viernes, 25 de marzo de 2016

CARTA AL CONEJO DE PASCUA DEL HIJO DE UNA PAREJA MILONGUERA

* La siguiente carta llegó a nuestra redaccion esta mañana. Consideramos que quien la escribe no tiene claras las fronteras entre realidad y ficcion. Y está muy mal.

Señor:
           Me llamo  Adolfo Pecorini Gra. Mi nombre no le sonara de nada, como tampoco el de Marcela Ramirez Suker, Borja Buglieni, Pepita Valeron o Mimito Predi Clausen. Pertenecemos  una asociación llamada H.D.M.D.F (Hijos de milongueros de festivales) y que nuclea a ex hijos de milongueros. Durante toda nuestra infancia fuimos abandonados en un infame hogar transitorio para niños cada vez que daban fiestas a nombre suyo y  de su mujer Easter o pascua  - como la llamaban en el barrio - Al igual que a fin de año hacían con su colega,  ese otro gordo farsante y malintencionado que se hace llamar Papa Noel aunque también responde a otros alias como Santa Claus, San Nicolás, o el niñito Jesús,  extraño apodo que sin duda le deben haber puesto cuando estuvo en la cárcel.  En fechas como estas, luego de largas e infructuosas sesiones de sicoanálisis y terapia  volvemos al nefasto sitio donde nuestros progenitores nos dejaban y tratamos infructuosamente de rehacer nuestras destrozadas vidas. El lugar se llamaba "Hospederia para milongueritos infantiles Cuquis".  Un sitio lleno de fantasmas y malas experiencias.
 Allí soportabamos como podíamos con nuestros pequeños corazones infantiles el jolgorio festivo en el que tantos intentaban encontrar algun sentido a su vida trasvistiendose con capuchas y bonetes o - como lei hace poco en una publicacion cientifica seria - clavandose semi desnudos a cruces filipinas. Y esperabamos, esperabamos en un tedio lleno de historias mal contadas por dos rufianes borrachos que todo volviera a la normalidad y pudiéramos reintegrarnos a la afectuosa rutina de un hogar simple y común de gentes adineradas  y ligeramente normales. Distantes pero enloquecidas por la milonga, a tal punto de aprovechar cualquier escapada o fin de semana largo para meterse en festivales o tangomaratones. mientras se dedicaban a hacerles festejos a ustedes. Pero nunca volvíamos a la normalidad. Y siempre a la casona de la Calle Lagartos 32, que ahora tiene precinto policial luego de que la señora y sus secuaces fueran detenidos por malversacion, abuso y agiotismo. Y, como siempre los principales instigadores están sueltos. Gozan del beneplácito y la aquiescencia general.   Lo digo sin pelos en la lengua. A usted señor Conejo de Pascual, al señor Gordo maligno Claus, a su señora la santa Pascua y a todos los rufianes como los reyesuelos esos de oriente que nos arruinaron la vida entonces y ahora cuando aun despertamos desconsolados - tal como hacíamos en la hospedería en mitad de la quietud ominosa de la noche  -  les debemos esta inseguridad, esta vida vacía de sentido y llena de recuerdos horrendos. Desde los cinco y hasta los dieciséis  años, en que huí de casa y me refugie en la seguridad del hogar de un quinielero fanático de Donato estuve odiando la fiesta en su honor. Y ni siquiera podía saber cuando caía, porque todos los años era en diferente fecha, a diferencia de la montada por su compadre delictivo el señor gordo demente de la Navidad.
Nuestros padres milongueros enfebrecidos por la ceguera y la locura de bailar  suplían con dinero lo que no podían comprar con cariño, creyendo en su inocencia y en su liviandad que nos dejaban en buenas manos y nos abrían las puertas a un mundo de complicidad y comprensión que compartiriamos con ellos, ya mayores. Haciendo como hacen esos hijos dilectos que se  vuelven compinches de sus padres y comparten experiencias y vinos con ellos.
Pero no señor Usurero Conejo de Pascua caga huevos de colores que se transforman en chocolate con sorpresas por culpa de los empresarios del ramo. No señora Hedionda Pascua perversa empanadera de atún grasoso y espinaca sosa Easter. No señor Gordo flatulento mata nutrias peletero Santa Claus, o como figure en el expediente que de usted tiene la policía y las fuerzas de seguridad, sea de la nación que sea.  La realidad,  nuestra realidad de hijos consentidos y ricos de padres con el cerebro carcomido por el tango era otra muy diferente.  En aquella casa inmensa con cortinados en los que se reproducían escenas de milonga y valses y donde a la hora de comer solo recibíamos alfajores con el dulce de leche vencido y sanguches de miga con el queso arqueado como una bailarina de ballet en extraña pose;  Donde nos llenaban con  zumos mal hechos y refrescos que en vez de proporcionarnos una piadosa inconsciencia por las noches nos mantenían en vela escuchando la maligna e invasora presencia de una versión lenta y aberrante de "haceme cucú" aprendimos la lección que nuestros inconclusos estudios no nos enseñaban: A odiar lo que representan sus fiestas, fiestas que otros dedican a procesionar para obtener alguna dispensa celestial por sus conductas reprobables de todo el año, fiestas que tampoco tuvieron nunca aquellos otros huerfanos desvalidos del tal Dickens que solo reciben para comer hueso de caracu sin tuétano,  patata arenosa y cruda regada por un chimichurri que no viene a cuento  y olor a ajo.  Y si unos se ponian trascendentes y los otros  recibian palizas y eran obligados a robar, nosotros no fuimos menos. Nos apalizaban con   boleazos a pierna abierta en medio del culo. Y teniamos que robarles zapatos de diseño a nuestros padres. ¿Cuantas noches gritamos abrazados a peluches mugrientos con la cara del Cachafáz o de Libertad Lamarque mientras  nuestros padres se abrazaban en infinitas tandas, sin siquiera efectuar una sola llamada al hogar de esa Mujer terrible, desfigurada por los celos y la soltería, a fuerza de planchar en los bailongos por su orgullo que le impedía hacer clases?.  Esa mujer a la que esquivaron los cabeceadores mas afamados de su época forjando su carácter inflexible y ruin, agriando su belleza natural e incoando un  vengativo plan que la llevó a montar un hogar para niños ricos, un sitio que muchas veces en mis pesadillas he identificado con el infierno?  Usted No sabe lo que es levantarse en mitad de la noche con los ojos arrasados por el llanto, los pies fríos y los oídos llenos del "haceme cucú",  siendo descubierto en mitad del pasillo por los esbirros de la Señora: Jacinto y Ubaldo, dos profesores frustrados de canyengue que nos obligaban a hacer ochos mal hechos contra la pared hasta que caíamos rendidos de cansancio.  Usted no conoce lo que es escuchar esas espantosas historias de la milonga y los cuentos de navidad y de pascua con la que esos tipos que se creían narradores nos atosigaban, endilgandonos sus hazañas cual si fueran héroes. No conoce las miserias de los huerfanos por el tango, con padres disolutos e irresponsables que daban menos  crédito a nuestras suplicas, miedos, desatencion infantil que a las palabras de Malena Cuquis y los efectivos cancerberos que arruinaron nuestra vidas  y  cumplen condena por contrabando de cromos.
Ahora ya es tarde para exigir responsabilidades. Hemos aprendido con terapia  a perdonar a nuestros antepasados, pero quedan algunas cosas que no podemos pasar por alto . Y  no estamos solos. Hay muchos que padecen con angustia sus fiestas y no todos son  milongueros o hijos de milongueros o milongueos.  Estamos contactados con otros afectados como el colectivo T.T.L.F (Trabajadores de todos los festivos),  A.F.N. (Angustiados de familia numerosa) y la O.P.A.F (Odiadores patológicos de alegría forzada). Sin contar todos aquellos desdichados seres a los que no les queda nadie con los que festejar, personas tristes y a los que injustamente se les endilga el rotulo de "Gentes sin espíritu". De pascua, de Navidad o de la fiesta que sea.
No crean que saldrán impunes. Juntos los iremos a buscar, y les haremos pagar, se escondan donde se escondan. Ya sea en un mundo de fantasía, en una creencia religiosa o donde sea que ejerzan su poder fantasmal.
Y les bajaremos todos los dientes para que aprendan.
Quedan advertidos.

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