jueves, 30 de marzo de 2017

"EL SALON DE LOS PASOS PERDIDOS" (Tango Divino IV) Por Catulo Bernal


El Camino hacia la cuarta pista del Festival Tango Divino  llegaba luego de un pasillo polvoriento a cuya derecha se veía una especie de anfiteatro con  uno de los carteles de R. Lamido apenas iluminado:
 "Y aunque pueda seguir, buscando la siguiente pista  deténgase un momento a recrearse en la contemplación de los de antes o los de mañana, medite sobre sus pasos perdidos en este salón. Y luego avance".
Las muchachas Laura, Lara y Sofia apenas le prestaron atención yendo ansiosas hacia la pista naranja, cuya música se oía en sordina. Con ellas iba el filosofo Pelandrun, que parecía temer un poco a la penumbra y al Indio Martín, que por el contrario la utilizaba para ceñir el talle de Lara y hacerla sentir protegida.  Íbamos a alcanzar al grupo con el Pibe Pergamino, pero la majestuosidad del salón nos hizo demorarnos y luego quedamos impregnados por la atmósfera de calma y sosiego de aquel sitio que bien podía haber sido una pista, un escenario o un altar.
Había allí algunas sombras solas o en pareja mirando hacia el circulo central solo iluminadas por la luz de la luna, que desde un claraboya cenital bañaba la estancia en un fulgor tenue. Así que nos desviamos y fuimos a buscar un sitio libre par sentarnos. En eso estábamos  cuando una voz conocida saludo a Pergamino diciendo  "Que haces negro" casi como en un rumor. Una pantalla de tablet  ilumino el semblante rubicundo de Raúl Mamone sentado en aquel  "Salón de los pasos perdidos" con la misma sonrisa picara de Harry Lime en  "El Tercer hombre".  Tenia al lado un cubo con un cava fresquito y dos copas mas - porque nunca se sabe si hay motivos para brindar - dijo.
- No vas a bailar?. preguntó Pergamino.
- Iba. Pero me quede viendo a las parejas y ensayando  para el cuentacuentos milonguero que estoy haciendo  - dijo Raúl convidandonos del cava. No todo es tango che!.
-  Pensaba que estabas buscando una experiencia paranormal - dijo el Pibe, que compartia afición con Raúl por el misterio.
Sentado en la oscuridad mire el circulo vacío.  El eco de la ultima frase del Pibe flotaba en el ambiente con la misma claridad de un paso indeleble. La música de la orquesta de Fresedo, en la ronda naranja, nos llegaba como a través de un túnel. Era como estar sentado en un templo abandonado que mantuviera aun una concentración abundante de fe. Sentí unas ráfagas, como si alguien se hubiera levantado para ir hacia la pista. Pero los concurrentes seguían ahí sentados en silencio, como cuando en mi niñez los vecinos sacaban a la puerta de las casas a oscuras las sillas y se sentaban a disfrutar las noches de verano. Entonces, entornando los ojos, pude ver a lo que se refería Raúl. Allí, en la ronda, apenas esbozadas había parejas bailando. No se si del pasado o del futuro. Uno intuía el movimiento, el roce, la vestimenta, que era como un humo o como aire concentrado. Creo que Pergamino llegó a ver las siluetas al mismo tiempo. Solo bastaba un poco de quietud y la sugestión adecuada. Era hipnótico. Cautivador.
Era bello.
Nos quedamos alelados viendo como esas nadas se movían siendo algo.
Luego oímos un portazo y un estrépito. Y toda la impresión de maravilla se desvaneció al igual que aquellas figuras apenas esbozadas o imaginadas.  Cuatro personas venían por el pasillo,  dos casi a los gritos. Uno era un pelado particularmente desagradable de camiseta azul y tejanos tipo carpintero, uno de esos que son forasteros hasta en su propia ciudad, por su engreimiento. En la pista topaba con todos pretendiendo que los demás tenían la culpa. El otro iba peinado hacia atrás, con las ideas y la pedanteria bien sujetas al gel y la nariz exageradamente elevada.
Con ellos venían dos chicas caminando con esa inseguridad del que no sabe si ha elegido buena compañía.
- Le dije que saliera afuera. Todavía me debe estar buscando. También ...viene cada aparato a bailar acá - dijo el pelado.
 Una de las chicas hizo la pregunta con  la que algunos principiantes miden la milongueridad en todas las pistas del mundo y nunca significa demasiado - Hace mucho que bailan?
- Un montón. Como diez años. Con nosotros van a aprender seguro porque somos expertos - dijo el peinado. No cierto Ubaldo?
- Claro, Claro. Miren chicas. este sitio esta ideal para enseñarles. Así nos nos hacen pasar calores en la pista - dijo el pelado Ubaldo señalando hacia el circulo.
Estaban tan embalados que ni se dieron cuenta que estábamos ahí. Creo que no oyeron el murmullo de desagrado que recorrió las gradas.  Se fueron hacia el centro del circulo, en donde antes estaban las parejas que habían ahuyentado y abrazaron fuertemente a las principiantes..
-  Pero nosotras que hacemos?
- Nada. Ustedesno hagan nada. Nosotros marcamos - dijo el pelado. Se largaron a bailar casi sin paladear ese momento inicial en el que el cuerpo busca acomodarse confortable al abrazo. Y los dos con miserable estilo comenzaron una serie de tironeos y empujones  llevándose a las pobres muchachas por delante y pisándolas en un loco intento por mostrarles que sabían bailar.
El espectáculo era decadente. Aquellos dos con sus movimientos y su insufrible altanería estaban vulgarizando aquel lugar, que de alguna forma parecía una capilla de milongueridad. Por fin las muchachas, luego de insistir que pararan se deshicieron del abrazo de aquellas lapas y se fueron corriendo en dirección a la pista naranja, dejándolos  gritar  en medio del circulo.
- Anda - decía el pelado - ponganse las pilas y vayan a tomar clases, sabes!.
- Este festival es una mierda. No hay nivel.
- No se para que nos quemamos acá.
- Menos mal que venimos preparados Ubaldo. - El peinado saco de la bolsa del zapato dos antiparras y le paso una al pelado que aun seguía renegando. Eran gafas de realidad virtual.
Ante la vista de todos comenzó entonces un espectáculo mas estrambótico aun. Aquellos dos habían conseguido  algún programa de realidad virtual que reproducía una milonga y  una pareja. Enseguida comenzaron a manotear abrazando la nada y haciendo todo tipo de movimientos que correspondían sin duda a una tanda que nada tenia que ver con los sonidos de Fresedo, que nos llegaban desde la otra sala.
- Estos dos boludos ya los vi en otra milonga - dijo Raúl en voz baja - Son tan insoportables que nadie quiere bailar con ellos. Y cuando bailan topan con todos y ni se disculpan.
- Por eso se compraron las gafas. Sino no bailan - dijo Pergamino mientras sorbía un trago largo de cava fresquito.
Comparado con el espectáculo soberbio que nos habían arrebatado con su boconeria, ver a aquellos dos manoteando en el aire en una deformacion del valseado de los pibes del "Amarcord" de Fellini era grotesco.
- Así, así tenés que bailar nena!. Yo les voy a enseñar  - decía el pelado. 
 - Aprendan - aprendan de los maestros!
 Jadeaban y a los dos se les caía la baba.
Estaban tan metidos en su mundo paralelo de milongueridad a medida que no se dieron cuenta de unas figuras que comenzaron a materializarse a pie de pista. No se si eran las mismas sombras nostálgicas que habían repelido con sus gritos, si pertenecían al festival o si solamente eran ejecutoras del alma milonguera. El caso es que avanzaron cercando a aquellos dos pavotes  extendiendo las manos. Susurraban algo que parecía decir "Pasos" "Pasos".
- Toma ya - dijo uno de la grada entusiasmado -  Ahora viene lo bueno.
- Que Carajo?, Cuarto Milenio! - dijo Raúl. Aquello sucedió demasiado rápido para que pudiéramos reaccionar. De pronto los dos se vieron casi tapados por la marea humana.  No se que estarían viendo en ese momento a través de las gafas, que no se quitaban, porque comenzaron a gritar desesperados y a patalear queriendo liberarse del real abrazo de aquella marea que no cedía.
Desde el graderío se escuchaban voces encontradas:
- Sacudile!. Sacudile!
- No les peguen Que son chiquitos!
-  Al Pelado, delen tuco al pelado!
- Coca, beer, wata, sanguches!
Por fin atraídos por los gritos y el revoltijo vimos un par de samurais de la organizacion, con sus ridículas armaduras de goma espuma llamando frenéticos por el móvil y dudando si emplearse entre aquella masa ondulante, bajo la cual los repelentes seguían gritando. Y también a un par de milongueros de oscuro que se acercaban desde el otro lado corriendo y chiflando como los carreros para ahuyentar a aquellas sombras.
- Juira, Yinte!!!!, Sauuuuuuu!!!. Decían empleando las bolsas de zapatos como boleadoras. Ante este ataque por dos frentes la masa se disgrego, llevándose también las ropas y las gafas de aquellos sujetos. En el suelo vimos  sus cuerpos blanquecinos y babosudos,  desmayados de susto.
Los dos que habían repartido los mamporros se acomodaron sobre los pies. Sonaron algunos aplausos y no supe si eran destinados a ellos, a las sombras que se habían ido o al vendedor ambulante que había aparecido para suministrar bebida al espectáculo..
Los milongueros miraban preocupados a los caídos. Alguien encendió un foco general y a la luz vimos  el abandono y el polvo de la vieja capilla y las caras de nuestros amigos, los servicios milongueros 24 horas, mercenarios del tango y arregla entuertos Vieytes y Luconi, un poco decepcionados.
- Uy, si hubiéramos sabido que eran estos dos los dejábamos un poco mas en la biaba con caldo - dijo Luconi.
- Y, vites... en la pista no hay que hacerse mucho el loco. Topaban con todos - corroboró Vieytes.
Bajamos a su encuentro, aun con la copa en la mano. Uno de los samurais trajo un par de mantas térmicas con la cara del Gardel mal dibujado.
 Pronto entraron cuatro más de la organizacion y armaron unas camillas acomodando a los dos.
El coro trágico comentaba con entusiasmo.
- Que vergüenza. Que vergüenza. Este pelado usa calzones blancos con el nombre escrito en tinta indeleble.
- Se pensara que vino a un campamento.
- Siempre hay que salir con calzones sin agujeros dicen las madres.
- Pibe, tenes Capitán del Espacio?
Mientras se los llevaban a los tumbos El Pelado decía  - Ay Mamita. Ay Mamita.
 La congregacion volvió a aplaudir. Se lo habían pasando en grande.
 Llego un samurai principal a juzgar por la cantidad de acolchado que tenia en la armadura. Era el único que parecía preocupado - Yo le dije al señor Divino. Le dije que era peligroso.
-  Pero que son? - le pregunte sorbiendo aun el cava fresco -  Principiantes zombificados?. Cazadores de payasos?. Milongueros frustrados por los altos precios de las tiendas de ropa y complementos?. 
 - Que se yo. Es la tercera vez que pasa. Parecen tener una curiosa noción de la justicia milonguera. Nunca hemos tenido problema con gente respetuosa. Se nos meten por una reja que tendría que estar vigilada. Siempre hay aquí un par de compañeros. Pero justo hace un rato hubo un tumulto en la entrada principal y estos se aprovecharon.
- Bueno, mucho no se pierde no? - Dijo Luconi.
- Cosas que pasan - . dijo Vieytes.
Los mire brevemente. No se porque pero en ese momento supe que ellos habían tenido que ver con el tumulto.
Todo parecía un poco irreal. La bonita idea del salón de los pasos perdidos se transformado en una película cómica, excepto para los protagonistas principales que habían pagado cara su falta de códigos. Los concurrentes acabada la magia y la diversión, se encaminaban a la sala naranja. Quedamos los últimos.
- Sigan por favor.  No es probable que vuelvan pero es mejor que sigan.
- Pero... Y los que están atrás? Van a cortar esta parte?.
- No estoy seguro. No esto seguro de nada - dijo el samurai. Además por 10 con cincuenta que pretenden?. Demasiado les da el festival. Salio con todo el peso de la responsabilidad aflorando por las costuras mal cosidas de la goma espuma.
- Esto se hunde. Esto se hunde.
Tenia razón. Por 10 con cincuenta aquel festival parecía mas bien algo parecido a un parque temático. Era evidente que los organizadores perdían dinero manteniendo aquel mastodonte que no paraba de ofrecer diversión alternativa y chascos. Buscados  o no.
No fuimos hacia los cortinados. Pelandrun, el Indio y las muchachas estarían pasándola bien porque no habían vuelto a preguntar por nosotros.
- Yo ya estoy, dijo Raúl. Ya no queda cava y mañana tengo clase.
- Te vas   a ver a Iker, Papa? -  El Pibe Pergamino y Raúl eran fanáticos de la Nave del Misterio.
- No. No. Con esto ya tengo suficiente.Ya baile, ya escribí. Ya tome y me divertí también.
- Cuidado Mamone - Grito Luconi - No vaya a terminar en el baño buscando la salida, como nos pasó a nosotros.
- Es que esta mal señalizado a propósito.  - agrego Vieytes.
Raúl salió saludando efusivamente a todos.
Lo salude y me volví a los servicios milongueros.
- Pero volvieron a pagar?
- No. No - dijo Luconi confirmándome lo que sospechaba - Les hicimos una oferta que no pudieron rechazar completó, imitando al padrino.
Ya no quedaba nadie en aquel sitio en el que las parejas de aire se habían desplegado sobre su pista de pasado o futuro. Para el caso era lo mismo.
Volverían después de un rato a bailar con la luz de la luna? Necesitaban el concurso de ojos mortales para manifestarse en la pista polvorienta?.
Me pregunté que era lo que estaba pasando en este festival y cual era su oculta finalidad.
Pensé en Helena. Pensé en Laura. Pensé en las parejas fantasmales. Y en la planificacion de este singular evento que parecía repeler todo los falso, cobrándose sacrificios de bochorno en la piel y la figura de todos los farsantes que se decían milongueros.
Miré a la luna, mire al circulo vacío y quise otra vez entornar los ojos para ver a las parejas.
Y me pareció verlas.
Pero era solo el vendedor ambulante que andaba reciclando las latitas.

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