martes, 5 de febrero de 2013

La historia de Norberto "Golem" Lubliski

Quienes frecuentan las mesas en busca de aperitivos para distraer su hambre y su soledad en compañía de conocidos, amigos o simplemente personas a las que causar pena para entablar luego una amistad de cuatro de la mañana y así ayudarlos a compartir su botella de vino con picadita de milanesa incluida los recordaran, dos milongueros de figura dispar: el uno bajo y atezado, de esos atezados naturales que solo se adquieren en prolongadas exposiciones al sol del tipo albañileril o campesino, los ojos juntos y la nariz casi inexistente, la raya al medio ajusticiada a cada lado por cuatro remolinos que disponían los cabellos a oriente, occidente norte y sur - de ahí su apodo: "el profesor Brújula" otorgado por  el turquito Abrahan, que pasaba por ingenioso y hasta urdia genealogias de apodos en virtud de rasgos faciales, estadisticas de gastos y variaciones atavisticas - la vestimenta ligeramente enbadurnada con tintes variopintos de olor dispar que lo sindicaban como químico, pintor, soltero o todo al mismo tiempo. El otro alto, pálido del color de la harina mohosa, cachaciento, la indecible mirada perdida en reinos que los mortales comunes no osamos atisbar,  cejijunto y de rostro poroso, surcado aquí y allá por trazos y fisuras -  como si un artífice chapucero  le hubiera malpulido su cara para acabar a tiempo un encargo - los cabellos cayendo sobre la escasa frente,  pajizos, del color del polaco deslucido que vive en serranías, la zancada afectada a un tic nervioso que lo recorría de arriba a abajo hasta llegar a los mocasines de charol predispuestos a romperse con lo que había merecido por la maldad del turquito dos apodos: "El Golem" y" Toma a Tierra. ". Se sentaban en todas las milongas, mirando a oriente. En "la del Oriental" de cara a la salida del sol al que esquivaban como vampiros o milongueros en general - pues cuando uno es joven gusta de postergar el sueño hasta que el sol ya lleva escalados dos metros sobre el horizonte, pero cuando uno esta arribando a la media decena de años esquiva el trato de los rayos solares pues teme que con el día se hagan evidentes sus imperfecciones, el horadante trato que los años y los excesos comienzan a dar a su cutis - yendo a guarecerse a rumbos desconocidos del tipo de "Donde el diablo perdió el poncho".
 Bailaban una media de  seis tandas por noche: una de vals, otra de milongas, cuatro de tangos, siempre de Pugliese o Disarli, con esa economía de movimientos que a veces denota perfeccionismo y otras simplemente ignorancia.  Nunca se los vió juntos en la pista, se alternaban.  Si bailaba "El profesor Brújula" "El golem" lo esperaba en la mesa, reconcentrado, la cara hacia abajo pero los ojos entornados hacia la mitad de la ronda. Si por el contrario "el golem" estaba bailando "El profesor Brújula se mantenía erguido en su silla, con los ojos apenas abiertos, en una inmovilidad sospechosa.
Esto llevó a la extravagante tesis de que "el Golem" era no solo apodo, sino su condicion natural, que el profesor Brújula, lo habia creado por artificios y que llevaba en la frente, bajo los cabellos la terrible palabra verdad - "Emet" en hebreo, a la que se podía modificar borrando la primera letra, lo que daría en consecuencia la palabra muerte. Piton Pipeta y el profesor Maradona, a los que atraen los retos, se propusieron sacar a la luz la historia:: se aliaron para bailando hacer caer al Golem y así como quien no quiere la cosa, atisbar si en la frente estaban grabadas sus palabras. Hicieron sanguchitos inverosímiles, dispusieron en su trayectoria boleados varios para que con ganchos lo hicieran tropezar.  Todo fue en vano.  El Hombre, demasiado consciente de su altura, caía sobre su eje como una pared de adobe hundiendose en el suelo.  Al final, cansados de propiciar la caida, los dos sinvergüenzas concibieron la idea de enamorarlo incluyendo en sus planes a la Flaca Romualda. milonguera desgarbada pero de gentiles formas, a la que el Golem sacaba una cabeza y que siempre tenia dificultades para encontrar pareja. La flaca accedió, no por el misterio, sino porque el Golem le había gustado siempre.  En la noche en que se desvelo por fin el enigma el "golem" impugnó sus costumbres, bailando casi todas la tandas con la Flaca. Luego se fueron a la mesa, en donde los esperaba "el profesor brujula". Apenas se sentaron se lo vio al profesor iniciar una retirada hacia el costado de la parrilla, en donde se quedó sentado, mirando como los chorizos progresaban en su carbonizacion.  Los muchachos parrilleros no se dieron cuenta que estaba allí, atareados en la presentación de viandas y achuras.  En tanto en la mesa, la pareja comenzo a hacerse discretamente caricias, soslayados por Piton, Maradona y Romulo Papaguachi que habiendose unido a los tunantes curioseaba, por no tener otra cosa que hacer.  En un momento la flaca le retiro los pelos de la Frente al Golem.  Pero ahí no había ninguna palabra escrita.  Un rato más tarde, los dos se fueron y nadie más los volvió a ver.
A las dos y media de la mañana, mientras el uruguayo Pococho avivaba el fuego para arrebatar un matambre que se hacia esperar, una chispa cayó sobre "El profesor Brújula". Se oyó como un siseo y la piel de la cara se le achicharró literalmente. Un surco negro le recorría la cara y los muchachos, lo apagaron con un vaso de vino aguado. Luego se comprobo que el profesor era en realidad un muñeco de goma, de controles sofisticados que había inventado el Golem para distraer su melancolía.  El mando a distancia, lo encontraron después, olvidado, bajo la mesa.
El negrito "Virtudes" electricista oficial de la milonga y maquillador profesional, le reconstruyó la cara y lo utiliza a veces para desmontar algún panel o complacer, a alguna de esas extranjeras poco agraciadadas, que no faltan en toda milonga, para que no se vayan del bailongo sin bailar...

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