miércoles, 22 de septiembre de 2010

oda al milonguero que nunca paraba - Por Catulo Bernal

Al costado de la milonga del oriental, tapados por una lona enmohecida, mecida a veces por el viento y otras por los amores pobres, los dos robots que hacían bailar a los que no bailaban nunca, se enmohecían y herrumbraban, muerto ya su corazón cibernético y el sueño perdido del "rata" Delbejut, un tipo que nunca tuvo novia, ni compañera, ni bailarina ni amigo con el que apurar un vino en las horas tristes que anteceden a los estertores postreros de la milonga.
El tano Rigatuzzo, el mismo que fabricara con sus manos pizzescas la "Carlos Gardel 54", esa nave que fue nuestro hogar en las terribles noches que precedieron al "Campeonato Intergalactico de Truco" mientras volvíamos al barrio que nos vió derivar, hizo lo posible por remendar los ingenios mecánicos. Creyó tenerlos a punto para la última milonga del mes.
Una neblina polvosa como traje de galán de vieja escuela acentuaba el humo parrillero. A la desesperada mordia el fuego la leña nudosa de una parra que había sido del notable y alcohólico Pelurson Cañizares extinto de tanto tomar vino patero de sus propias zancas.
Al costado de la ronda probaban movimientos "Petronilo y Camila". Se estrenaron en tanda de D'agostino, pero la danza ya les había abandonado. Repetían autómatas una progresión de pasos sin alma y sin compás.
Y por un instante, en que la niebla se abrió como un bostezo Riveriano, en que la luz de los faroles amarillos reflejó en las hebillas plateadas de las chicas, pude entrever que aquellos artilugios con su limitacion de imán y cobre, repetían los pasos de otros que dentro de la ronda creían estar bailando.
Fue entonces que recordé a un muchacho, uno de esos que uno siempre ve en la milonga y que no conoce porque se pasan la vida bailando y no tienen tiempo para la amistad, la confidencia o el desagrado. Uno de esos muchachos que se van gastando hasta que no vienen más. Y para el compuse esta oda, melancolizada por el final de mi programa de tele favorito:

Te vas agotando
los ganchos, los giros, las vueltas no bastan
se te ve en la cara el penoso esfuerzo que los pies olvidan
no saben, no entienden de pasos.
Calientes los besa la tierra
y a ella le prodigan su torpe caricia de punta y de taco.
Descaro del cuero ya blando que estira otro poco rozando en el callo
de anoche, del martes, de hace un mes o antes.
Ayer era oreja, el saber curtido, el prever los
trazos que el maestro puso, que dejó grabados, que en la tanda vuelven,
que bailaste siempre, que nunca
ya misma, ya viva.
Ahora son las cuatro, queda mucho tango,
Te nubla los ojos el picor salado
que baja del casco del pelo mojado.
Ahora no es oficio, es orgullo o
empeño o empecinamiento
o vino tres cuartos.
Pero haceme caso
andate Romualdo.
Hace un rato largo
te han dejado pato.
Tas bailando solo
Romualdo Atontado...

Despues de releerla un par de veces me pareció una oda pésima.
Se las vendí a los amigos del finado Cañizares por un zippo lleno de kerosen caducado. Yo no fumo pero uno nunca sabe si ha de dar lumbre a una fémina en apuros o crisis de ansiedad.
Petronilo y Camila seguían bailando, casi tan apagados como las brasas de la choripaneada de la ultima milonga del mes.

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