domingo, 22 de octubre de 2017

Aventuras en Viena - Por Catulo Bernal

"Por una amiga común de nombre Griego he conocido su nombre y su labor como poeta. Si puede estar en Viena este Martes 17 de Octubre a las 22.50 horas para honrarnos con su presencia y algunas palabras al pie de las escaleras de Strudlhofgasse 8, Distrito 9 Alsergrund, le estaré agradecido y me brindaría un servicio y un favor que considero incalculable. Como sé que es un hombre ocupado puedo ofrecerle una habitación doble en el hotel adyacente, billete de ida y vuelta a partir del lunes 16 a la mañana y  algún emolumento, además de propiciar un encuentro con su amiga, que forma parte de la ceremonia. Contando ya con su generosidad me permito despedirme hasta el martes de la semana que viene, aquí, en mi querida Austria" decía el mensaje que me llego a la tablet, de parte de un tal Ludwito Feredie.
  El corazón me subió a las venas de la frente, bajo al eje y me restituyo a la mesa del desayuno sobre el café volcado. Viena. La ciudad de "El Tercer Hombre", de los palacios, el Danubio azul  y "Antes del Amanecer". El destino me ponía a mano una forma de resarcir mis desencuentros y Chambonadas con  Helena, la profesora tanguera de los vestidos madreselva, que estaría allí. Acepte en dos segundos la invitacion confirmándola por mensaje y enviando el mail con mis datos, para el check-In. Llame a Dorita Cesir, que se hace cargo de mis talleres literarios para la tercera edad cuando me tengo que ausentar y por las dudas pregunte al Pibe Pergamino si estaba en sus planes milonguear en Viena, visitando de paso  al amigazo Jorge Talquenca, migrado de Barcelona y con una practica los lunes por la noche. Resulto que le interesaba la propuesta y que en media hora teníamos los dos pasaje en el mismo vuelo, indicaciones precisas de Jorge y una guitarreada montada para la noche del lunes en su practica. El  Pibe compartiria  alojamiento conmigo el lunes y al otro dia iria  con Jorge. Si iba a encontrarme con Helena, mejor tener la habitación para mi solo. Mande a la tintorería el traje Paul Verlaine de eventos copetudos y vacié mi "Fondo para contingencias emocionales perdurables" con la esperanza de alguna retribución del Blog. La espera hasta el lunes se me hizo interminable. Helena. Helena.
Llegamos a las 10 de la mañana entre alpes y Niebla, aunque en superficie el día era luminoso. Siguiendo el mapa  virtual del amigazo Jorge  tomamos un tren desde Flughaven Wien hasta Wien Mitte y  combinamos con dos lineas de metro, sin pasar la tarjeta por los marcadores,  solitarias estructuras de caño que los naturales ignoraban. Algunos metros eran digitales y otros se abrían como las viejas heladeras Siam.  Llegados a Schottentor, el extremo de la vieja muralla  y el borde del denominado Ringstrasse -  el famoso anillo circular en donde están emplazados los monumentos mas importantes de la ciudad - debíamos continuar en  tranvía hasta el hotel. Pero preferimos  deambular  y comer por ahí. A nuestra espalda  la iglesia votiva en un parque donde los vieneses comían bollos al
sol. Delante unas callejuelas que se metían directamente en adoquinados del estilo "El tercer Hombre" con empedrado y casas de cuatro pisos,  ventanas cuadradas y columnas.  En una esquina  un grupo de obreros comía orondamente en la terraza de un restaurant de toldos verdes llamado Zum Leopold, lo que siempre es buena señal. Pedimos mesa en un chapurreado ingles y dos camareros de la vieja y ceremoniosa escuela nos llevaron a la zona no fumadores  luego de pasar delante de  una colorada parecida a Montserrat Caballe que fumaba mientras bebía Riesling. Lo mas accesible en cuanto a precio era un plato llamado  wiener Schnizzel,  que pedimos con cerveza. Resulto que era  una fina milanesa con rebozado muy cuidado,  anterior al Imperio Austro-hungaro. Un botín de guerra culinario y plato nacional, antes que nuestra joven plataforma de grasas nacionales. La argentinidad esta llena de inventos viejos.
Ya saciados emprendimos el camino hacia el hotel  en una calle casi peatonal del distrito nueve,   un palacete reformado  al costado de una escalinata con una fuente de dos pisos con un pez y un júpiter  junto a una placa en que se leían versos de  Heimito von Doderer al que el pibe Pergamino en su ignorancia le atribuyo el protagonismo de algunos chistes picantes. La habitación estaba en la ultima planta, con unas minúsculas cortinas que no tapaban la claridad ni el sol. Supe que iba a ser difícil dormir. Y mi estado mental no me lo permitia tampoco.  Jorge hacia clases y practica en un lugar  Llamado Espacio Montevideo, cerca de la Volksoper, la famosa Opera de Viena, a partir de las 20.30
junto  a su compañera Rita Caldas. Teníamos tiempo para recorrer el barrio y las inmediaciones  por 
calles llenas de mini palacetes con muchos adornos en las ventanas dejando atrás el café Français hasta llegar al ringstrasse. A ambos lados se abrían parques con arboledas de muchas tonalidades rodeando una cantidad notable de palacios, palacetes e inmensas estructuras plenas de estatuas y detalles. Muy  cuidadas, impresionantes.  Mi abuela diria que era mucho trabajo para limpiar, entre otras cosas. Vimos  el ayuntamiento  con sus torres puntiagudas, sus arcadas dobles  y sus balcones adornados con flores rojas, la sede del parlament Austriaco - una especie de partenon con figuras
Griegas y una Palas Athenea dominando la explanada con una lanza - los museos de Historia del Arte y de Historia Natural en un parquizado con ligustros verdes cuya forma me hizo recordar a  timbales de arroz basmati bañados con crema de espinacas, El Burgstheater,  teatro de la corte.  Nada de gritos, nada de papeles ni desperdicios colgando de las basuras. La policia austriaca es imponente en altura como los palacios y las edificaciones. Inmensos y rocosos monumentos disuasorios a cualquier desorden. Como no teníamos ningún apuro fuimos caminando y disfrutando, viendo como otros turistas se apuraban para ver la mayor cantidad de cosas, sin mirarlas. A uno le pusieron una multa por no esperar el verde para cruzar. En uno de los arboles del Museo de historia, una lata de cerveza abandonada relucía rebeldía desafiando la autoridad.  Ah, los turistas.

La tarde bajaba igual que la temperatura. Aunque Jorge nos dijo que en la practica habría comida casera el estomago nos dicto un nuevo parate. Nos metimos en el primer restaurant que vimos, donde con la misma ceremonia nos trajeron fritatensuppe(un consome con tiras de creppe dentro) schnitzel de higado y una ensalada de papas avinagradas. Delicado. Hecho todo con mucho amor.  Un par de perritos deambulaban entre las mesas de la antigua sala sin que los bonachones clientes se preocuparan.
Subiendo por las escalinatas de Heimito nos fuimos por una calle peatonal llena de mansiones con catálogos de ikea colgados en la puerta - el negocio no descansa -  hasta llegar a Währinger Strasse
dejando atras el café Weimar  en direccion al Volksopper y a la practica.
La Calle se cortaba antes del numero que nos habian dado justo despues de la Volksoper - que entre tanto edificio modernista o barroco era una anodina estructura circular color crema  y rojo -  antes de llegar a un confín marcado   por un imponente puente ferroviario con tres arcos por donde bajaban coches y tranvías.  Fuimos arriba y abajo con el mapa del móvil sin encontrar el sitio  hasta que nos dimos cuenta que  Espacio Montevideo era una inmenso semicirculo iluminado e interrumpido por bailantes,  un segundo piso real  al costado de las arcadas y bajo las vías por las que pasaba el metro. Escaleras, puertas acristaladas, una acogedora sala con piso de madera, techo en cúpula coquetona, grandes ventanales circulares desde donde se veia la noche, los coches, los tranvías.  Reproducciones de antiguas partituras.  Retratos de Tita Merello y Caruso pintados por el anfitrión, Oscar Moreira, integrante del cuarteto Garufa! - que hace humor en Uruguayo y Aleman -  tenor y multi-instrumentista, que estaba en la cocina preparando picadas y sirviendo vino como buen bufetero . Luego de Saludar a Jorge y a Rita nos fuimos cada uno a lo suyo: El Pibe a Bailotear con las muchachas mientras yo conversaba amigablemente en la cocina con Oscar, picoteando  embutidos, quesos, pan y un destilado de flores.
La clase terminaba. Desde un entresuelo detrás de las cortinas asomo el dijey primerizo Diego Alejandro y volvió a subir para poner buenisimas tandas. Los asistentes bailaban, comían y bebían hasta que solo quedamos los Barceloneses, Jorge, Rita, Oscar, Diego y Mariano, argentino de larga residencia en Viena. Toco el turno de las guitarras y el vino, la payada improvisada, las zambas, los viejos temas que por culpa del alcohol fueron derivando  entre carcajadas a cenagosos terrenos del delirio. Oscar y diego se complementaban bien con la musica y el humor.
Imaginen un tema de la misa criolla interpretado por  Espalter,  Carambula,  Almada y DÁngelo y se harán una idea. El Pibe Pergamino se contagio de la poca seriedad y aporto a la "Velada Paqueta" impostando la voz como  Virutita para desbarrar la zamba "Voy a comerte el corazón  a besos" en una improbableoda al amor en que  juntaban un sanwich de jamón, queso, mayonesa y el hambre pos milonga luego de amores de tandas desperdiciadas. La catarata de risas fue tan grande que casi se me olvide la cita con Helena. Casi. Una noche inolvidable en Espacio Montevideo al que agradecimos con abrazos y efusiones. 
Nos fuimos a las tres de la mañana por las calles silenciosas con tranvías pasando cada tanto. Solo los carritos salchicheros estaban abiertos y algún bohemio mataba el hambre con kectchup y picante.
El día del evento-encuentro  comenzó demasiado temprano, cuando el sol me dio de lleno en los ojos y me inquietó el insomnio.  Deambulando en busca de cafe y unos bollos rellenos de mermelada para desayunar fuimos nos topamos con la Casa -Museo Freud donde el doctor habia desarrollado la mayor parte de su trabajo.  Un peregrino expresaba su devoción acostado en la acera mientras otro se acariciaba la barbilla. Ah, los turistas.
Luego de visitar el Donau-canal nos fuimos en metro a ver el palacio del emperador en Schömbrunn. Al bajar nos sorprendió que en el parquizado hubiera muchachones jugando a la pelota y gente corriendo. "por esto se vino abajo el imperio" dijo el Pibe.
Pero el Palacio quedaba para el otro lado. oculto por dos cuadras de estructuras administrativas. De repente se abría un portal de hierro y al fondo de una explanada se divisaba  el palacio amarillo lleno de pisos, ventanas y adornos.  Uno podía hacer nacer, crecer y morir varios pensamientos hasta llegar allí. Atravesando el predio ripiado y a la derecha
Un camino lateral llevaba a los jardines, pasando por floridos parterres en donde un monje budista se hacia fotos. Detrás, otra explanada imponente, llena  de canteros con plantas y  estatuas en los costados. Muy lejos una pérgola sobre una colinita desde donde se veía toda Viena. Me senté a contemplar la inmensidad."Hermano, vos tenes que compartir un atardecer acá, con Helena. Se te va a pasar el Arroz", dijo Jorge.  Me entro el apuro. Tenia razón.  Porque esperar hasta la noche?Hice una foto del jardín y escribí un mensaje un poco cursi: "Estoy en los mismos jardines donde una vez Sissi correteo junto con a sus perritos y lacayos. Un encuentro de cine aquí seria dificultoso por la distancia de la carrera  y las piedras, pero aun así me gustaría contemplar con vos el atardecer y deambular de madrugada a la vera del Dunau-Kanal  en  donde conversaban Celine y Jessie. Te espero en las escalinatas traseras del palacio a las cinco" . Volvimos al ringstrasse para  comer,  luego de una parada en la  catedral de San Esteban, en medio de una zona irregular llena de tiendas de lujo iguales a a todas las calles con tiendas de lujo de las grandes ciudades. Jorge nos llevo  al barrio de los museos, lleno de residencias para artistos, donde apuré un sabrosisimo gulash y un spritz. Me despedí de Jorge y el Pibe, que se fueron en  tranvía.
 Lo que hiciera de ahora en adelante, debía hacerlo solo. No esperaba contestación de Helena.  Regrese al palacio y me senté a esperar en las escalinatas, pensando en el tiempo y en los amores perdidos. Las rayitas del wassap seguían sin ponerse celestes.A las siete menos cuarto y por el frío emprendi retirada. "Esta noche " - pensé

Llegue combinando lineas al Schottentor, mi base de operaciones. Me metí en la zona vieja buscando el famoso cafe Central, uno de los mas típicos de Viena donde tome Doppel Cafe y apflstrudel. Calentito, potente. Una caricia para el cuerpo. Se acercaba la hora del evento. Los nervios no me dejaron comer más. En el hotel medite,  me duche, me puse una camisa bordó, el lazo Thoreau, el traje Paul Verlaine. Baje al vestíbulo y me encamine a las 22.30 a las escalinatas del Struholf, con sus barandas verdes y blancas y sus faroles iluminando el parque. Había a un lado un hombre con una túnica haciendo invocaciones la aire. Cuatro señores uniformados en rojo esperaban en perfecta formacion al lado de un libro de un metro por cincuenta.  Tres mujeres vestidas como vestales hacían estiramientos. Un cámara con un trípode  enfocaba la escalera. Helena no estaba. Un funcionario alto con un libro de actas me pidió el pasaporte para comprobar mi nombre, rogandome que me ciñera una corona de laureles en la frente. "Que es todo esto? pregunte desorientado. "Un hapening conmemorativo testamentario" dijo en perfecto español, sin aclararme mucho.  Por la calle se acerco un Vienes alto, cuarentón, con dos perritos. Luwito. Luego de saludar a todos vino a hablar conmigo. " Catulo.  Gracias por venir. Su presencia es fundamental. Una cuestión de herencia". "que va a pasar? - quise saber. "Mi tio Rudolf Crander murió hace un mes.  Fue un discípulo tardío  de Heimito Von Doderer, cuyos versos están en esa placa que se ve aquí y pertenecen a la novela "Las Escaleras de Strudlhof"  Heimito lo echo de su taller literario. Y aunque Rudolf llegó a publicar un libro y enriquecerse como editor, siempre se lo comparó con Doderer, a quien detestaba. Cometí el error de decirle que Von Doderer era mi autor favorito. Como era vengativo y yo su único familiar vivo dispuso   por testamento que para recibir su herencia yo debía traer a tres mujeres derviches para que bailaran, cuatro legionarios  subiendo y bajando por las escaleras seis veces con su  libro, un poeta llamado Catulo improvisando versos funerarios, un exorcista turco salmodiando en silencio, dos perros meando las escaleras y una soprano griega desafinando "una furtiva lágrima"   Mientras se hace todo esto yo debo tirar huevos a  la placa. Todo esto debe quedar registrado por notario. Solo así podre recibir sus bienes. Es su forma de venganza." " Lo que no sabia  - dije - es que Helena fuera griega y soprano" . "Helena?" - Me miro sin entenderme.  Desde algún  lugar sonó mi nombre, chillado, estridente. Por la calle venia subiendo una mujer. No era Helena, ni tenia los vestidos de la madreselva. Una señora enfundada en un tapado azul, saludando ostentosa con ambas manos. Al llegar a la zona iluminada la reconocí como Alexia Chiplis una antigua alumna de mis cursos de escritura. "Ahora si  podemos empezar"dijo Luwito. A una señal todo comenzamos aquellos para lo que habíamos sido convocados: las derviches giraron, los perros mearon los escalones - a saber que les habrían dado a los pobre animales -  Los legionarios subieron y bajaron por las escaleras circulares con el libro de un metro a cuestas, Luwito tiró los huevos a  la placa con los versos,  el cámara filmó,  el notario testificó, Alexia desafinó "Una furtiva lágrima" Y yo eleve la voz y declamando hacia las sombras entone: "Se va, se va mi alma por la piedra, las hojas son testigos, el agua corre y se pierde como mi amor hacia la nada, la misma nada sin sentido. Aquí. Sin ti. Y sin sentido" y mientras recitaba con dolor y para mi recordé luego los versos de Byron: "Por eso nunca más pasearemos hasta altas horas de la noche, aunque el corazón siga enamorado y aunque siga brillando la luna"
A las Once todo había terminado. Recuerdo que Alexia propuso ir a tomar algo  en el Weimar. Al ver mi cara y mi animo se fue. Las derviches se hundieron en las sombras, los legionarios se fueron calle abajo a buscar un taxi o una ambulancia, los perros me garronearon los talones, el exorcista turco se fue a comer un kebab con el camara.   Luwito limpio la placa de huevazos y luego de extenderme un cheque por mi participacion se fue también con el notario en dirección al Palacio de abajo.
Me quede solo en las escalinatas.
Fui caminando hasta el Volksoper por si los muchachos estaban guitarreando en el espacio Montevideo. Pero en los ventanales no se veían luces. No había nadie.  Igual  que en mi habitación.
Al otro día salia el vuelo de regreso. Había quedado directamente en la puerta de embarque con el Pibe Pergamino. Equivoque conbinaciones. Al llegar a la estación del tren al aeropuerto me encontré sin saber cual me llevaba, y cuando salio el simbolito del avión había pasado media hora.  Corrí por las terminales entre viajeros plácidos, perfumes y sachetortes. Pero  el vuelo estaba cerrado.  El cheque de Luwito se me fue en comprar un billete nuevo.  Había muchos como yo, comprando en los mostradores. Las compañias deben ganar mucho dinero con los tipos despistados.
Llegue a Barcelona  tarde y con lluvia, consolandome con el recuerdo de la mágica noche en Espacio Montevideo. Esperando volver a las carcajadas y la camaradería.
Cuando encendí el móvil por fin el wasap de Helena volvió celestes las rayitas. Esperé "Escribiendo" ponía. Esperé "Escribiendo y en linea". Esperé "En Linea"Espere.
A los cinco minutos llego una foto. Helena mirando con tristeza la lluvia y la noche en la ventana.
Estuve mirando la pantalla un rato largo. Pero no llego nada mas.

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