domingo, 31 de julio de 2016

EL SUPUESTO "BISNIETO" DE BORGES EN LA MILONGA DEL ORIENTAL - Por Catulo Bernal


La noche era como la pesadilla insomne de un migrañoso. Sentados al borde de la pista en la milonga del oriental queríamos adormecernos en el compás Disarliano, buscando  el fresco en un chablis con abundante hielo, pero con el calor hasta el mas generoso blanco parecía torrontes. Ni los sanguches de miga, ni la milanesa con Mayonesa frappe o el batir de las faldas en el movimiento giro loco de los bailantes nos acercaban una brizna de aire saludable.  Los milongueros ahorraban energia vestidos con ridículas camisas floreadas estilo hawaiano en un intento tan vano como alejar las moscas con  bolsas de agua y lejía  colgadas en los umbrales.
 Los únicos que no parecían sufrir el sofoco eran el pibe Pergamino, sempiterno en su chaqueta y un elemento inusual entrado en la cincuentena que se hamacaba haciendo vaivén con sus pies entre dos sillas.
Vestía como los primitivos compadritos con saco corto, pantalón con franja, taco alto, chambergo y  una melena domeñada en un pañuelo oscuro. Toda su ropa olia a humedad y parecía un personaje escapado de un sainete. Clodo, uno de los empleados de la milonga estaba en ese momento poniéndole en la mesa una jarra de litro de Sangría-champán (un invento culinario nefasto del chef Otilio que provoca resaca perdurable) y el  especial supremo:  milanesa,  pan casero, mozarella, pickles y papas. Una deferencia que solo se ofrece a personas notables y por pedido expreso de Riquelme, el dueño de la milonga.
Lo hicimos venir  a Clodo para pedirle una porción de papas fritas y enterarnos.
 La respuesta nos dejó perplejos: "Así como lo ven, este señor es Bisnieto de Borges, el gran escritor de muchos libros, el mas famoso "Fricciones". El jefe Riquelme me dijo que le sirva todo lo mejor".
Miramos mejor al personaje.  Era la recreación del Borges tanguero. El vecino y amigo de los compadres de Palermo.  O mejor dicho  una exaltacion del arquetipo del compadrito descripto por el escritor en sus celebres cuatro conferencias sobre el tango que ahora pueden leerse en forma de libro.
Nos miramos con el profesor Maradona y el Coya Gurrietes, nuestro propio comentarista literario, que lleva por seudónimo y admiracion el apellido de don Jorge Luis y nunca se deja ver por la milonga.
 Sabíamos que don J. L.B no había tenido hijos, ni suerte en sus relaciones amorosas ni en sus matrimonios. Sopesamos a toda velocidad una inverosímil verdad oculta y comprendimos tres cosas:  Que Clodo y Riquelme no habían leído jamás a Borges.  Que se dejaban engañar por cualquiera.
 Y que consultaban la Wikipedia con rapidez e ignorancia.
Decidimos entablar conversacion con el señor que justo en ese momento cayo de espaldas de su silla por haberse hamacado en demasía.
Se estaba levantando apurado cuando el Coya le soltó a bocajarro la primera frase:
"El universo es una ilusión, o un sofisma. los espejos y la paternidad son abominables porque lo multiplican y lo divulgan" (Tlön,Uqbar, Orbis Tertius)
- Si, si, eso dicen. Pero tampoco hay que hacerle mucho caso. Las viejas siempre andan metiendo miedo  - dijo el hombre.
- Buenas noches señor - me metí - Nos han dicho que es usted bisnieto de don Jorge Luis Borges.
El tipo se puso ancho en la silla y nos sonrió confiadamente. - efectivamente, efectivamente. Tengo ese honor y esas responsabilidad.
- Nos permitirá que lo invitemos a nuestra mesa entonces.  Aquí somos todos férvidos de su pariente. Y seria un gusto si comparte conversacion e historias sobre su linaje.  Además, aunque somos una mesa de bailarines poco dotados  tenemos presencia activa en la milonga. Un poco como su bisabuelo, que solía gustar del tango valeroso y feliz de las primeras épocas. - Hice las presentaciones omitiendo cuidadosamente nuestro nexo tango-literario.
- Si, si.  El bisabuelo era muy de tango. Se iba con su compadre Paredes a los bailongos de joven y así pasaban los fines de semana tangueando de lo lindo. Yo salí a el.
Por lo menos conocía algunas cosas del Borges tanguero. Se trajo su jarra de sangría-Champan.
Pitón Pipeta, que no le hace ascos a nada cometió el error de aceptarle una copa.
 Gurrietes Borges volvió a la carga.
- perdone mi ignorancia, pero es sabido que su bisabuelo no tuvo descendencia ni éxito en los amores. Debemos entender que su misma existencia - dijo señalando hacia el convidado - oculta y comporta un secreto familiar?.
El hombre nos miró a todos como quien va a contar un  asunto  de estado y teme que haya espías que acallen  su verdad de un tiro.
- Si. Si.  Mi bisabuelo era muy puntilloso en esto. Y ajeno a cualquier sentimentalismo. Siempre ayudo secretamente a su hijo, mi abuelo. Pero no podía tampoco reconocerlo. Hubiera sido un escandalo para su familia, y sobre todo para su madre Doña Leonor - En uno de esos bailongos de antes, con cuchillos abajo de la mesa y en la sisa conoció a mi bisabuela, una belleza notable y disipada. Creo que se atrajeron porque eran completamente opuestos. Aunque la faceta milonguera de Borges, poco conocida lo acercaba lo acercaba al trato mundano y le daba seguridad con el sexo opuesto.
-  Quien hubiera dicho  - simulamos sorpresa - cuente, cuente, amigo.
- Bueno. Mi abuelo decia que su padre Borges tenia una doble vida. En el día era una especie de ermitaño, un sabio escribiendo sobre los laberintos y los tigres -  los temas Borgeanos mas artificiales que suelen citar aquellos fascinados con cuentos menores como "Las ruinas circulares" o "los reyes y los laberintos" que no tienen la cualidad inquietante de otros superiores como "El Zahir", "el aleph" o "el inmortal". El hombre seguía hablando - En su vida diurna era un tipo atormentado, tímido. De idealizar a las mujeres intelectuales y sensibles.
 Y a la noche cambiaba completamente.  Se vestía como un compadrito - incluso llevaba un sombrero con una crencha pegada atrás -  y se iba a milonguear con su compadre Paredes, el poeta Carriego y  su otro amigo escritor.
- Bioy?
-No, no. Bioy no era del tango, era un niño bien. Un patoterito del box. Y mas joven.  No lo dejaban ir a  milonguear. Hablo de Ricardo Güiraldes, el autor de Don Segundo Sombra.  Güiraldes era un gran bailarin.   Bailaba bien, como langüido - lo dijo asi, no se si por hacer un juego de palabras con el apellido -    Mi bisabuelo Borges  cuando entraba al bailongo se transfiguraba.  Explosivo, una fiera bailando con corte. Y hablando de bailar, permitanme que los deje en suspenso, pero me esta gustando la muchacha aquella. Se bajo el sombrero, que quedó colgando en su espalda sujeto a la cinta y salioó a buscarla.
La cabeceo a mitad de camino y se fue a la pista en medio del tango y de la ronda.
Bailaba con la misma cualidad anacrónica de su vestimenta.
 Era feo, se notaba incomodo y seguro con su marca tecladito en la espalda de la pobre muchacha. Abundaba en desplazamientos laterales mas propios de milonga anticuada y hacia frecuentes giros con la pierna sin peso en alto,  como si fuera un brazo boleado e insensible.
 Verlo daba fatiga.  Esquivarlo también.  Riquelme se acercó a la mesa rogandonos que tratáramos bien a la celebridad.
Unanimemente le pedimos que lo mantuviera vigilado y no le invitara nada hasta que  hubiéramos certificado o desvelado su incongruente historia.
Termino la tanda y dejo a la muchacha en medio de la pista mirándonos como diciendo: "Así se baila el tango mientras dibujo el ocho"
 Su engreimiento era tan horrendo como su baile.
Apuró la jarra de Sangría-Champan en dos tragos y pidió otra.
Mañana iba a sufrir. Mucho, mucho.
Enseguida volvió a la historia.
-Pero ustedes quieren saber como sucedió, no es asi?. Como mi bisabuelo conoció a mi bisabuela. Bueno, fue en uno de esos bailongos fuleros que tanto le gustaban.  Alli estaba fermentando  "El hombre de la esquina rosada" y algún cuento mas. - no le dijimos que "El" no formaba parte del titulo - asi en una tanda  romanticona conoció a María, la chuequita y se enamoró perdidamente.  Ella le mintió que era secretaria de un bibliotecario.  Borges le improvisó unos versitos de morondanga.  La consumacion de esos ardores y la concepción de mi abuelo tuvo lugar en los bosque de Palermo.  Mi abuelo a veces decía  que entre los yuyales - cosa que me parece impropia de mi bisabuelo - y otras dice que en un amueblado en los altos del celebre "Tambito" del tango. Cantó con voz pastosa "tiempos bravos del Tambito, bailarin de muchas mentas, por mas seña el porteñito". lo conocen?.
-Si -  Dijo Romulo Papaguachi, que no es hombre de letras pero sabe de tangos -  Conoce esta?: "pejerrey con papas, butifarra frita, la china que tengo nadie me la quita".
El hombre miró extrañado. - No. no me suena.
- Que raro. Dicen que era la preferida de su bisabuelo.
El tipo continuó, con cara de piedra.
- Si, si. Dicen muchas cosas.   Comprenderán que Borges nunca tuvo tratos público con su hijo. No podía. Hubiera sido un escandalo para su familia y su estatus.  Le pasaba dinero a mi bisabuela para la manutención. Incluso  llevo al nene  de visita a la casa de su madre Doña Leonor mintiendole que era el hijo del "Pibe Ernesto". Y mi abuelo, una criatura, luego de atiborrarse con un chivito al plato que le preparo Dona Leonor  que era Uruguaya,  vomito encima de uno de esos típicos pastelitos  portugueses con crema. Borges no lo llevó más.
 Además entiendanme.  María la chuequita  era una mujer de la vida.  Una prostituta. Borges estaba  punto de reconocer al nene cuando doña Leonor se enteró de alguna manera. Se fue a ver a Maria y dicen que tuvo un intercambio de palabras y dinero con ella. Luego de eso Maria desaparecio del ambiente -  Nos miró desafiante - Casó después con un ferretero que le dio apellido, estabilidad y la sacó de aquella existencia. Pero cada tanto se iba a milonguear.
Y dicen que fue amante de Gardel. Nada serio.
Miren si sabre yo de tango. Jajajaja.
 Hemos tenido suerte,  pero ya ven señores, la suerte es tornadiza.  La centenaria Ferretería "Don Bullón" que herede de mi abuelo la he tenido que traspasar. Y ahora sobrevivo como puedo vendiendo - mi bisabuelo Borges me perdone - efectos personales suyos y algunos manuscritos inéditos.  Borges nunca se resigno a esa renuncia impuesta. Tengo cartas de amor. Quieren ver?. Lo tengo todo  a buen precio.
Saco de una maleta de cartón unas hojas amarilleadas y con letra apretada. Misivas nerviosas, con olor aun a perfume  de Borges a María "La chueca".   El mercachifle nos señalo una firma claramente calcada y tan falsa como la antigüedad de los papeles, envejecidos toscamente con té.

Incluso tuvo la desfachatez de mostrarnos unas fotos en las que se veía a un tipo que parecía Borges en sus años de juventud, vestido igual que el farsante que teníamos enfrente. Tomaban champán con Gardel, alguien que identificamos como  Pascual Contursi y el "tigre" Arolas con su pinta de canflinflero.
El montaje era deficiente y terrible.  Nos mostró también cuatro páginas unidas por un clip oxidado:  Un cuento  "El laberinto Narciso".
Un titulo que Borges hubiera detestado.
-Perdón, dijo Pitón Pipeta -  cuanto pide por este "manuscrito"?.
 - La necesidad me ha llevado a este extremo, pero es sin duda un articulo notable. Vale más que estas fotos, que tengo a 150 y las cartas, a 200.   Digamos que porque son ustedes y conocedores se los dejo en 300.
- 300 euros?
- 300.000. Vale eso. Esta dedicado a mi abuelo, con el que tengo el honor de compartir nombre, un nombre que Mi ilustre antepasado JORGE LUIS BORGES sugirio firmemente, imponiéndose al vulgar Antonio, que le gustaba a mi bisabuela.
- Y cual es ese nombre? - quiso saber el Coya Gurrietes.
- Ivor.
- Ivor? repetimos.
- Si. Ivor... Mi abuelo se  hacia llamar Ivor Borges Burdini.
Sin habernos compinchado abandonamos todos la mesa dejándolo solo.
 Enseguida  e interpretando correctamente los hechos vinieron los empleados y el mismísimo Riquelme  a cobrarle lo consumido. El farsante agitaba las fotos trucadas y los manuscritos sin mostrar dinero. Al final lo acompañaron arrastrándolo  amablemente a la puerta y lo echaron a las patadas.
 La maleta de cartón había quedado en la mesa. El Coya Gurrietes se apresuro al devolverla al falsario, tirandosela a un costado.
La pista volvía a su agitar carnavalesco y una brisa ligera se  insinuaba.
Pedimos Chardonay y más sanguches.
 El coya volvió mascullando.
 - Ivor Borges, Ivor Borges. Que desfachatez. Miren si Borges iba a consentir una aliteración tan espantosa!
Y mientras sonaba una versión cantada hasta en las partes instrumentales del Porteñito nos sumimos en la contemplación de la ronda imaginando las tandas que Borges hubiera bailado  y los amores idealizados que no pudo consumar.
Como una ráfaga me llegó el recuerdo de Helena.
Y me puse un poco triste.



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