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"CHARRITO JORGE" DEL CLUB DEL CLAN A LA NADA

En los años sesenta el furor por la música del tango y su baile han dado paso a un desencanto hijo de la falta de ambiciones de una juventud abúlica y aulladora que tiene el mal gusto de escuchar al Club del Clan y ponerse camisas holgueras y floreadas.
La vieja guardia milonguera, apabullada por los elementos foráneos y solo representada en el "Club" por Raul Cobian, alias Tanguito - no confundir con Tanguito, el creador de la balsa y reverenciadisima figura del rock argentino de los primeros años - se recluye en la seguridad de un statu Quo que ya comienza a despedir un intenso aroma a naftalina.
El tango revolucionario se ha vuelto viejo ante esa oleada juvenil e incontenible que babea con Chico y largo Novarro, Palito Ortega, Lalo Fransen, Fernando Borges y Jose Obdulio Ostolasa.
Si, lo han leido bien: Largo Novarro, Fernando Borges y Jose obdulio Ostolasa.
A los dos primeros los recordaran los memoriosos y sino pueden buscarlos en Internet.
Pero, quien era Jose Obdulio Ostolasa?.
Era el hijo menor de un matrimonio de estancieros adinerados que vivía en un pisito céntrico cercano a la facultad donde cursaba sus estudios de botánica y que se volvió loco de tanto leer historietas de Batman.
Aunque sus padres vivían en el campo Jose obdulio estaba convencido que los había matado un ladrón armado con una guasca en un callejon solitario.
Así que comenzó su carrera como justiciero forjandose una falsa identidad; "Charrito Jorge", un mediocre cantante del club del clan que despidieron a la segunda entrega.
Charrito Jorge comenzó su andadura por bares y cabarets de baja categoría para ganar los dineros que le posibilitaran la compra de un coche y un disfraz con el que perseguir al asesino de sus padres.
En su delirio negaba la existencia de sus progenitores, que una vez al mes depositaban en su cuenta lo indispensable para vivir. Ostolasa creía que el dinero lo hacia el a fuerza de cantar.
No hay constancia de ningún hecho delictivo que haya impedido, mayormente porque los horarios del trabajo y su ocupación como justiciero coincidían en horas nocturnas.
Ademas llegaba muy cansado y directamente a la cama luego de una jornada noctambula llena de alaridos y berreos.
Asi progresivamente Ostolasa fue abandonando la idea original de vengador enmascarado para sumergirse de lleno en una rutina gris que bebía directamente en las fuentes del tango, recluido en los mismos circuitos que el frecuentaba.
Y de la noche a la mañana paso de cantar baladas bobaliconas como " pielcita de escobillon", "dame mi media empanada" o Que balurdo el escabiurdo que se chube al bobo zurdo" a interpretar tangos bobalicones del estilo de: "Milonga del uritorco", "Cafe y chancletas" o "media de arpillera".
Previsiblemente terminó sus días en un loquero luego de asfixiarse por una mascara a la que habia olvidado hacer agujeros.
Si esta crónica recoge su vida es única y exclusivamente porque en la ansiedad por asistir al museo de las glorias milongueras no me salio nada mejor.

Comentarios

Mariana ha dicho que…
Qué buenos - buenisimos son tus finales ridículos y tristes. Calculo que ya de por sí es bueno un final que por fin termine con el la ridiculez.
Estaría para hacer una galería con tus finales tristes. Enmarcaditos en las paredes del Museo de la Milonga los veo.

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