jueves, 13 de agosto de 2009

MILONGUEROS DEL ESPACIO IV - BREVE EXCURSIÓN AL PLANETA MORGONDO

Iniciamos nuestro periplo espacial, nuestra colonización del anchuroso cosmos a golpe de choripan, intentando bajar a la anómala órbita de un planeta llamado Morgondo.
Pococho, nuestro piloto uruguayo le puso así al constatar que este planeta tiene una cuarta parte de superficie dotada de antigravedad. Esto hace que expulse todo cuerpo que quiera por fuerza aposentarse en dicha area. Como el día morgondiano consta de 60 minutos(gira enloquecidamente sobre si mismo como un murguista con rabia) , se hace muy dificultoso aterrizar en zona de gravedad. Estuvimos queriendo aterrizar 5 días hasta que por una afortunada idea de Romulo Papaguachi enganchamos un ancla que traíamos a suelo gravitatorio.
La otra "anormalidad del planeta es la siguiente: en áreas de gravedad la misma asciende a 2 gravedades y media hasta un ombligo humano y media gravedad del ombligo hacia arriba, lo que provoca la impresión de ser el peor bailarín de la milonga( con zapatos de plomo) por abajo además de tener la cabeza ligera como un globo.
Es una sensación espantosa.
Bajamos arrastrando los pies embutidos en las mascaras filtra gases que robamos a los Hercolobusianos a la fría realidad del planeta.
Imaginen un bol semi derretido de nata amarronada en el que un comensal malintencionado hubiera dejado por capricho trozos de fresa carcomidos.
Así era el planeta y así eran sus habitantes, a quienes tomamos en un primer momento por accidentes del terreno.
Si amigazo. Los trozos de fresa carcomidos eran la especie viviente del planeta. Vimos como se movían y en nuestra vanidad pensábamos que nos recibían con los fresos abiertos.
Pero no.
Se buscaban y se unían haciendo se cada vez más grandes.
Pitón Pipeta, nuestro hombre de inteligencia, con la característica delicadeza que lo caracteriza soltó un "estos carajos son caníbales".
Y así mientras pococho intentaba inútilmente encender la parrilla para comenzar el intercambio, pudimos constatar como los nativos se unían en un infinito Fresón que desafiaba las alturas.
Al ver aquella monstruosidad me entró el julepe, sobretodo al ver que la criatura se contorsionaba
y prorrumpía en estertores variados. Esto llevo a una explosión atróz, trozos de fresón volaron por doquier, desparramándose en todas direcciones.
Y hasta hubo quienes al entrar en el área antigravedad se perdieron en la inmensidad del espacio.
Luego todo el ciclo volvió a comenzar.
Mientras, el fuego se obstinó en no encender. Romulo, secundado por el indio quiso subir la parrilla medio metro para aprovechar la menor gravedad pero fue absolutamente imposible.
Para como de males a los trozos de fresa se fueron uniendo unos seres anaranjados con todo el aspecto de mandarinas peladas.
Solo que estas mandarinas hacían todo tipo de ruidos y movimientos que podríamos calificar de amenazantes.
Yo que he sido toraso en rodeo ajeno, no quise amilanarme y con mi mejor voz me puse a cantar amistosamente "que me van a hablar de amor" al tiempo que intentaba un zapateado campero con mis alpargatas compañeras de mil entreveros. Pero la voz me salia finita y el zapateo era como un malambo ejecutado por un gordo viejo y borracho.
Ante la hostilidad creciente de los seres anaranjados, que llegaron incluso a escupitarnos con semillas de su propio organismo, optamos por retirarnos apresuradamente soltando el ancla y dejandonos llevar por el haz antigravitatorio de este planeta Morgondo de Mierda...

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