jueves, 26 de agosto de 2010

EL MILAGRERO DE LOS MILONGUEROS

El "Leopardo" Baruje era uno de esos seres que en la milonga no pasan desapercibidos. Dueño de una voz profunda y una erudición confusa y desactualizada era ante todo un tragon. Por la mesa del Leopardo pasaban en noches tranquilas tres o cuatro botellas de Chianti "El Tano Chanta" que acompañaban dos docenas de triples de miga, una milanesa a caballo y crudité de noquis, su plato favorito. El leopardo no convidaba pero no daba la opcion a la envidia: aderezaba todos sus platos con un menjunje picante y gomoso que en sus palabras "Me sacara de la pobreza, cataplumbandome a la elipsis de la alta gastroenteritis". (Como Truman Capote, El leopardo devoraba a diario páginas enteras del Gran Larousse ilustrado zampandose a la par sushi de bondiola, lo que dificultaba su correcta percepcion de las acepciones).
El Leopardo era Pugliesiano nativo y por opción: su digestión desmesurada le impedia cualquier milonga rápida.
Hace tres meses salió a bailar una tanda que en su sapiencia confundió con Don Osvaldo.
El pinchadiscos, un pibe nuevo discipulo de Picherna quiso experimentar con la concurrencia y se largó a poner Al Sexteto mayor.
El Leopardo Baruje quedó tendido en la pista mientras sonaban los acordes acelerados de la versión del Choclo.
El velorio y el entierro, como corresponde al de un milonguero de ley fue respetuoso y breve. El pintor Caffada donó un cuadro horrible que volvió a aparecer esa misma noche en la milonga.
El Nenito Bengolea, negado para cualquier asunto del baile lo rozó sin querer y en todas las tandas destacó por su estilo impecable y certero.
Marcelita la del Bosal asistente asidua y jamás bailante se cambió detras del cuadro y bailó toda la noche dandose el lujo de elegir acompañante.
Otamendi, el migrañoso, un tipo aquejado desde su niñéz por los dolores de cabeza y el alcohol acercó el cuadro a su frente y al otro dia no tenia rastro ninguno de resaca.
Ante la avalancha de portentos y milagros El pintor Caffada se apresuro a pactar con una imprenta religiosa la comercializacion de estampitas de lo que dio en llamar "SAN FINITO ESCABIADIN".
Ahora no hay tipo en la milonga que no tenga una.
Y aunque sea un engañapichanga damos por bueno el poder de la estampita y la reproducimos aqui, para que nos ayude en esas noches negras en las que no damos una...

2 comentarios:

martin langhis dijo...

Desde que me quebraron el tobillo en cuatro partes de un voleazo siempre lo llevo protegido por la estampita del finito escabiadin

Mujer(la)Barbuda dijo...

Teaffanas eran los de antes. Hoy cualquier logi [es] Teaffana