domingo, 4 de diciembre de 2016

Un porche milonguero con escalones rotos

Era una de esas noches en la milonga del Oriental en que no parece haber ningún entusiasmo en los bailantes. Nadie se jugaba a la aventura de extraviar el paso en un destello de genialidad que hiciera abrir los ojos de los principiantes,  aguardando  al costado de la pista un momento favorable para estrenar su tango, demorado por vergüenza y pudor.  En la mesa del dijey Loquito Piazzolla  se esforzaba por imitar a Gabi Sodini o a Mariana Sanchez y su música sonaba lejana, como la luz  de un bote a la deriva esperando el rescate.
 Un solo incidente con hielo y un esguince quebraban la monotonía de una ronda  en la que los abrazos  no deparaban la ansiedad de algún futuro acercamiento, una exaltacion o tan siquiera un retorno a casa a pie rumiando una esperanza y un tal vez.
En la mesa Lusiardiana conformada por Papaguachi,  Pitón Pipeta,  El filosofo Pelandrun y mi omnipresente tableta de anotar poemas, compartiamos una picada con elementos resecos extrañando la perfecta combinacion de jugo y asadura que con el chimichurri solía imprimir el uruguayo Pococho al choripan.
El parrillero de reemplazo que había asumido luego de la infausta noche en  que por caerle un ventilador en la cabeza lo poseyera Libertad Lamarque, no conseguía siquiera sacar una asadura en condiciones.
- Volvé Pococho. Volvé a cantar besos brujos aunque sea! - dijo como leyendome el pensamiento el omnipresente dueño de la milonga Riquelme para acotar luego - aprovechen la picada de chinchulin rebajada. A este Pichón se le acabaron las hazañas en mi "Oriental".
Cada vez que se iba una tanda  anticipando la navidad, una horrenda orquestacion de villancicos  de Ray Coniff  impuesta  por Riquelme achataba la conversacion y daba pie a nuestros vecinos de mesa  Vieytes y  Luconi, sin servicios milongueros a la vista  para trasmitir en directo  las alternativas del partido de fútbol que en potrero adyacente disputaban los envejecidos muchachos que cada viernes se dejan los meniscos en la tierra.
Habían venido a probarse en los "Titanes de la milonga".
Pero el ring estaba cerrado por un cambio de tablas preventivo
  Bordeando la sanja que separa la milonga de la realidad pasó un pelotón de ciclistas con un cartel pegado al manubrio: "Sobrenatural Bike excursions".
El cartel no aclaraba si ellos mismos eran una especie de cortejo fantasmal, si había alguna mansión embrujada en cercanías.
 O si los de la milonga  eramos sin saberlo  parte del tour encantado.

 Un rezagado cruzo cerca nuestro con un banderín de  los "Cazafantasmas" . Musitaba como si de un ensalmo se tratara algo que me sonó conocido.
Lo repetía sin cesar.

     Como sujetar mi alma
    para que no roce la tuya
    como debo elevarla
    hasta las otras cosas sobre ti?

Coincidiendo con un par de parejas jóvenes que llegaban, su voz vino a complementar la falsa trasmisión radial y se me figuro que quien hablaba era Helena, la profe de tango versada en versos,  con quien me desencontré por un raro corte de digestión en Sitges.

"pero aquello que tocamos, tu y yo
nos une,  como un golpe de arco
que una sola voz arranca de dos cuerdas"

Rilke.  Esta vez distorsionando en la garganta del zanguango Luconi.
 Una  bandada de gansos demorada en una burbuja de verano, pasó muy arriba graznando corto.
Un hombre con chaqueta blanca pasó bailando muy cerca de nuestra mesa a punto de volcar la botella de Cabernet.  De su bolsillo cayó un papel plegado.
Sin saber porque me lo guarde.
No me hubiera extrañado si al desplegarlo encontrara los versos que casi terminaban el poema.

"¿en que instrumento nos tensaron?
¿y que mano nos pulsa formando ese sonido?"

Por el terraplén llegaba un tren de carga que disminuía la velocidad. Justo encima nuestro  se abrió un portón y por el saltó luego de saludar al maquinista el Indio Martín montado en su caballo.
 No  lo habíamos vuelto a ver desde la noche en que  casi me bato a duelo por Helena,  cuando con la chica Bowie en la grupa se internó en las oscuridades de la pampa.
- Atorrante! dijo Pitón Pipeta.  De donde venís?.
Creo que Pitón esta celoso de la libertad del Indio. La señora Pipeta  es permisiva siempre y cuando Pitón este en casa a las 20.30 en punto para cocinar y antes de las dos, hora en que suele acostarse luego de terminar su trabajo como operadora en la misma F.M. donde el mismo  Romulo Papaguachi tiene su perpetuo programa "Minutas milongueras".
El indio se mandó un buen buche de vino y se puso a mordisquear con ganas un choripan como si estuviera delicioso.
- Ella vive  muy lejos - comento. Y mirándome -  Ya volvió?.
- Bueno... Casi no me fui. 
  El filosofo Pelandrun, que en ese momento cuchareaba un codo de pan en el huevo frito dijo:   Es que a usted le gusta refocilarse en su condición de poeta trágico. Lo necesita para escribir? Porque si sigue esperando que una alineación favorable entre mareas internas y luna la traiga amores se le van a romper los escalones de este porche estrellado donde se sienta.   
- No es verdad.. intente decir... La cosa se torció. Naturalmente.
- Si, si. Echele la culpa a la paella. Pero después no me llore en las conferencias que da a los turistas, en los talleres de escritura que tiene con esos jubilados y en los poemas de la Milonga del Pipa de los lunes.
Romulo acoto - No se meta con Catulo. No es que sea chucaro. Es deformacion profesional.  Como el Pibe Pergamino que necesita bailar todas las tandas de todas las milongas para mantener su milongueridad.
- yo no ...
- exacto. No.  No sea Catulo por un tiempo.  Reencarnese en un campeón o un paladin. Pero no como  en los test de Facebock, en los que cualquier avispado fue en su vida pasada Julio Cesar,  Alejandro Magno, o El Che.  Sea otro, pero ahora.
 - Lo del facebo ese me tiene intrigado - dijo Pitón - Según el día Napoleón le toca a  Isidoro Guasteldi,  Tincho Remersaro y Roberta Flass. Debe ser la escasez de almas.
 - Cuando hacemos las noches de tango paranormal en la radio siempre llaman reencarnados de Gardel o Angelito Vargas.  Ningún milonguero fue  Socrates,  Paracelso o una pobre campesina piojosa y desdentada quemada en la hoguera por bruja.- dijo Romulo sacando una roncha quemada a la marucha.
Mire a la ronda.  No había calor ninguno. No había cariño. Todos estaban bailando abrazados, pero solos. Pelandrun tenia razón. En el porche milonguero  ya había algún escalón roto.
El intermedio nos trajo la armónica triste de "Midnight Cowboy"
Sentí frío.  Metí las manos en los bolsillos. Toque el papel que se le  había caído al tipo. Lo desplegué.
"Tango festival Divino. Nueve pistas y nueve desafíos" anunciaba. Un foto mostraba un palacete apagodado y algunas parejas de diseño, posando para la foto. La dirección era un improbable cruce posible solamente los viernes a medianoche. Raro. En un costado y como reclamo publicitario  se veía la cara de Osvaldo Malandra junto a la del uruguayo Pococho. "Pacto Pasional.  Magnifico  espectáculo donde estos grandes y jóvenes  interpretes herederos del arrabal y la sensibilidad tanguera versionan grandes éxitos de Tita Merello y Libertad Lamarque".
Entre risas se lo estaba acercando a Papaguachi cuando vi anotaciones en el reverso.  Con el alma exaltada me apresure a leer:


"se pone y sale el sol
más a nosotros, Catulo, apenas se nos pone la luz breve"

 Y mas abajo:
 "prisioneras de la perfección"

Manotee el móvil. El dedo se fue solo al numero que sabia de memoria. Los principiantes habían por fin cruzado la frontera entre la pista y la posibilidad y se animaban. Mientras sonaba la señal de comunicando vi a Riquelme al lado del parrillero cedido por el ejercito de Salvación.  Desde el móvil oi entonces murmullos, copas,  un tango que identifique como "Mano Blanca" sonando muy de fondo y la voz de Helena.
 -  bardo de lengua ágil, pies ligeros y corazón leve. Te esperaba...
- donde estás?
-  es una especie de infierno milonguero con nueve pisos. Para subir de piso hay que bailar mejor que - no entendí lo que dijo - Y  el peor esta lleno de giradores perfectos.
 - Voy.
- te es..
 Se cortó.   Romulo tenia el papel y se lo quité.  Riquelme venia con una bandeja de chorizos perfectamente bronceados con un pan tostado ligeramente y chimichurri en olas de fragancia.
 Manotee el caballo del indio y al querer montar a pelo me fui  al suelo.
-  Corsini me lleva solo a mi. Va muy lejos?
 Agité el papel con el cuerpo dolorido -  Aquí. Segun parece es una mezcla de infierno de Dante con una pagoda de muchos pisos, cada uno de los cuales tiene una especie de milonguero-luchador mas formidable que el anterior.
- Como en una película de artes  marciales?
- casi. - Dije.
Extrajo de su poncho un móvil y consulto algo.
 -  Mejor tómese el tren.  Pasa uno en tres minutos.
En lejanía sonó un pitido.
Comencé a correr.  Todo el cuerpo me chillaba que no lo hiciera.  "Hasta el año que viene muchachos" dije a modo de saludo.
Sentí movimientos de sillas y gritos detrás mio. La voz airada de Riquelme se impuso a la de la barra.
Con los tendones llenos de puntazos subí como pude el terraplén y mire la ronda que se movía alrededor del poste central, como despidiendome.
 Hice señas. El tren llegaba  ya disminuyendo la marcha.
(continuará)


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