jueves, 21 de enero de 2016

EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS MILONGUERAS 2 (ROSARIO) - Por Catulo Bernal

La Chata Choripanera del Uruguayo Pococho nos dejó  un poco antes de la medianoche en la entrada del "Levante" la milonga del Barrio de Pichincha, erigida en un antiguo prostíbulo y con la pista en donde estaba un patio cubierto al que se abrían las puertas - ahora con  mesas y sitios para degustar las bebidas,  las picadas y adentrarse en la ronda - que antes habían sido la frontera entre la intimidad manoseada del burdel y el colorido bailongo de tango marginal. Pitón Pipeta había ido a pactar con sus amigos un pasaje en el barco milonguero.  Nos acomodamos en una mesa en el ala oeste y al fondo del salón, donde ya estaba Cesar,  anfitrión del Pibe Pergamino cuando milonguea en los Rosarios  y amigo a los dos lados del océano,  compartiendo cerveza Con Javier Loguzzo.  Nuestra amiga Mariana, la dijey musiquera , con un colorido vestido de diseño propio en consonancia con su alegría energética  subía y bajaba por una escalera muy vertical y parecida al carajo - la cofa - de un bergantín, con gran agilidad y un profundo conocimiento del ambiente, que en ese momento estaba Canariando enardecido para bajar las pizzas y la comida.  Busque a los muchachos de entonces: Jóse, el Colo, Erika, Anibal, Adrián, Gabi.  Ninguno estaba.  Y la media tendía a la madurez, cual si el insidioso influjo del Tucumano Pastura, a fuerza de vender productos  tan baratos como sus clases se hubiera metido en la milonga y arrebatado a la colorida juventud milongueril llevándola a una dimensión extravagante. "La pibada se va atraída por mercaderes y profesores de ocasión que venden cursitos baratos y porquerías. Ni jipis simpáticos nos quedan" Decía Cesar.  Mire la pista concurrida, pero no conocida.  En los movimientos de los bailarines me pareció vislumbrar la gloria  de aquella  calle, otrora nexo principal con el comercio internacional de mercaderías desde el puerto y el ferrocarril, zona de esparcimiento de marineros y visitantes ilustres.  Y también toda su miseria de lupanar inmenso y territorio gansteril,  ahora redimido en un barrio con los mejores restaurantes y bares de la ciudad.
Melancólicamente y como si me lo susurraran fantasmas   no pude dejar de exclamar parafraseando al Marlow de Conrad un previsible: "Y también este ha sido uno de los lugares oscuros de la tierra".
Apenas tuvimos tiempo de gozar la camaradería  de nuestros amigos e  imbuirnos de noticias novedosas de Angelito, Vila; Juan, Toto, María Rosa, Ilka, Marta, Hernan, Daniel  y otros ilustres de la milonga Rosarina.  No hicimos mas que zamparnos un familiar de milanesa y ya vino a buscarnos  Pitón Pipeta para llevarnos al barco milonguero que pronto zarparía hacia algún lugar cercano al Impenetrable Paraguayo y al encuentro con nuestro antagonista.  Mientras nos íbamos se nos acercó un mercachifle con un librito: "Curso milonguero del Tucumano Pastura" y un falso corta rondas Balbastur del catalogo para boludeces otoño-invierno.  Sin darnos tiempo a reaccionar Mariana le acertó un Tortafritazo en medio de la nariz, mientras nos saludaba desde la la altura  y nos daba recuerdos para "Juaninacio" - el Pibe Pergamino - que andaba en Japón con el profesor Zilencio.  Carlitos Quintana remato el tortafritazo al poligriyo con una sacada lateral que lo alejó de la pista.  Sonaba Bowie en el intermedio. Las parejas  volvían  a las mesas sin enterarse.  Ya en la puerta Cesar nos despidió imitando a Marrone al grito de: " Tengan cuidado, Mamita Querida!".
Caminamos veinte minutos hasta el embarcadero. Bajamos la escalera de uno de los clubes de pesca, en donde aún había un par de mesas ocupadas en degustar un asado del que nos llegaba  aroma  a humo tardío y surubí -  y bajando por un espigón de madera ennegrecida llegamos a un muelle  donde se leía en un cartel "excursiones Milongueras Paraná - Te llevamos a la milonga que quieras y te dejamos bailar y pescar. "  Zarandeado por las crecidas aguas marrones se veía el barco.  Apenas era un lanchón  de madera con el sugerente nombre de "Racciatito".  Los aparejos medio podridos, una pequeña cocinita a gas que alimentaba la barra  y  un armazón de aglomerado con motivos tangueros sin proporción ni arte bajo un toldo de lona verde.   9x4 metros de esperpento.  Todo se veía  un poco sucio y desprolijo.  Quise saber a quien se le había ocurrido poner una milonga flotante en un barquichuelo como aquel, para luego hacer un tour  por imaginarias milongas a la vera del río en un remedo decadente de un crucero y que saliera a las dos de la mañana. Luego al ver la cara  de Huguito Flin y su socio Jimi Gray  oteando el embarcadero lo entendí. "Estamos en manos de un demente" susurro Romulo Papaguachi.   Hubo ruidos en el muelle y vimos acercarse a cuatro milongueros  que tenían la bolsa de los zapatos en una mano y cañas de pescar en la otra.   Dos parejas con vestimenta entre náutica y banquete  llegaron  y luego de pagar la excursión - no le pregunté a Pipeta cuanto costaba - se acomodaron en los bancos tapizados de rojo Puig. La experiencia se perfilaba como turismo aventura  para tangueros aburridos.  El indio miraba un poco sobresaltado el bamboleo del barco extrañando a su caballo manchado. Bajamos y dejamos nuestras cosas en cuatro literas de un camarote pequeñin.  Arriba sonaba Donato y me acorde de un video donde El amigo Gabi Soda  baila picado y con marea. Pronto llegó mas gente y el bailongo ganó en ridiculo. Un hombre subío al barco, con una caja llena de huevos y una ardilla.. Eran Las dos.  Jimi atendia la barra y repartia una primera particion de chipá quemado.  A ultimo momento llegaron tres Italianos que casi erran el salto y caen al agua. En ese entorno irreal dejamos el muelle carcomido y comenzamos el verdadero viaje al centro de la oscuridad en la que adivinabamos la voluntad de Pastura imponiendose al normal desarrollo de todas las milongas desde el corazon de las tinieblas.

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