martes, 7 de febrero de 2017

UN MILONGUERO EN HOLLYWOOD - Milongueros en el mundo

Queridos amigos de Lusiardo Tango Club. Mi nombre es Tintino "El negro", Fresco de la pareja antes conocida como Fresco-Escalise, especialistas en tango con corte. Si bien no destacábamos especialmente en las milongas de nuestra querida ciudad natal - que no diré por tener buenos recuerdos pero malos enemigos - teníamos nuestra pequeña escuelita y ensenábamos con cariño y amor forjándonos un porvenir que por los diferentes vaivenes económicos del país nunca terminaba por soldarse.  Así, en un invierno particularmente cruel donde abuse del crédito,  la credulidad de alumnos,  conocidos y nos admiraron  acaso inmerecidamente pero sin percibir réditos monetarios,  decidimos de común acuerdo con Manuela emprender la retirada. Parte de la decisión recayó en las alucinadas conversaciones que tuvimos en milongas con un ex-compañero de la secundaria y gran amigo  Ricardo Achanta de visita por V.la C. que residía en ese momento en Hollywood, ganandose muy bien la vida como productor. Quizá fue el vino, quizá la desesperacion de huir a la atropellada de una construccion arquitectónica vital que cuadraba perfectamente en los planos pero se desmoronaba ladrillo a ladrillo en el flojo cemento armado de la realidad. El caso es que el mismo Achanta viéndonos en la milonga nos propuso sin más ir a bailar a  Hollywood, donde según decía no había ninguno que se dedicara al tango. Deslumbrados por las visiones de gloria y las posibilidad de entrar en el mundo del cine aceptamos sin calcular los inconvenientes del viaje y de la empresa, tal era nuestra juventud. Ricardo se encargó el mismo de reservarnos los pasajes,  que pagamos con la venta de nuestras pertenencias. insistiendo en que hasta que tuvieramos todo atado íbamos a poder vivir en su casa de soltero, su chiki, como cariñosamente le llamaba, gestionando incluso una visa de trabajo por un año, prorrogable.
"Si, sale bien y estoy seguro que será así se quedan. Y si no tienen algo para contar a sus nietos". Nos decía entre tanda y copa.
No fue hasta llegar al aeropuerto de Fort Lauderdale cuando nos enteramos que nuestro destino no era Hollywood -  Los Ángeles - la Meca del cine, sino Hollywood -  Florida -  muy cerca de Miami, una prospera localidad cuyos mayores ingresos provenian del turismo y el juego. En dos horas cambiamos el mundo del cine por la diversión y los casinos. Igual estábamos deslumbrados. Centros de esparcimiento, diversión, casinos, las playas de Miami solo a 40 minutos en coche, el ingles extraño pero entendible de los residentes.  Todo nos entró por los ojos aderezado por la generosidad de Ricardo, que nos cedió gentilmente una de las habitaciones que alquilaba en un piso de protección oficial y nos facilitó un permiso que nos había conseguido para bailar en la calle. Quizá esa fue el primer indicio de la realidad que volvía a meter la cuchara en el balde de cemento. Pero Ricardo afirmaba con rotunda convicción  que muchos artistas que hacían con gran éxito el circuito por  los casinos y el Hard Rock, propiedad  de los Indios Seminola, habían salido de fortuitos descubrimientos ambulantes.
Salimos a bailar con la candidez y el entusiasmo de quien se cree dueño del mundo. Hacíamos muchas pasadas  cerca de los centros de esparcimiento confiando en encontrar afortunados jugadores y supuestos cazadores de estrellas que no aparecían por ningún lado.   Ganábamos bien, pero con los precios de comida y transporte junto con una  "desinteresada aportación por la gestión y los gastos de producción" que llegó a ser el 45 por ciento de lo recaudado en la calle, seguíamos parados en la precariedad.  Ricardo Producía todo el tiempo, pero nunca vimos a ninguno de sus artistas. Hasta  una mañana en que decidimos escaparnos a la playa y lo vimos vestido con un atuendo tradicional Seminola, vendiendo falsas artesanías indígenas en Madera y conchas marinas con las que engañaba a los turistas. Tuve una fuerte discusión con Manuela, que me acusaba de haber hipotecado nuestros sueños por culpa de un insensato. Descubierto, Ricardo nos contó que como indio falso se ganaba buen dinero. "Es una de mis muchas actividades".  Incluso me pidió una mañana que lo suplantara como falso Seminola mientras el gestionaba con Manuela un permiso suplementario "Porque nunca se sabe por donde salta el dinero" me dijo sonriente.   Me dio una licencia "al portador" . Y allí me fui a ganarme la vida, mientras ellos se encargaban de los aspectos administrativos.
En principio me fue bien. Vendí algunas cositas a unos alemanes y unos ingleses. Vi pasar también algunos Seminolas auténticos que desde sus coches  me desaprobaba con disgusto. Así y todo ninguno me dijo nada. Supongo que ahora que vivían en la prosperidad  luego de tantas décadas sobreviviendo en los pantanos se compadecian de mi  condición. Mientras, envalentonado con las ventas comencé a parlotear guturalmente pegando la lengua al paladar y haciendo énfasis en cada silaba. Vendí mucho más y el siguiente paso fue danzar voceando las mercaderías. Supongo que eso atrajo a la policía. Orgullosamente les presente mi licencia al portador. Y ellos también orgullosamente  me informaron que la licencia era falsa, que la visa turística me impedía trabajar y  me secuestraron toda la mercadería.
Volví a casa  entre furioso y deprimido. Había trabajado solo dos horas y perdido el material.  Pero sobre todo, lo que más me dolía era la mentira de mi amigo. Que ganaba con ese engaño?. Cuales eran sus oscuras intenciones?  Comprendi que la "producción" incluía permisos y licencias a otros ilegales. A saber que otros ilícitos estaría cometiendo.  Entre corriendo al piso y uno de esos ilícitos se me revelo enseguida en el cuarto y en la cama donde Manuela y el estaban "haciendo trámites." No se si esa calentura se había gestado antes, en las milongas de V. de la C. o el húmedo clima cálido de Florida propicio la traición.  El caso es que allí termino la historia de la pareja otrora conocida como Fresco- Escalise.
 Me fui con mi maletita, los dos trajes, un Compacto con tangos de D'arienzo y los pocos ahorros que aun conservaba. Manuela no hizo nada para detenerme. Pensaría en salir a bailar con el "amigo" o vestirse también de indígena para vender sus baratijas artificiales.
 Achanta tuvo la desfachatez de gritarme desde la ventana reclamandome que le dejara el traje y la plata del "porcentaje de producción" que le debía.
Con este negro panorama por delante hice lo único que se me ocurrió en ese momento: Me fui al Seminole Hard Rock Hotel&Casino  y me dispuse a dilapidar  todos los ahorros sin vergüenza. Mientras los tragamonedas me desplumaban sin piedad iba cantando "Suerte loca", pero pegando la lengua al paladar. Algunos franceses me tiraron algunas monedas, pensando que era un pobre indio. Gane algo y me fue a beber unos wiskis al bar.  Así pase una tarde dando lástima hasta que el gerente y el administrador del Casino, Seminolas de la cabeza a los pies se compadecieron de mi y en vez de echarme me pusieron a dormir en un cuartucho. Cuando desperté estaba en la reserva de Big Cypréss. hogar de los Seminolas de Florida y rodeada de pantanos y manglares, un bastión de la resistencia contra el opresor blanco que orgullosamente esgrimían junto con el merito de ser una tribu no conquistada. Se que en un momento me tomaron por mi tez oscura por un Blackfoot o un Creek. Podría haber esgrimido un parentesco Comechingon. Lo cierto es que al verme con el traje falso pensaron que podía trabajar para la reserva, aislada, pero que recibe muchos turistas entusiastas amantes de la vida silvestre y los modos de vida aborigen. Como la mayoría babean de entusiasmo, preguntando con curiosidad, comprando con avaricia  y  sin respetar las ancestrales costumbres Seminola  somos el clan  de choque: 6 indios falsos  encargados de recibir a los contingentes mientras los ancianos de la tribu,  los miembros de los clanes, y el consejo ocupado en la gestión de los muchos negocios de la corporación pueden dedicarse a lo que hicieron toda su vida: Cazar, pescar, vivir en armonía con la naturaleza, contar historias  y velar por las costumbres  y los intereses de la tribu.  Junto con el sueldo y un día libre que utilizó para bajar a los casinos de Hollywood (tengo descuentos y facilidades!) atravesando Los Everglades en motoneta, me han cedido un Chikee, una casa tradicional Seminola hecha de madera y hojas de palmas y que por semejanza con el tema de Pugliese me recuerda mi vieja vida Milonguera. Aquí soy feliz y no descarto alguna futura unión con alguna de las jóvenes de los clanes, a la que enseñarle los rudimentos del tango con corte. Quien sabe?  Los Seminolas siempre están innovando y adaptandose a los nuevos tiempos. Puede que ahora, con el nuevo presidente, vuelvan a estar en guerra con el hombre blanco. En todo caso aquí estaré.
 Si vienen a la reserva del Gran Ciprés pregunten por "Mono Loco".  En el camino al museo AH-TAH-THI-KI  me encontraran con mi autentico traje seminola cantando "suerte loca" con la lengua pegada al paladar e improvisando algunos pasos canyenguedos mientras el Consejo de Ancianos se parte de risa viéndome desde un claro del bosque.
Y si vienen traigan alfajores!.
                      Un abrazo milonguero de Tintino "El negro" Fresco "Mono loco".

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