domingo, 21 de febrero de 2016

EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS MILONGUERAS 4 . UNA MILONGA ENLOQUECIDA - Por Catulo Bernal

En algún momento, los bailarines se bajaron. Quizá fue una travesía de unas horas o días. Ignoro el tiempo. Nuestra pequeña comitiva participaba de las milongas pero cada vez había menos. Íbamos dejando a la vera del río a pequeños grupos, algunos iban a pescar. Otros de visitas. Nos dormíamos, nos despertábamos. Herviamos arroz, polenta o fideos. Pronto solo fuimos siete. Los miembros de la comitiva Lusiardiana, en la búsqueda del Tucumano Pastura, Huguito Flin, Jimy Gray y un muchacho de la tripulación, cuyo nombre no sabré jamás, pero se pasaba lustrando sus zapatos al sol, practicando algunos pasos que le enseñaba Jimy, con una marca peculiar y rotunda, casi una obligacion más que sugerencia, algo que había visto en la pista, con alguna de las turistas y me pareció no ya una marca, sino una imposicion. Hasta el  desapareció una noche. Pero sus zapatos manchados con algo marronoso quedaron allí, pegoteados sobre cubierta.
Una tarde vimos desde el barco una milonga a pie de costa en un embarcadero y decidimos bajar a ver. Sonaba una orquesta que parecía una cruza entre Carabelli y Lomuto pero la letra hablaba de camaleones con pañuelo al cuello. Atracamos. Bajamos dispuestos a comer en una mesa de chapa cercana a la pista. Había muchas. Esas típicas mesas con las patas dobladas y soldadas, de dudosa estabilidad. La pista era una cancha de tenis que algún soñador poco practico había puesto cerca del agua y  a la que le habían quitado la red y encerado.  Un cartel hecho de arpillera daba la bienvenida a la "RIGUROSA PRACTICA CHARQUITOS " y un poco más abajo en minúscula "AQUÍ ESTA LA BASE DEL MÉTODO PASTURA".  Cualquiera que vaya a una practica sabe que aunque muchos van a ejercitar y descubrir pasos, todos terminan bailando como si fuera una milonga en un ambiente mas distendido y dialogado. Aquí no. En vez de practicar pasos o  técnica y pasarse algunos trucos útiles aprendiendo e intentando  había cinco grupos diferentes separados y cada uno haciendo en dudosa sincronía un paso. Uno solo se dedicaba a girar y girar, a derecha e izquierda bajo la supervision de un profesor con tirantes oscuros a juego con su camisa estampada. Otros solo hacían sanguchitos pero en una manera ininterrumpida, y los adornos de las chicas eran escasos y sin gracia. Había un grupo con las mismas camisas estampadas, los mismos pantalones y vestidos iguales pero con diferentes tonos, practicando sacadas por adelante y por atrás. Otros solo practicaban ochos. Y el ultimo de los grupos se mantenía haciendo el paso al costado con lápiz sincronizado, ese paso de apertura con el que parecen comenzar todas las coreografías en las exhibiciones de hoy en día. Una, dos, cinco, una infinidad de veces el mismo lápiz sincronizado, perfecto y sin imprevisto. Era como un campamento militar y se apreciaba en los gestos de todos una dureza y un afán de perfección que no tenia nada de disfrute.  Nos sentamos casi sin querer quedarnos.  Quizá porque en algún lado humeaban tres o cuatros surubis, y el olor increíble del pescado de río fresco sobre las parrillas nos tentaba. Muy pronto vino un rubio con los ojos extraviados en un punto indeterminado. Tenia una camisa estampada, o mejor dicho una camisa hecha con recortes de estampados y unos pantalones bonbachudos de cuatro pinzas, muy amplios y con los mismos parches que usaba en la camisa. "Vienen por El, no es cierto? Soñé que venían a escuchar su voz y sus profecías, su palabra. A ver el efecto de su labor entre nosotros, que somos recién unos niños curiosos asomados al gran secreto del tango. Ah, que voz, que visión. Lamentablemente hoy no vendrá. Dicen que esta enfermo por haberse pasado cinco días seguidos en la pista. Tendrán que conformarse con sus enseñanzas grabadas". Confusamente asociamos a ese "El" con el Tucumano Pastura. Un ser de poder e influencia capaz de desarrollar esa extraña forma coreográfica, que nada tenia que ver con la improvisación y la riqueza del tango real y se asemejaba a una practica marcial, un entrenamiento de combate para pistas inhóspitas. Un grupo aparte con camisas mas brillantes, pero mal cortadas - como las de todos allí - solo se mantenía caminando y esquivando voleos y sacadas, con borceguies de charol y zapatos que parecían de hojalata. Era demente.
 El de los  retazos  escuchaba a alguien invisible a la vez que manoseaba torpemente un ejemplar del espantoso" MANUAL DE PASOS PARA PRINCIPIANTES", marcado y señalado con birome. Pude ver unos dibujos en los que se explicaba como bailar. El método y el dibujo eran aberrantes y equivocados. De atrás del parrillero salio un gordo con la camiseta y la cara tostada por el sol  y  con amabilidad campechana nos urgió a probar las empanadas de pescado, el pacu con papas fritas y el vino de la casa. Por lo menos parecía normal. Como algunas personas que comenzaban a llegar para comer y no obstante seguían la practica intentando reproducir los pasos. En tanto los grupos habían rotado en su cometido, supervisados por los mismos profesores hombres y mujeres, con los mismos cortes de pelos, los mismos peinados, los iguales tirantes estampados a juego con sus camisas, las mismas medias filigranadas. Como si todos hubieran sido productos de una fábrica para bailarines que trabajara solo para crear esos modelos repetidos.  "El me ha honrado con su amistad y sus palabras, su filosofía. Dice - comento el loco de los retazos luego de escuchar al susurro en su oído -  que pronto todo el mundo estará bailando con este método.  Que todo lo anterior, solamente es un tanteo hasta este baile definitivo. Somos la evolucion de aquellos primeros milongueros, su forma mas depurada. Y no hay vuelta atrás".
 Miré con horror a la pista. Ahora y siguiendo un invisible llamado todos estaban bailando. Que es un decir, porque aquellos engendros esmeradamente uniformados y sin estridencias intentaban en vano adelantarse, como si estuvieran en una carrera por llegar primeros. Llegar primeros!  En una ronda! Entienden lo que digo?
Nos trajeron la comida. El vino de la casa tenia un rotulo en el que se veía a Pastura, con una camiseta sin mangas y tirantes negros, en pose anquilosada con una rubia. "POSTURA Y ELEGANCIA" decía la botella.
 En ese instante  comprendimos que debíamos huir.
Pagamos, pedimos una bolsa para llevarnos la comida.  El loco se había ido a buscar un dvd para que pudiéramos escuchar grabada la buena nueva. La "extraordinaria voz de ese hombre notable" Nos fuimos yendo despacio hasta el barco.  Al fondo entrevimos una empalizada hecha de palos clavados en la tierra, distanciados en 10 centímetros. En los extremos se veían zapatos de baile con los cromos colgando, manuales de tango atravesados y destripados, cintas de vhs con las entrañas temblando al sol, Discos de Canaro despedazados. Si hubiera visto la cabeza de un milonguero con la lengua afuera morada por el vino, no me hubiera extrañado nada.  "Las mujeres son terribles cuando se quieren casar, las mujeres son terribles cuando se quieren casar" sonaba y las parejas seguían en su competición hacia la nada.  Desde el agua y comiendo la empanada de pescado, que parecía lo único
real pero menos contundente en su pesadez que aquella practica  delirante, nos fuimos yendo hacia arriba. El Loco de los retazos nos vio y en vez de saludarnos repetía el lápiz de la apertura sosteniendo sobre su cabeza el DVD.

 Muy pronto nos íbamos a encontrar con el Tucumano, el mesías de todos esos bailarines sin alma y sin identidad propia.
Muy pronto nos íbamos a meter como  una puñalada en el inicuo corazón de las tinieblas milongueras.

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