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INCONTINENCIA MILONGAL por Gongoro Rasquete

No es el nombre de una enfermedad que aqueja a los jóvenes milongueros que adentrandose en el tercer año de baile se entusiasman al punto de querer bailar todas las noches en todas las milongas - incluyendo la tarde de los lunes, dedicada tradicionalmente a practicas o visitas - degastando zapatos y durezas por igual.
Los veteranos del "·Oriental" que estaban allí cuando todo empezó y experimentaron la mutación de los sucesivos hules cubre mesas,  la deriva de D`arienzo a Pugliese a De Canaro a Firpo y de Dágostino a Greco - Pero no Piazzola, nunca Piazzola porque la pibada se entusiasma y le da por corcovear en la ronda y a los viejos no le gusta (juna gran que algún Ditey se anime alguna vez con Piazzola y se deje de verduleras fastidiosas, pido desde este humilde espacio encarecidamente) y se van sin bailar-  aquellos ilustres contendientes del reúma que
en silencio se baten a duelo cada noche con la muerte en tres frentes claramente diferenciados: milonga, picadas aceitosas y vino peleón, suelen hablar como en susurros de un milonguero que vestía de ese gris torturado que en noches de verano se llena de sudor y que no abandonaba la chaqueta ni aunque marcara el mercurio los 40 grados. Se llamaba Milo Engal y algún gracioso del chiste evidente le había adosado el apodo de "Incontinencia" porque su actividad equidistaba entre la ronda y el baño. Solía venir asombrerado pero un curioso rictus de su pierna derecha que le permitia hacer dos traspiés en el traspié inicial le movia el aditamento capilar y casi siempre terminaba el funyi bajo los tacos de la concurrencia, picoteado por las sacadas y a veces engalanado por la donaciones espontáneas del panorama curdelar. Se lo vio muy seguido en todas las milongas comprendidas entre el 98 y el 2006, año en que el profeta Valdoro Chinculegui vaticino el apocalipsis Pugliesiano bajo una avalancha de verduleras mal grabadas con estridentes melodías y letras de mediano interés etnológico. Se lo estudio con descaro y sin desdoro en la fiesta de las mandíbulas goteantes y el gorgorismo borgoñal que suele hacer su aparición como a las tres y deja en migajas la buena voluntad del comedido que con hambre o languidez sugiere a sus ocasionales contertulios una donación mínima para sufragar entre todos la picada de milanesa. Se le olvido con prisas cuando arribo a las milongas esa extraña mutación de hare krishnas milongueros de coloridos bombachos azafranados y precursores de la verdulera sacramental.
Paso a formar parte del paisaje, como un objeto que derivara en lontananza de la ronda, una nube de tormenta pintada en dos trazos para rellenar por un artista que aquejado por la entrega fuera a entregar su encargo al día siguiente y aun con generosas porciones de blanco en el lienzo, producto de las noches de bohemia y de su propia irresponsabilidad, trazara aquel ardid para salir del paso plenamente consciente de su desfachatez.
Cuantas de esas personas que vemos bailando no son sino esos dos trazos apresuradamente concebidos por el artista celestial para dejar todo acabado antes del domingo de la creación, día divino que en términos humanos viene a representar según los doctos mil de nuestros años?, cuantas parejas son solo un artificio, un truco pergueñado para llenar espacio sin delicadeza ante las exigencias de un otro poderoso que paga y al que hay que contentar solo con oficio, sin voluntad y sin genio?. Cuantos de nosotros aspiramos a Borges y en nuestra ignorancia llegamos solamente a ciegos balbucientes?. No se les ha ocurrido a aquellos que achacan toda la maldad del mundo a la divinidad, descargando así  la desidia de sus semejantes en los hombros de Dios que acaso el creador se fue de vacaciones quince días - que en términos humanos vienen a ser mas o menos 15.000 de nuestros años - y cuando vuelva querrá sin duda hacer algunas reformas?
Una noche, una de esas noches sofocantes de fines de verano en los que no sopla ni una sola gota de aire y las pibas se abanican exageradamente con anuncios de futuras milongas,  cursos, clases o festivales y los hombres dejan atrás la elegancia para usar camisas amplias que se escapan por todos los rincones del pantalón , se vio progresar por la pista a Milo "incontinencia" ataviado con su traje gris sufrido y un sombrero nuevo de paño.
Por un momento pareció que aquellos dos trazos se hubieran llenado de pinceladas mas complejas, aportando un nuevo factor de interés al hombre y su leyenda.
Bailó todas las tandas, incluso una inoportuna tanda con Nini Marshal. Promediando la noche se lo vio acercarse con sigilo  a la parrilla y pedir alguna cosa indeterminada.
Luego volvió a bailar en tanda de Firpo y en la segunda milonga - El lloron - se vió como la chaqueta gris se oscurecía mas aun.
Después se cayó sobre su compañera y luego quedó tendido en la pista.
Hombre puntilloso al extremo del pundonor y obligado por antiguas normas tacitas a no quitarse la chaqueta nunca, concibió la mala idea de refrescarse poniéndose una bolsa de hielo entre la cabeza y el sombrero.
El ulular de la ambulancia que se lo llevo para siempre enriqueció el sonido de la verdulera y se fue diluyendo como una pastilla de caldo en la sopa de la noche.
Se habló de su muerte durante una semana y luego lo olvidaron con la novedad de la "Compañia de baile de los monos del Congo"

Comentarios

rg ha dicho que…
Juan!! Acabo de descubrir tu blog! Estoy atónito de lo recondenadamente bien que escribes!

Ricard

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