sábado, 7 de noviembre de 2009

MILONGUEROS DEL ESPACIO - CAPITULO PRIMERO

En la cúspide del reconocimiento, en las simas de la grandeza, allí donde solo queda el vacio y los sueños de gloria ven su culminación, nos hallabamos las cuatro representantes de la tierra, luego de la defeccion de los campeones Hercolobusianos, quienes al recibir la noticia de la inminente desaparición de su planeta por culpa de un agujero negro que no supieron evitar huyeron del TORNEO INTERGALACTICO DE TRUCO proclamandonos campeones a Romulo Papaguachi y a este pobre rapsoda bohemio de la milonga, cuyo nombre es Catulo Bernal, la tierra es su patria y las estrellas su destino.
Ya se habian desvanecido los créditos que habiamos traido en la Carlos Gardel 54, los hermanos Tito y Pelusa Nuñez, quienes comenzaron a jugar en torneo y luego, por una desdichada juerga galactica con un grupo de mineros gfrrisianos, quedaron asimetrizados y asimilados al comun de los exóticos que compartian el emocionante torneo, las viandas y los destilados, a la vez que perdian sus dineros en bacanales, casinos y otros establecimientos de igual laya que poblaban las cúpulas del asteroide Zappa.
Tambien habian huido los traidores de la Compañia de la virtud, Alejandro Latorri y Tulio Cegeti, el borracho excampeón de los torneos bonaerenses, que habian querido pasarse por nosotros en la gran final, so recompensa de una vida disipada en algun planetucho "custodiado" por la plana mayor Hercolobusiana, la misma que dedicaba sus ocios a chocar cuanto planeta desprevenido hubiera en las galaxias con su planeta polimerico( el mismo que se estaba tragando el agujero negro).
Asi pasaron dos de los dias Zappianos de juerga en juerga, de reconocimiento en reconocimiento, de brindis en brindis. La gran masa vacacional extraterrestre, la misma que jaleaba nuestros exitos y cantaba sin comprender los tangos de Gardel con sus excrecencias mandibulares, habia mermado. Pronto encontramos solamente esbirros del Gran jefe del asteroide, el que nosotros llamabamos Yeik Yerbutti, y su comitiva, siempre ansiosa por cumplir los deseos de limpieza y pulcritud de su amo. Fuimos invitados a un par de ágapes por nuestros amigos, los Zappianos disidentes que habian compartido loquero con nosotros.
Esto no fue del agrado del gobierno oficial, que no dejó de evidenciarnos su desprecio más absoluto. Nuestros amigos disidentes dejaron de invitarnos basicamente porque habian desaparecido en las profundidades del asteroide forrado con hules baratos de pesimo gusto.
Y entonces nos dimos cuenta de un detalle nimio pero crucial para nuestra vuelta a la tierra, al barrio, a nuestra querida milonga.
Los Hercolobusianos se habian llevado todos los plegadores del espacio, dejandonos casi a pie, en territorio estelar desconocido.

No recuerdo quien fue exactamente el que dio la voz de alarma, creo recordar que fue el Indio, el sufrido indio Pampa, amigo de Romulo, quien con su proverbial suspicacia de perseguido dejo caer sobre nuestra banda la realidad absoluta de nuestros desamparo.
Los vahos etilicos, las juergas, los reconocimientos y las glorias dieron paso al llanto y rechinar de dientes.
Pero ni siquiera tuvimos tiempo de quejarnos. Supimos por el último contingente de gfurfianos, que los esbirros del Yeik habían recibido la orden de detenernos y acabar con nuestra existencia.
Ahora, sin el aval de las autoridades truquianas galacticas, solo eramos una molestia, una mancha en el impecable sistema Zappiano. Los hercolobusianos ni siquiera habian pagado los costes del torneo. y El Yeik queria cobrar esa deuda en nuestras carnes.
Huimos.
Como Huimos.
Huimos con todas nuestras fuerzas y las horribles máscaras filtragases hacia la relativa seguridad del espaciopuerto Zsdudusiano. Debiamos mezclarnos en la bulliciosa actividad del espacio puerto franco, el único donde no podrian hallarnos los secuaces del Yeik.
Durante toda una noche de delirio y sozobra escapamos hasta arribar a Zsdudu.
El espaciopuerto estaba repleto de esbirros que solo querian apresarnos. Las antenas y los corpusculos que tienen en la frontal, barrian el espacio intentando encontrarnos.
Y casi lo logran, si no fuera porque nos untamos con la grasa de la ristra de chorizos que Piton Pipeta empuñaba como arma y que enmascaró nuestro aroma terraqueo con un indefinido tufo que repelia a los enemigos.
Perseguidos, exhaustos, sin dinero y sin fé, fuimos a dar con nuestras tabas a un humilde sucucho suburbial donde dias antes habiamos celebrado el partido aquel que ganamos invocando al "Matambrito".
Ahora estaba casi vacio. Dos o tres parroquianos de mal ver apuraban sus tragos en la barra. La mugre y el olor a rancio impregnaban las instalaciones. Una rareza y un anacronismo, en un lugar tan pulcro como el asteroide.
Supimos que allí, en ese ultimo reducto sucio y deslucido ibamos a poder pararnos un segundo a pensar. Los enemigos no entrarian jamás por la puerta de un boliche tan sarnoso como aquel.
La repulsiva pringosidad del bar era como un faro en la oscuridad toda limpieza del asteroide.
Y alli, en una mesa donde compartimos algo similar a un guindado, comenzamos a a hacer planes para huir al asteroide Harrison donde se hallaba la carlos Gardel 54, la unica nave que podia devolvernos a las mesas de nuestro querido bar "Roñoso", en la tierra a diez mil años luz de distancia.
Estabamos lejos, muy lejos...

No hay comentarios: