miércoles, 2 de mayo de 2012

EL DOCTOR JECKILL Y MISTER HYDE, APLICADO A LA MILONGA

Hace tiempo contábamos el extraño caso de Petronio Sacachanca, el justiciero de la milonga, quien, por calzar unos zapatos que encontró en la basura se clavó un clavo oxidado en la planta y se transformo de misero contable a justiciero de la milonga, castigando por igual a patasueltas y otros propinadores de puntazos.
Es un caso extremo, pero en la milonga ha habido muchos que repasaremos hoy.
EL FLACO STANI: Un humilde cartero de los suburbios que en
noches de luna llena se transformaba en milonguero. Le crecían patillas,  las puntas de los pies temblones se le alargaban e incluso se le mudaba la ropa de una anodina muda celeste a pantalón blanco y camisa Hawaiana. Despertaba en los callejones linderos a la milonga, manchado de carmín y sin recordar que había hecho la noche anterior.
EL GORDO BARRENITA. Despreciado por todos, vilipendiado en su trabajo por un jefe inmoral se ceñia los fines de semana una faja mágica  atribuida al dios Thor que le adelgazaba la figura, le rebajaba la papada y lo dotaba de fuerza descomunal. En mitad de una tanda de Pugliese y sin venir a cuento podían verse por los aires a las compañeras de Barrenita ejecutando toda suerte de piruetas y malabares. En una tanda de vals quedo literalmente empotrado en el suelo aflojándose la faja e imposibilitando su rescate. Vivió hasta los setenta años de la caridad de los dueños de la milonga y el publico en general que giraba en torno a su figura.
MARISA, LA PITONISA:  Un ama de casa vulgar y corriente. Al llegar el jueves se vestía con negros ropajes y abandonando a su marido y a sus hijos se iba a la milonga y no aparecía hasta el lunes por la tarde. Según parece con solo mirar un instante la ronda podía adivinar los devenires de todos los danzantes y aconsejar a su pareja en consecuencia. Murió al caer en una fosa septica.
CHACHO EL BORRACHIN: Este caso es casi un genérico. El hombre en un ambiente normal era un caballero atildado y de buenos modales pero al mojarse por dentro con alguna bebida alcohólica se transformaba en una criatura pegajosa, babeante y desagradable que apretaba a sus parejas hasta exprimirlas en un falso remedo de amor y romanticismo. Una noche se lo llevó puesto el carro de un churrero que en pendiente bajaba por la calle sin control.
Pero el caso mas extremo de cambio radical es el de Ricardo Ramon Medinaceli.
Ricardo trabajaba en fiestas infantiles, eventos y convenciones como el payaso "COMPOTITA".
Tenia la gracia chabacana y vulgar del gracioso desmedido y sinvergüenza que se requiere para despedidas de soltero y casamientos forzosos. Era estrafalario, chillón, malsonante y pedorrero..
Según parece al volver del trabajo gustaba de escuchar tangos de varias orquestas hasta que un Primo le regalo un compilado de Pugliese.
Desde ese día se lo vio en las milongas ataviado de negro riguroso, peinados los cabellos en impecable casco y con una seriedad sepulturera acorde con la  queja monocorde de tristeza que tanto desagradaba a Borges.
Ninguno que lo haya frecuentado en la milonga le escucho jamás un chiste. Nunca se permitió una fantasía en su caminar sobrio y medido. No levantó la voz y habló lo justo para hacerse entender o demandar un café con anís. En lances amorosos pecó de corto y tímido siendo a veces casi violado de palabra por mujeres de buen ver.
Era un ser sufriente por las noches y un guasón bromista por las mañanas.
Murió de estreñimiento en una milonga copetuda por haber comido en un cumpleaños de pibes al mediodía tres platos de porotos.
Mientras iba cayendo se rió con carcajada escalofriante.
En la mano apretaba una nariz postiza...

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