sábado, 7 de noviembre de 2009

MILONGUEROS DEL ESPACIO - CAPITULO 2

Perseguidos, acosados, refugiados en un mugriento bar del espaciopuerto de Zsdudu, mientras las huestes del Todopoderoso Yeik Yerbuty, el dueño del asteroide Zappa fanatico de la limpieza y horrible decorador de exteriores nos buscaban por todos los rincones, sentimos que la tierra estaba lejos, muy lejos y el reconocimiento de los impares exóticos que nos habian catapultado a la elite del Truco intergalactico se habia desvanecido porque ni siquiera podiamos franquear la vigilancia del los homunculos de las antenas y sin el plegador del espacio que se habian llevado los Hercolobusianos en su huida estabamos más desamparados que un paisano sin caballo en la pampa profunda.
Acodados modestamente en la barra, soportando las miradas de rufianes alienigenas de turbias intenciones, consumimos nuestros ultimos créditos en un botella de vino con mercurio y chispas de estela de cometa, bebida desagradable pero muy de moda en los garitos del Torneo(que ahora habian sido desmontados, empaquetados y enviados a sus planetas de origen) a la que nos habiamos aficionado y que daba cierta sensacion de euforia y bienestar, seguida de retorcijones y dolor de muelas.
Romulo se mesaba los bigotes, El indio sujetaba una estela de cuerdas tipo quipus, con el que parecia rezar, Piton Pipeta miraba cada vez con más cariño el ultimo de los chorizos de la ristra que empuñaba a modo de arma y yo intentaba escribir un poema porque las ideas me vienen por descarte, cuando la musa se me va por otro conducto y me suministra algunas delicias practicas e inverosimiles.
Detrás de la barra, el camarero o el dueño, lo más parecido a un magret de pato luego de practicados los cortes en la grasa, nos miraba desde sus multiples ranuras oculares mientras con un apendice pasaba un trapo estropajoso por los recipientes donde guardaba los destilados.
La tarde Zappiana se moria en timidos rayos de su sol verdaceo, falto de calor y cancerigeno.
Entonces la puerta del bar saltó literalmente de su quicio y una patrulla de cinco humunculos con sus antenas todas apuntadas hacia nosotros, irrumpieron violentamente destrozando el escaso mobiliario y las espontaneas historias que las mesas acumulaban en forma de tallas(costumbre comun a todos los planetas del sistema solar desde que el primer tallador, el insigne Perruquet tallaraen accion suicida un suscinto "Estuve aqui" en un agujero negro) con gran estruendo y alboroto.
Ya nos veiamos perdidos cuando desde las profundidades de la mugre una voz profunda grito "que passaa acá!!! y al punto se materializo delante nuestro una mole en camiseta, que al ver las mesas arruinadas volvio a decir esta véz con enojo: Que pasaa acá!!!!.
Los homunculos quedaron congelados en sus gestos vandalicos y ese instante de vacilación lo aprovechó el rufian para amamporrarlos y echarlos a la calle luego de haber atados sus antenas.
Todos paso tan rápido que ni siquiera nos dimos cuenta que la mole era un comterraqueo de razgos aindiados y una crencha grasosa hasta la cintura, que al vernos avanzó con muestras de gran regocijo y nos soltó a la cara ¿Argentinos?.
Lo inverosimil de la situación hizo que dudara un segundo antes de contestarle: si, pero de tierra adentro.
El bruto nos abrazó entonces diciendo: somos casi hermanos, yo soy de Canelones y estoy acá desde los 70 .
De todos los prodigios que vivimos en dias anteriores el hecho de encontrar a un uruguayo que hubiera venido a dar a un asteroide tan insignificante por vaya a saber que medios me pareció el más sorprendente. Sin hacer caso a los parroquianos nos franqueo la entrada a otro cuartucho, luego de dar una orden tonante al de la barra, que se apresuró a trancar la puerta con barras y cadenas.
Pasen muchachos, quieren comer? les voy a hacer unos chivitos al plato que se van a caer de culo- dijo entonces.
Entramos. Ninguno lo podia creer. El uruguayo alzo sus dos metros de envergadura para abrir un armario y saco latas y latas y latas que cocinaba en un brasero improvisado con las que fue armando platos de chivito.
Mientras nos pasó una botella de caña y entre trago y trago vinimos a enterarnos que mientras arreglaba el motor de un citroen que habia dejado a pie a un brasileño cerca del Chuy lo abducieron unos alienigenas Esraarianos . Lo ataron a una camilla e intentaron estudiarlo, pero Pococho (que asi se hacia llamar) se obstinaba en pensar en candombe y murga.
Los esraarianos lo tuvieron atado dos dias. hasta que fueron abordados por una nave de vigilancia fletada por sus padres. Se ve que eran jovenes ricos y consentidos, que habian robado la nave para divertirse.
- Cuando los padres me encontraron no sabia que era, asi que me dejaron en un planeta llamado Zinburin. Los Zimburianos son famosos en todas las galaxias por el poco arte que tienen para construir cualquier cosa. Sobrevivi por unos arbustos tipicos de alli cuyos frutos son lo más parecido a un atado de alambre enrollado. Comencé a arreglarles las cagadas que hacian y asi pude comprar una nave y recorrer un poco.
Y un dia caí acá y me gustó. Pero ahora Zimban se ha vuelto maniatico de la limpieza y ya me estoy empezando a hinchar los huevos dijo Pococho.
Comprendimos que Zimban era el que nosotros llamabamos Yeik Yerbutti.
- Y ustedes que hacen aca?
Suscintamente lo pusimos en antecedentes. Al parecer no se habia enterado que habia terrestres en el torneo de truco. - Siempre ganan los Hercolobusianos y cuando hacen el torneo me voy de vacaciones a rEdeas que tiene los mejores cielos de agua.
Le contamos el problema del plegador del espacio y le hablamos de la carlos Gardel 54, nuestra nave gaucha, que juntaba polvo en el asteroide Harrison.
- De donde era Gardel? dijo el ladino, para picarnos.
- De Tacuarembo - le dijo Romulo - pero de corazon Argentino y modales franceses.
Se reia el oriental.
- No te preocupes vo, yo los puedo acercar con mi nave nos dijo Pococho. Pera que la voy a enchufar.
La nave estaba en un pequeño patio trasero. Un cubo de cuatro por cuatro totalmente remendada con alambre y tornillos herrumbrosos.
Y así fue como esa misma noche viajabamos con el Uruguayo al encuentro de la Carlos Gardel 54.
Y si al llegar la noche la tierra estaba lejos, lejos, lejos, ahora era una posibilidad infima, pero verosimil...

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