martes, 22 de noviembre de 2011

EXPEDICION A LA MILONGA DEL SAMURAY CANYENGUE 5- - bitacora del universo milonguero paralelo -

Ayer me enteré que el profesor Maradona llevaba entre sus escasas pertenencias un dispositivo móvil que permite enviar datos desde cualquier lugar del mundo.
 El problema es que no estamos seguros de avanzar por el mismo mundo que conocemos.
Ya nos pareció raro que el paisaje cambiara hacia un verdor subido, ajeno a nuestra pampa.  No digo ya el tono purpurado del cielo, ni las nubes, que iluminan cual soles la perpetua penumbra del entorno.

Según el profesor estamos es una especie de universo paralelo al que accedimos por traspasar la pared del Oráculo Vinchiguerra.
Aunque esto, mas que universo paralelo se parece mas bien al sueño idílico de un milonguero que solo vive de noche y lo único que hace es contar el tiempo hasta la próxima milonga.
Y si bien tenemos mas posibilidades de encontrar la "Milonga del Samuray Canyengue" motivo de la expedición, estamos más lejos de casa incluso que cuando fuimos a disputar el "torneo intergaláctico de truco".
Dice Pitón Pipeta que para volver  casa basta encontrar la parte de atrás de la milonga del Oriental.
Pero eso, parece incluso más difícil que dar con la milonga mítica.
Por lo tanto y luego de canjearle el dispositivo al profesor,  que desconfía de todo artilugio electrónico por sus largas lecturas bradburianas,  me propongo llevar una especie de cuaderno de bitácora en la que volcaré una relación de lugares y milongas que visitamos al inimitable estilo de Marco Polo.
Comienzo pues y sepan disculpar si la sintaxis falla. El dispositivo en un clon chatarrero del original y el mundo que hollamos otro clon.

19 de norieldo de 2011:
Llegamos hoy a una región que se conoce como" Pampa del afeitado", porque los antiguos habitantes no solo robaban a los viajeros sino que también los afeitaban a su gusto para que no volvieran nunca más. Dos son las ciudades principales: Papilino y Salandra, de las cuales solo Papilino tiene milonga.
 Salandra odia a papilino. Papilino considera que Salandra es un suburbio donde solo viven malos bailarines.
Los habitantes de Salandra se dedican al comercio y venta de felpudos en los que se lee: "La milonga es al lado" y que trenzan con buriles de cáñamo que crecen en el fondo de las charcas. Visten con camisas de rayas  finas y pantalones de rayas gruesas. Las mujeres al contrario visten coloridos vestidos de lunares.
Los niños visten liso.
Los viejos, los locos y las mascotas (excepto las zarigueyas que les causan grandes daños) visten de cuadrillé.
Son idolatras y adoran a los  nacidos un 29 de Febrero que se hayan quedado completamente calvos antes de los 33 años.. Frecuentemente organizan expediciones para encontrar a su mesías pero hasta el momento no se ha dado el caso. Mantienen altares personales en los que queman incienso y excrementos de escarabajo que propicien la extinción de sus vecinos.
Papilino en cambio y acaso por la existencia de la milonga profesa un  ateísmo fruto de su estado de bienestar: no han tenido las dificultades suficientes para encomendarse a ningún dios y son demasiado indolentes para buscar uno.
Se dedican a las apuestas deportivas (aunque no tienen deportes) y a la venta de artículos milongueros.
Toda la ciudad es un conglomerado ingente de  puestos desorganizados que  vende y exporta estos artículos de baja calidad.

Así es posible, siempre que se cuente con recursos,  hacerse con un barato kit completo de milonguero que incluye: vestimenta, zapatos, implementos de moda como corbata y prendedor, gemelos, tarro de gomina con incrustaciones y hasta galochas para proteger los charolados de la lluvia.
Vi en uno de los puestos el muñeco Vudú de Corchito Echesortu, que se comercializa malamente en la Tienda de" La Bata de Lusiardo" en el impenetrable paraguayo  y una versión del"curso para milongueros principiantes" del Pebete Burundi, en un idioma que no reconocí.
En un lugar así cabria esperar una proliferacion de milongas, pero solo hay una reglamentada por el municipio.
Se llega a ella por una calle en pendiente a lo largo de la cual los mercaderes vocean su mercancía. Quien atraviesa esta calle debe (también por ley) comprar aunque sea un articulo. En nuestra ignorancia avanzamos trabajosamente por la pendiente sin comprar nada y fuimos precipitados hacia el principio por las patadas de una especie de policia habilitada a tal efecto
.Pensamos que con todos estos prolegómenos la milonga seria un escandalo de buenos bailarines y bellezas.
Muy por el contrario nos topamos con un imponente  y anodino galpón de blanquecina luz bajo la cual los asistentes bailaban una especie de tango descarriado que no conoce de compás ni reglas.
Acomodamos los artículos en la mesa, pero nos hicieron pagar un estipendio para dejarlos al lado nuestro.
Intentamos comprender los códigos de esta milonga, pero nos resultaron complejos e indescifrables.
Quisimos entablar amistad con los naturales, pero al parecer no se puede, por reglamentación Municipal.
A los forasteros se los suele ver al costado de la pista, libreta en mano, registrando los pésimos pasos de los bailarines. No les esta permitido bailar, siendo su función ensalzar  y alabar las bondades del baile de los papilinenses. En contadas ocasiones se permite que una pareja extraña baile en la milonga, para lo cual debe primero aprender con los profesores habilitados luego de pagar grandisimos gravamenes. Lo contrario seria vulnerar el registro estable establecido de parejas bailables papilinenses y por tanto un error administrativo grave.
Si una pareja extranjera quiere entrar a la pista sin el correspondiente registro es sacada con violencia por los empellones de los bailarines estables. Si un hombre o una mujer intenta bailar con un natural solo obtiene indiferencia y malos gestos.
Quisimos meternos por la fuerza para demostrarles a estos gañanes lo que es el verdadero tango hijo de la picaresca nacional y enseguida nos devolvieron a nuestro sitio a fuerza de escupitajos.
Para colmo de males los consumibles eran horrorosos. Pedimos una botella de vino y nos sirvieron a cada uno un vaso  de tubo en el que el vino venia ahogado por tres medidas de agua con gas. Una picada de milanesa que pidió el uruguayo llego fría, casi sin rebozado y hundida en un liquido que parecía mayonesa de soja..
Hartos de la pedanteria insultante de los papilinenses nos fuimos sin pagar, desandando la calle de los mercaderes.
Curiosamente estos, que a la entrada vendían artículos milongueros, ahora solo querían vendernos  mapas de salida y pasaportes en los que se leía en rojo  la palabra " rechazado".
 Acompañaban sus pregones con rechiflas e insultos.
Abandonamos Papilino deseando que los Salandreses encontraran prontamente algun calvo menor de 33 años nacido el 29 de febrero que enviara a sus  miserables vecinos  una plaga de sabañones o una epidemia que les hiciera crecer bigotes pinchudos en el culo...



2 comentarios:

Tengo mis dudas dijo...

Ese universo milonguero paralelo del que habla, temo yo, es una convencion para dar leña y leña a las milongas que no les gustan.
Me convence, aunque no lo justifico

Tonino dijo...

A ver si hablan del pueblo de los Sandrus, que organizan milongas y despues las cambian de hora y lugar a ultimo momento, para que no se enteren los forasteros