martes, 7 de junio de 2011

EXPEDICIÓN A LA MILONGA DEL SAMURAY CANYENGUE - I

Eran las tres de la mañana en la milonga del Oriental. Algún perdido buscaba entre las sobras de una picada de achuras un medio dedo de chinchulines para satisfacer su languidez. Repatingados con las patas en las sillas, asomados al espectáculo de la estupidez humana veíamos pasar la ronda y sus alternativas mientras la típica Sandokan destripaba una versión de "A fuego lento" que habría matado y vuelto a resucitar a Salgan de haberla escuchado. Las dos botellas de Navarro Correa selección de la familia, requisadas a unos finoquios que quisieron colarse aprovechando la inmensidad del descampado, sin tener en cuenta al Martin de los Blanquetis(seguridad contratada por Riquelme a cambio de sanguches de ravioles boloñesa) ya tintaba los labios resecos de angustia de Cabernet. Romulo Improvisaba tandas desoladoras de radio en las que hasta Di Sarli parecía cómico. El uruguayo Pococho, contratado como fogonero principal de la parrilla iba y venia desde su puesto de trabajo a la mesa obnubilado por una tira a medio hacer que había quedado huerfana de brasas. Salvo los maestros de siempre, en la pista no se lucían gran cosa los bailarines. Querían subirse a la melodía espastica del violín y el mismo violín les trababa las piernas ocasionando firuletes erráticos y sacadas a destiempo.
Para los que no bailábamos era una delicia.
El profesor Maradona hizo un paralelismo entre los necios participantes de "Operacion Tanguitos Piores" y los relinchantes que atacaban los yuyales con su caminar despelotado. Las pobres pibas querían seguir a sus galanes pero no había caso.
Uno que estaba de chaleco ribeteado, forastero a todas luces, compartia carcajadas con nosotros en confidencia maliciosa. Milagrosamente extrajo entre sus ropas un Medoc que procedió a repartir sin mesura acercando su silla a nuestra mesa.
Debimos haber intuido algo raro en ese instante. Pero cuando alguien ofrece vino en El Oriental no se le rechaza ni racionaliza.
La lágrima era gruesa como la sangre, subido y pizarroso su color. De un solo trago se nos borró la sonrisa. Aquella botella contenía la esencia de un momento intenso de felicidad en una mesa teñida de crepúsculo del ultimo domingo de verano de las mejores vacaciones de tu vida. Sin sorpresa vi como los ojos viejos de Romulo se nublaban. Hasta Piton Pipeta, que ha sido guarango por igual con todas las bebidas tenia un temblor en los labios. De haber tenido sombrero se me habría inundado de llantos embozados. En el segundo trago vi como la pista viraba a virtuosismo. Era poesía pura en movimiento. Sé que sortilegio es algo mas que una palabra bonita. Aquel vino cuyo retrogusto duró una hora disipo los mostros y los fantasmas de la ronda. Hasta la tipica Sandokan parecía el Octeto de Piazzolla.
El forastero seguía riéndose mirando a la pista y a nosotros, alternativamente.
- maestro, donde compró esta botella? - dijo Maradona con los lentes empañados.
-Esta botella no se compra, me la afane de la mejor milonga que existe. La única en la que los milongueros parecen ángeles y los pataduras no tienen entrada.Esta en una encrucijada de caminos rodeada por el bosque que un ladrón plantó para esconderse cuando se hiciera viejo. Por más que sobren tipos nunca faltan las pibas hermosas y de piernas graciles. Los musiqueros son más rápidos que el Cholo Montironi y más nostálgicos que el Carriego Pugliesiano. Esa milonga existe y se llama La milonga Del Samurai Canyengue.
Sus ultimas palabras sonaron entre un viento frio. En ese instante el efecto del vino se disipó, la ronda se descompuso, el bandoneon volvió a sonar como un sonajero desafinado y el forastero se desvaneció en las sombras de la pampa adormilada dejandonos con la misma desoladora sensacion que embargaba a los hasshisim del viejo de la montaña cuando despertaban lejos de su paraíso.
Nosotros que viajamos al confín del universo, que truqueamos con imposibles razas alienigenas y salimos victoriosos supimos que una nueva aventura asomaba la nariz a nuestra pobre existencia para envolvernos en el hálito de la misión sagrada. Sin mirarnos supimos que íbamos a encontrar la milonga aquella como fuera.
Entonces no sabíamos que fuerzas imprevisibles y antagónicas se habían puesto en marcha para devolvernos a los caminos...

No hay comentarios: