jueves, 29 de diciembre de 2011

OTRO AÑO NUEVO FUERA DE CASA EN UNA MILONGA RARA (EXPEDICION A LA MILONGA DEL SAMURAI CANYENGUE 6)

 Siempre me han parecido un poco tontos aquellos ocurrentes que al llegar la madrugada del 31 de diciembre se despiden sabiendo que volveremos a verlos en la milonga del día siguiente con un "Nos veremos el año que viene" o similar, adoptando una postura indolente y el aire de Oscar Wilde, que en su caso no es el que llevaba  en las tertulias literarias
sino mas bien el que se le quedó cuando salio de Reading.
El caso mas extremo de esta chanza fue el que le ocurrió al Chino Almada. La madrugada del 31, hacia las seis y media mas o menos dijo como todos los años "bueno, si no nos vemos hasta el año que viene." Los griegos (de donde proviene parte de nuestra cultura y esa ansiedad tan occidental por conquistarlo todo) sabian que estamos casi siempre en manos de dioses caprichosos y a veces frívolos y que no conviene tentar al destino. El Chino siempre encontraba su casa a pesar de las agudas intoxicaciones etilicas, propias de la época. Desgraciadamente aquella madrugada unos mercaderes lo secuestraron  y vendieron a un carguero con destino a Taiwan.  Allí lo pusieron a trabajar con resaca en una fabrica clandestina prelavando pantalones. Luego de malvivir durante 5 meses en una pocilga de dos por dos junto con otros 20 compañeros logró fugarse cuando un "comando de comercio justo" reventó la puerta de la fábrica. Almada no se quedó a ver que pasaba, salió huyendo hacia la oscuridad de un país desconocido sin comida ni pasaporte. Luego de ingentes penalidades consiguió volver medio famélico a la "milonga del Oriental" la noche del 1 de enero, justo un año después del secuestro. Arrasó con choripanes, achuras, vino y canapés y los amigos(que no entendieron la sutil broma del azar) comenzaron a esquivarlo.

 A nosotros nos pasaba mas o menos lo mismo. El año pasado, prisioneros de los piratas en la Galaxia Firulete, luego de alzarnos con el codiciado "Torneo Intergalactico de Truco" terminamos brindando con vino barato y un salamin que nos supo a nada. Este año que planeabamos quedarnos panchos en la milonga, comsumiendo sanguches de milanesa y vino "El Zaragozano gran reserva 2001" para terminar bajo los tablones empapelados de papel blanco, nos agarró el fin de año en una encrucijada espacio-temporal, buscando una milonga que cada vez nos parece más mítica. El rastrojero del Uruguayo Pococho, que no parece necesitar combustible, acaso por los muchos años que paso el giganton con alienigenas, nos llevaba esta vez entre un bosquerio tupido hasta que se despejaron los arboles y a nuestros ojos apareció un suburbio engalanado con ziguratz en cuya puerta unos pueblerinos de tocado y sombrero nos veían pasar en silencio apenas sorprendidos por la rareza y mugre del rastrojero rojo. Dejamos el vehículo en el primer baldío que encontramos y luego de preguntar en un babilónico inventado(una aplicacion del artilugio móvil del Profesor Maradona) nos encaminaron a un bailongo en el que la pista, mas ancha que larga, compadecia a una parejas que danzaban con gran estilo pero equivocado. Era como si trasladaramos al baile la imagen de un japones cantando Yira Yira, con los mismos enfasis y argentinismos erroneos. Los danzantes al entrar en la ronda dejaban peluca y sombrero en unos percheros dispuestos en redor ofreciendo a la noche el espectaculo de sus craneos rasurados. Pedimos de comer, luego de cambiar nuestras chirolas, que resultaron una pequeña fortuna para aquellas gentes. Nos trajeron un asado de pajaro dodo en su jugo, relleno de una farsa con vegetales y otro tipo de carne. Para acompañar tres botellas de vino de Falerno, que estaba fuerte pero agradablemente especiado.
La verdad es que casi  nos habiamos olvidado de la "Milonga del Oriental" y la del "Samurai canyengue", hinchandonos los carrillos con los manjares y practicando esa costumbre milonguera tan propia de criticar el patetísmo bailistico del ser ajeno.
Incluso se nos acercó un muchacho que luego de ser convidado con vino(como corresponde) le preguntó a Pitón Pipeta, que es el que mayor dignidad adquiere en borrachera, si lo podia hacer inmortal. Estuvieron hablando largo tiempo hasta que un sonoro "que vienen los Asirios" repetido, magnificado y  traducido por el artilugio del profesor, precipitó la huida y abandono de tan pintoresca milonga. Ya en el rastrojero, el muchacho aquel nos siguió un trecho. Piton le dijo "Tomá pibe, cuando veas que la parca te anda buscando empezá a comer de estos" y le tiró una bolsita de revenidos caramelos "Media hora".
Y ahi se quedó el muchacho aquel esperando la masacre de sus amables enemigos.

Creo que se llamaba Gilgamesh.






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