martes, 10 de diciembre de 2013

MILONGAS EXCLUSIVAS DE PISTA CON CANDADO - Por Yamate A. Zilencio

A lo largo y a lo ancho de este mundo y acaso de los subsiguientes no hay grandes cambios en el aire de una milonga, en su ambiente, en las gentes que lo pueblan y animan. Podrán variar los entornos, las formas de llegar, el suelo, el clima los decorados, la iluminacion. Pero el alma de la milonga es la misma. Aunque claro, hay excepciones. Una de ellas, acaso la mas notable era una milonga bimensual, mas bien un encuentro llamado  ostentosamente "Zapos de otro poso" organizada por una oscura sociedad casi ocultista denominada "Grupo de tango horizonte cenital". Aquellos cretinos, gentes que habían arribado al tango desde asociaciones culturales, conclaves de baile de salón e incluso peñas mazurqueras   presumían de pertenecer a una especie de elite ilustrada en los asuntos del tango. la forma, el contenido, la manera de sentir y de vestir, de abrazar y desplazarse por la pista, amen de otras consideraciones como la latitud y longitud de procedencia y el entorno. Y he escrito que se llamaban ostentosamente "Zapos de otro poso" porque en su delirio pensaban bailar siempre distinto, zapando, que en jerga musical  es improvisar sobre un escenario sin partitura, cuando repetían casi los mismos esquemas y los mismos tangos en su milonga. Lo de poso hacia referencia directamente al buen vino que deja su marca en la copa, además de disuadir a todos los demás milongueros que los tacharian de bárbaros, e incultos, una forma de escondite similar a la carta robada, en donde lo evidente es el mejor lugar para ocultarse. Así los miembros de esta supuesta elite iban fijándose en las milongas quienes parecían cumplir con los preceptos del grupo y discretamente lo invitaban a sus encuentros, luego de obligarlo a rellenar, también discretamente un  cuestionario que había de contestar en un noventa por ciento de manera correcta. El contenido de este cuestionario es mítico. Se preguntaba por ejemplo que cantor de la orquesta de Pugliese te gustaba mas, siendo excluido automaticamente si era Moran o cual era el procedimiento que seguía para sacar a bailar inhabilitando a quien cometiera la torpeza de llegarse hasta la mesa de la señorita o no levantara las cejas a la vez que subía los hombros cuando cabeceaba. La contestación del cuestionario servía también para asignar las mesas en la milonga. Aquellos desgraciados que habían entrado con un ochentaynueve y medio casi rasposo eran confinados a mesas oscuras cerca de los baños o fronteras a donde se hacia la crudite de cascaras de patata con salmón albino. Los que sacaban ochenta tenían derecho a espiar el esplendor de la pista desde un ventanuco cochambroso. Los de setenta podían bailar en la puerta con la musica de adentro hasta que los detuvieran.
Decir que era una milonga exclusiva es un oximoron. La milonga es de todos y si es exclusiva no es milonga. La asociación llego a hacer hasta 30 milongas, hasta que uno que había sacado cincuenta y cinco y lo llevaron a los limites de la ciudad so pena de encarcelarlo, difundió el lugar exacto y el emplazamiento de "Zapos de otro Poso". Entonces comenzaron a llegar desde todos los rincones turbas y bandas de milongueros que destrozaron la puerta y al mejor estilo del "Acorazado Potemkin" coparon la pista de fino parquet de cedro libanes, mancillandolo con sus pasos vulgares. Los miembros de la Elite huyeron de la turba, protegiéndose de un seguro linchamiento.
Cada tanto alguno de estos miembros nostalgiosos organiza un evento similar.
Pero y por suerte. no es la regla.

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