienso en Douglas Adams, cuando equiparaba a la tierra con un super ordenador orgánico cuya única función era encontrar la pregunta fundamental sobre la vida, el universo y todo lo demás. No es nueva la idea. Pero la reescritura del pasado no me causa gracia. Esas épicas historias de las redes, que van a ser el germen de la cultura del futuro y nunca sucedieron. Anécdotas llenas de moralinas que se atribuyen a tal o cual héroe. Falsos pretéritos...las impasibles voces del pasado instantáneo, que se pueden modificar en segundos.

— La especie humana ha demostrado a lo largo de la historia la magnífica capacidad que tiene para enzalzar la estupidez y la egolatría.  Todos los gandules están muy felices y contentos con la inteligencia artificial porque permite escribir bonito sin mucho esfuerzo, pero no sabemos si no hay mentes retorcidas que la utilizan de otra forma. Quiero decir, hay muchos que pueden inducir a la IA  a escribir de la peor forma posible, solo para que el texto resultante sea la réplica literaria de un bodrio como este que están pasando ahora por las pantallas. Algo tan malo y desproporcionado que se considera una obra maestra del humor. Y en esa misma tesitura, quien sabe si el propósito mismo de todo aquello que consideramos elevado, la factura de la creación, no tiene otra finalidad que hacer reir a alguien. 

—Ah, sí. Aquello que se atribuye a Voltaire: Dios es un comediante que actua para una audiencia demasiado asustada para reir.

—Hay que ver lo que se inventan las gentes de fe  para no ir a misa. Se empieza por eso y se termina por llenar las paredes de casa con cuadritos y pensamientos de Escoto Erígena, Kierkegaard, Wittgestein...Pelandrún. Vaya pac de ratas, como diría la divina Lauren Bacall. Esa sí era diosa. No me impugnen, soy antiguo.

 Confundidos con las tandas y la música algunas parejas repiten. Me recuerda una noche de maratón, con orquestas infrecuentes. Los asistentes pensaron que la música, al ser tan diferente de las mismas, habituales voces y orquestas de siempre, les daba una especie de licencia para vulnerar los naturales códigos. 

—No es por nada, pero la morenita aquella ya lleva tres tandas seguidas con el sombrerudo.  Y hay otras parejas que hacen lo mismo. Y no son principiantes.

—Puff. La otra vez, en la maratón aquella estuve hablando con una muchacha que nunca había visto.  Tenia una falda clara, como con espejos. No solo nos cortaron la conversación con cabeceos de cercanía, sino que cuando quise bailar con ella, dos de esos espóntaneos sin códigos la acapararon tres tandas seguidas cada uno y me hicieron perder un abrazo meditado y las adecuadas situaciones emocionales. Cuando fui a sacarla ya estábamos en otra cosa, sucedáneos ritmicos de implicación festiva. Valses criollos, tandas tontas... Bailé, sí. Y luego la noche fue hacia otro lado. Y ella desapareció. La busqué un par de semanas, incluso me pareció verla en una milonga. Pero no estaba seguro. Era...era aquella noche. Y todos esos bobos entusiastas sin codigos... Puedo entenderlo en principiantes. Pero... da igual. Hemos perdido el primer reflujo, como dice el director cuando Marlow termina de narrar su espeluznante viaje al corazón de las tinieblas.

—¿Como era aquello que decia el otro Marlowe, el de Chandler sobre la ocasion, la oportunidad y la compañia?

—Mi memoria no da para tanto. aunque es de El largo Adios. Vamos a aprovecharnos de la tecnología.

 Lo busco en la tablet. Luego de un minuto aparece:



Para que un encuentro con una mujer sea perfecto, se necesita la ocasión, la compañía y la oportunidad. El problema es que, cuando tienes la ocasión y la compañia, suele faltar la oportunidad. Y cuando surge la oportunidad, la compañía ya no es la misma.

Diógenes se me queda mirando y luego de un largo minuto dice:

— Esas cosas no le van a pasar al amigo Sono. ¿Vos que opinás? ¿ Es una especie de marciano milonguero casposo? ¿O es un tanguero androide?

—No se, pero un coso que puede deshacer su barriga milonguera a voluntad, es... altamente sospechoso.


REFERENCIAS Y CUENTOS CITADOS:

Poema de Gilgamesh. Anónimo. Saga de Gilgamesh el inmortal. Robin Wood, Lucho Olivera.  Civilización 2190 de La ley del talión - Gerald Klein . The long Goodbye - Raymond Chandler. Los amigos de Eddie Coyle - George V. Higgins. El tonel de amontillado - Edgar Allan Poe.  En una estación de buen tiempo, de Remedio para melancólicos - Ray Bradbury. Franny and Zoey -  Jerome Salinger - Un hombre bueno es dificil de encontrar - Flannery O´Connor. -  El sur de Ficciones - Jorge Luis Borges. El nadador - Jonh Cheever . La vida, el universo y todo lo demás - Douglas Adams. - El corazón de las tinieblas - Joseph Conrad.



Comentarios