martes, 15 de abril de 2014

LA BATALLA DE LOS ELENCOS MILONGUEROS - EPICA EN LA MILONGA DEL SEPTIMO DIA- por Catulo Bernal.

Tres eventos milongueros había este Domingo en Barcelona. Y uno me lo perdí. Yo que suelo solazarme en la contemplación bucólica de los canes incontinentes y las disputas que sus dueños entablan con gentes más urbanas me vi arrastrado por el fervor del Pibe Pergamino, que actuaba con los Muchachos del CAMILO TANGO SHOW, a ver la ultima función. Hacia un papelito de ganster y prestaba su voz para la locución final. Por lo que ya se ve interpretando a rey Lear, el pobre desgraciado. Yo que quería ir a la presentación Única del Barcelona Capital Tango, de la amiga Lezcano, me vi arrastrado por el necio a una butaca donde me dejó literalmente, para cumplir su aspiraciones de actorzucho y galán incumplido. Se fue, digamos,  a hacer de artista.  No haré la crítica del evento.  En su día el profesor Yamate hizo  un enfervorizado comentario que pueden leer un poco mas abajo, y al que suscribo, comprendiendo la postura de ambos amigos y colegas.  No es esa la finalidad de este escrito.  Comenzaré por narrar indistintamente estos hechos de locura - al decir de Salinger - que me llevaron de un extremo a otro de Barcelona hasta terminar comiendo a las cuatro de la mañana Tomates de la huerta con Cava.
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Terminamos a las siete y media de la tarde.  Imposible llegar al otro evento. Pensaba tomar quizá una cerveza y disfrutar las migajas de la popularidad del Pibe, pero el hombre estaba lanzado. Me arrastró en rápida sucesión a dos milongas cercanas: milonga Grata y el Casino. Y yo lo seguí, porque tenia la remota esperanza de encontrar a quien trastorna mis poemas desde hace un tiempo, paseándolos por el pan rallado de la desesperacion -  esto ultimo esta escrito bajo su influencia - y me hace desear salir de mi, ser un otro.  No me extenderé en los hechos. Canto Raul Mamone en el casino, una tanda emocional y sensiblera. Y hubo quien sintió latir su corazón en sintonía.  Yo no. Ella no estaba. Y como venia mal bailando y mal parado en el dia, me vi en el espejo y de pronto quise que hubiera otra milonga en donde pudiera encontrarla. Era casi medianoche y el domingo ya deambulaba arrastrando los pasos como un condenado hacia el lunes.
Comence a escribir unas palabras, apenas un esbozo de tristeza en una servilleta, cuando vi al Pibe Pergamino Erguido en toda su amplitud. - "Vamos", me dijo. "quedé con los muchachos del elenco en la Milonga del Septimo Dia". Lo mire. Mire el papel. Me subí al entusiasmo del pibe, ya ojeroso, el compás cansino, la ropa apenas sostenida por su orgullo. Venia milongueando, trabajando y actuando sin parar desde el jueves y no parecía notar que estaba al borde de la extenuacion. Cualquiera en mi lugar hubiera hecho lo mismo, le hubiera dicho. " no pibe, quedate piola. tenes que descansar. Estas al borde del colapso. "  Cualquiera. Pero yo no. "Vamos " le dije. Tome el metro o fui en la moto de Alguien, acaso el mismo Raul. No lo recuerdo. El caso es que cuando llegamos a la milonga se dio el raro e inusitado hecho de ver a tres elencos, que habían actuado el mismo día, disfrutando de la pista y el esparcimiento en la misma milonga. Digo tres: COMPAÑÍA TANGO AMADO, BARCELONA CAPITAL TANGO , y LA HUELLA, que pronto estrena espectáculo pero mandó la avanzadilla al casino. Los tres en franca camaradería, los tres en laxo relax, los tres disputando una silenciosa y no dicha supremacía del espacio. No me valen números, ni cantidad.  había desigualdades evidentes con respecto a integrantes. No me metere en cuestión de calidad. Los tres tienen en sus filas profesionales de probada valía. No. Al ver aquella pista, supe que la batalla se libraba a otro nivel. Descargados los nervios, la ansiedad, las vísperas, asumido el vacío del después, el hecho cierto de ya lo hicimos, y la constatación real del inmenso cansancio, aquello solo podía dirimirse en la ronda, a ver quien se aguantaba hasta el final de pie y era capaz de voltear a los otros.  El Pibe Pergamino supo igual que yo que el campo iba a ser del que aun con los pies reventados y con la columna encorvada por el peso de tantas noches en vela, podía tutear a sus limites y decirles: "No queridos, aquí mando yo. Y esto aun no esta resuelto". Desperdigadas por toda la sala las botellas de cava y champan pasaban de una a otra mano. Pedí un tinto y me dispuse a ver el espectáculo.
Cual furias descargaban los tangos sus compases machacones sobre los bailarines. El objeto era no dejar la ronda desguarnecida de contendientes. Si salia un CAMILO, ahí nomas le hacia frente un CAPITAL y para no ser menos se le animaba uno de los muchachos HUELLEROS, codo a codo con los habituales noctámbulos y aquellos que no creen en el lunes y apuran la milonga a ultimo momento. Ignoro, si los bailarines comprendian esta guerra secreta y no declarada. No había  disputa, solo la intención de llegar hasta el final. De divertirse y sacarse de encima responsabilidades y un trabajo ejecutado y terminado con esmero. Entre el jolgorio y  la algaraza la celebración del cumpleaños de Ramon, otro que como el pibe, no suele perderse ningún entrevero milongal. Los mismos dioses milongueros hacían sus apuestas sobre los guerreros, que embravecidos redoblaban sus pasos, dejandose los pies en cada tanda.  Pero la noche avanzaba y con ella los estragos del pasado reciente. El grueso de CAMILO,  aquejado de nocturnidad y obligaciones se perdió entre las sombras dejando tras su paso cráteras y botellas dadas vueltas. Quedaban no obstante, representantes : Montse,  Josep y el pibe Pergamino, que hacían papelitos menores pero no por eso iban a dejar caer los estandartes. Por los CAPITAL,  aguantando el embate Silvia y Coco. Por la Huella, Solo Raúl. Serian las dos de la mañana. La noticia de la batalla se había ido extendiendo solapadamente entre los que quedaban. Pronto la mesa de los CAPITAL quedó vacia por el abandono de Silvia y Coco. "Esto es cosa de dos" me dijo alborozado el Pibe Pergamino. Y luego me mostró sus pies y eran, lo juro, como los de los exploradores árticos, negros de penalidad, rotos de sufrimiento. Un rato mas tarde, aquejado de excesos, se tumbo en el sofá y se quedo dormido.
La pista no decaía. Valses, milongas, tangos cantados o instrumentales. Me zampé en rápida sucesion dos o tres montaditos y otro vino. Era la hora de los valientes, los voluntariosos, los heroes que nadie tiene en cuenta.  Los otros, solo podiamos manifestar nuestra ansiedad en la voracidad y la contemplacion de la ronda, plena de lábaros caidos. Entonces, como una trompeta, o un cuerno llamando al fin de las hostilidades Josep, musicalizador y organizador de la milonga anunció por fin la ultima tanda.
 Quedaban seis parejas. Solo entonces comprendi que nos habiamos equivocado. Aun quedaban, vivos y representados los tres elencos. Cerrando el tango estaban aun en la pista Josep Paradell, el paladin de Camilo, Raul Mamone, el campeón de la Huella, Y Toni Barber, el iluminador y escudero de BCN Capital Tango.
Triple empate. Dulce victoria del teson y el coraje milonguero. Desperté al Pibe, pensando que nos íbamos, pero faltaba el ritual: Tomates de la huerta servidos con sal y aceite por Teresa. Pero esta vez aderezados por cava del cumpleaños de Ramon. Eran las cuatro de la mañana. El pibe tenia que levantarse a las seis, pero no creo que le importara mucho. Así se cerró la milonga del séptimo día, con una batalla no declarada y empatada en la que los que quedamos nos fuimos adentrando en el lunes con animo de fiesta y el alma bien arriba.
Ojala todos los domingos tuviéramos elencos y espectáculos tangueros para elegir en Barcelona. Ojala y porque no,  la vida fuera gustosa y simple como unos tomates  de la huerta con sal y aceite a las cuatro de la mañana con cava y un poco de pan.
Ojala.

Nota: Esta humilde relación va dedicada a todos aquellos que no decaen nunca en sus batallas, que a fuerza de grandes sacrificios personales siguen adelante y en pie. A todos los que no creen en el lunes y siguen empeñados en hacer que la vida sea un domingo de fiesta.
Y a Juan Carlos Anton que se fue este domingo a la milonga que no termina. Que nunca fue mi profesor. Pero me dio clases sin saberlo.
Adiós maestro. Hasta la próxima tanda compartida.

2 comentarios:

Silvio Marel dijo...

Se nota que quiere la milonga con un fervor y una pasion tremendas. Me hubiera gustado estar. Pero no pude

Vanesa Lopez dijo...

Ojala vuelvan a represetnar esas obras. Y ojala pueda disfrutar los tomates de la huerta