jueves, 28 de agosto de 2014

LA RONDA DE LOS MILONGUEROS PERDIDOS - POR CATULO BERNAL



Todo empezó en la sobremesa del asado con el que conmemoramos la primera entrada de este blog, mas o menos a la cuarta botella de Somontano. Aunque en realidad las condiciones se habían formado antes, en la semana, cuando la Pareja Flores-Capussi, notorios por su maestria al unir clown, tango y milonga arribaron a Barcelona para hacer exhibiciones y clases. Nos dejamos influir por el entusiasmo del Pibe Pergamino y toda esta caterva conformada por Papaguachi, Pipeta, Vieytes y Luconi, Maradona, Zilenzio, Desvarietti,  Echesortu, el uruguayo Pococho y un servidor, abandono, cosa rara, el vino y los entremeses cárnicos de la merienda y adecentandose lo que pudo rumbeo para la Milonga Grata, sede de la primera exhibicion, el domingo.
Ya la cosa venia rara desde el principio. Al subirnos al furgón de Pococho, que esta armado con piezas que se trajo del carrito aquel en el que vendía choripanes galacticos en el espaciopuerto del asteroide Zappa, el mismo bruto nos advirtió con sus maneras parcas que estaba probando un nuevo combustible hecho con cascaras de patata, germinados de naranja y antiguas baterías a carbón, según pudo recordar de un delirado texto de Mecánica Popular y un esquema de la revista Lupin, en donde se detallaba el combustible del futuro. En la plantilla hay asadores, locutores, escritores, dibujantes, jinetes, peluqueros, historiadores, bailarines, espías y un poeta. Pero no un inventor.
Así que cuando el furgon fileteado que sirve a la vez de transporte para cronistas, alimentos para la milonga y reclamo publicitario arranco con gran estruendo, una nube negra de alta toxicidad nos penetro y así fuimos sin saber si avanzabamos despacio o rápido. Que nos nos estrelláramos fue un milagro. Que una nube descargara toda su furia y su agua sobre nosotros, mas bien un acontecimiento inducido, como la maquina de hacer llover del ingeniero Baigorri, que atraía la tormenta. Que nos perdiéramos, solo una contingencia. Completamente extraviados sin noción de las calles nos fuimos adentrando en territorio desconocido hasta que topamos con un túnel o un puente, no recuerdo, que se prolongo acaso por media hora larga.
- donde estamos? -  inquirio Piton Pipeta todo preocupado. Cuando? añadí yo, al ver que la tarde que habíamos dejado se transformaba en noche solo iluminada por los faros amarillos del vehículo.
La senda por la que íbamos era estrecha y franqueada por arboles, como las rutas de dos sentidos de la patria, una incongruencia total en Barcino. Pronto se vieron como luces de colores y la oscuridad fue dando paso a un caos de colores en la forma de guirnaldas de lamparas pintadas que estrechaban un claro en el que desembocaba el camino. y allí, parecida a la Milonga del oriental, pero muchisimo mas suntuosa, estaba la pista, llena de gente bailando.
Bajamos del furgón. Como muchachos que llegan tarde al fastuo de su primer baile apenas nos demoramos en la entrada en donde un imponente portero de chaqueta cruzada nos exigió de justiprecio un paso, pero dado a compás. Tuvimos algunos problemas con Vieytes, Luconi y Echesortu, pero al final un milonguero robusto de cara aindiada nos franqueo el paso - dejalos che Jorge Luis - se ve que son gente de calidad.
Nos aposentamos en una mesa cercana a la pista. De alguna forma, en aquella inmensa pista que según como la vieras parecía de parquet lustroso, de mármol o de barro esmeradamente apisonado todas las mesas estaban cercanas a la pista y cercanas entre si, por un inexplicable truco optico que no alcanzo a entender. Había una concurrencia imponente, casi toda de gala. Y hasta nuestros trajes nos parecieron mejores, acaso por la luz de las bombillas. Y entonces, sentados, pedida y consumida una primera tanda de copas de vino nos dedicamos a ver la pista.
Nos quedamos un poco asustados. Todos eran tremendos milongueros y bailaban, cada cual en su estilo, con una calidad que no habíamos apreciado nunca en ningún milonga. Hay milongueros  y parejas que destacan. En una noche buena puede haber en la pista hasta cinco o seis. Luego vienen los buenos, los mediocres y los malos. Pero en la ronda no había ninguno malo. Todos eran impresionantes.
 -Mamita - dijo Romulo Papaguachi - el que haga exhibicion esta noche lo va a tener crudo - pero uno que estaba sentado con unos papeles me dijo -exhibicion?, jajaja, eso  es para los tirifilos. Aca tenemos desafios. Pero siempre empatan. Ahora mismo ya lo ves, estan medio estudiandose el Vasco y Ovidio Bianquet, con Carmencita.
Mire a la pista, mire a mis compañeros. Mire a los que señalaba el hombre y medio los reconocí, de fotos, de peliculas viejas. Era como si el blanco y negro en el que los conocía se hubieran transformado y estuviera asistiendo a una recreación de época, pero real.
Hemos recorrido mucho camino, vivido muchas experiencias, pero ninguna como aquella, ver bailando tandas y tandas y tandas al Cachafaz, a Petroleo, al Vasco Ain, a Virulazo, a Pepito Avellaneda, a Paiva, a  Simarra, a maria la vasca, a la china, a Anton, a  Misse y a Zotto. Nos quedamos toda la noche mirando como se movían y se divertían esos grandes que se fueron alguna vez, pero que estan presentes en los pasos y en las figuras que repetimos, reproducimos y malversamos a lo largo de las rondas, las tandas y la vida. Me pregunte si acaso habíamos llegado a un valhalla en el que todas las noches los milongueros que se fueron vuelven a la vida y se ensarzan en lucha contra la gravedad solo ayudados por sus pies y su corazon. Crei reconocer a algunos amigos que perdi:  Paquito, Luis. Muchos que de alguna forma poblaron mis poemas con su estilo. El Pibe Pergamino se puso a hablar con un milonguero bajito de chaleco, llamado Miguelito. Le dijo - decile a Vila que lo espero.
Estaba amaneciendo. Le pregunte a un hombre bien vestido cuando terminaba la milonga.
- No termina nunca pibe.
 Comprendi, al ver sus gestos y esa expresion risueña que salvó tantas veces a Gardel en las películas y que pertenecía, sin duda a nuestra fuente de inspiración, que nuestro lugar no estaba ahí, que debiamos volver a la milonga real, mas pobre, pero la que nos pertenecia. - Vamos muchachos. -Dijo el hombre de los papeles. el barrio debe volver al sosiego, y deben llorar los ojos del ciego. Es tarde. . si -  dije -don Evaristo, ya nos vamos.. Llame a la banda. Y  aunque alguno remoloneo todos entendieron que debiamos partir, porque habia identificado a camaradas perdidos, a conocidos, a amores que se llevo el tiempo.Y una especie de nostalgia  nos dominaba. Asi que uno a uno nos fuimos sentando en el furgón, mirando la ronda, que no decaía.
Tito Lusiardo nos contemplo un rato y el mismo se fue a bailar y no se quien conducia mientras nos alejábamos, pues todos estábamos hipnotizados mirándolo. Entonces llego el tunel y la oscuridad y la noche de Barcelona. Habíamos salido cerca de las ramblas, por  la milonga del Aquelarre. Un cartel luminoso indicaba la fecha y la hora AGOSTO 26 - 00.48. horas. Habíamos consumido 16 dias de nuestra vida en aquella milonga y llegábamos tarde a la ultima exhibicion de Flores y Capussi.
El verano se nos escapaba de las manos, con el recuerdo de los festivales, la playa, la ligereza de los milongueros perdidos. Pero ahora teníamos la esperanza y la añoranza de una milonga perpetua, que nunca cierra y donde - quiero creer -  que algún día todos los que amamos el tango nos encontraremos.

No hay comentarios: