miércoles, 15 de octubre de 2008

TORNEO INTERGALACTICO DE TRUCO XII- LA GRAN FINAL

Huiamos por los pasillos del asteroide Zappa, perseguidos de cerca por los esbirros hercolobusianos y la sonrisa tonta del Sheik Yerbuti, el todopoderoso dueño del asteroide Zappa que ahora estampaba con su cara en colorines el omnipresente hule que todo lo cubria.
La pequeña comitiva milonguera no llegaba a ser un batallón, apenas un grupo de muchachos tauras y sentimentales, como la banda de la esquina, pero mermados por la pérdida del Toba Vieytes, el toba nuclear, que con su noble sacrificio habia permitido que escaparamos del loquero Zappiano. El asteroide todo se estremecia como despidiendo tambien al pobre toba. Los tuneles de cristales pulidos tintineaban con lúgubre sonido y en nuestras locas pensaderas sonaban todavia las pésimas piezas Disney con las que nuestros carceleros nos habian abotargado. Se precisaba algo más que un milagro para llegar a la cúpula a tiempo, teniendo en cuenta que no teniamos tampoco esas horrendas caretas filtragases para llegar por la superficie al lugar en donde la mesa de truco, con su impoluto paño verde, aguardaba la victoria Hercolobusiana.
Aprete fuerte las manos, como en el tango, sosteniendo la reliquia de nini Marshal, mientras el indio armado con la lanza y Pitón pipeta blandiendo la ristra de chorizos secos, poderoso para el golpe y el olor nos cubrian la retirada.
Todos sabiamos que esos desgraciados vendeTierra, Alejandro Latorri y el alcoholizado excampeón de truco de los torneos Bonaerenses Tulio Cegeti se iban a vender por cuatro pesos, o una estadia muelle y atorrante en algun planetoide barato donde presumir de poderosos. Nada les importaba a ellos que nuestro desgraciada casa azul, metanizada y poluta, fuera chocada a gran velocidad por el gigante polimerico Hercolubusiano, némesis de tantos vagabundos planetarios que hoy acodaban su desgracia en las fondas galacticas, farfullando su pena mientras el comun alienigena se embrutecia con sustancias expendidas a espuertas. Los galanes de la "Compañia de la virtud" preferian la extinción de nuestro imperfecto genero, escudados en incomprensibles razones morales, las mismas que otrora servian para evangelizar o arrasar tribus enteras, a una empatia por el género humano que desdeñaban y al que pertenecian.
Ya nos veiamos perdidos, naufragos del barrio y las milongas, cuando esos delincuentes hercolobusianos, ensoberbecidos con la victoria, pusieran rumbo a nuestra tierra gauchita para chocarla con su planeta polimérico. Imaginé la situación. Era viernes y a esta hora quedarian cuatro chorizos resecos en la parrilla del la "Milonga del Oriental". Los muchachos de siempre, esos que no comprenden que la noche tiene un precio que comienza a pagarse cuando se va vaciando la pista, estarian desesperando un paso, arrimando la frente sudorosa a la piba, tratando de tocar su corazon con el tierno abrazo que pronto se transforma en presa erronea.
La mesa de las viejas glorias ya habria vaciado de vino sus botellas y ahora vaciarian su alma en el projimo, sin apuro y sin dignidad. La pista seria ahora territorio de maestros o entusiastas y desde algun rincon un pibe agrandaria los ojos para ver un paso irrealizable, una espontaneidad que se perderia en otros movimientos.
Y cuando más desesperado estaba me vinieron a la memoria los inmortales versos de Almafuerte. "No te des por vencido ni aun vencido, no te sientas esclavo ni aun esclavo", y esos otros que dicen "Si te postran cien veces te levantas" y entonces, como respondiendo a un llamado de mi mente se materializo delante nuestro el "Loquito Piazzola" que segun es fama, tiene el poder de ir adelante y atrás en el tiempo y en el espacio con una diferencia de diez segundos.
- Agarrense muchachos - dijo el loquito que vamos a viajar. Yo que he perdido la capacidad para interrogar a lo increible desde que los Hercolobusianos manifestaron por primera vez sus intenciones, fui el primero en abrazarme al loquito, que olia a vino y sudor en partes iguales. Hicimos una piña, una melee arrabalera y un segundo despúes con un vértigo parecido al del plegador el loquito emprendió viaje, llevandonos hacia atras y luego otra vez hacia atras y luego otra vez hacia atras, y asi hasta que ganamos dos minutos.
Esos dos minutos nos permitieron acercarnos hacia la cúpula por la superficie, sin experimentar los caracteristicos sofocos y ahogos(pues ibamos sin careta filtragases). Entrevimos formas alienigenas e incluso llegamos a interrumpir un corrillo de alucinados espaciales pero diez segundos despues(que solo eran un instante en la realidad del Loquito") todo fue gritos y asombros.
Abri los ojos.
La cúpula donde se celebraba la final estaba abarrotada. Una marea indescriptible cubria toda la concavidad hasta donde alcanzaba la vista. Cerca nuestro los dos gigantes hercolobusianos, informes, guiñoteaban hacia nuestro lado. Los dos crapulas de la "Compañia de la virtud" adelantaban ya las manos hacia la primera idem, y pudimos ver con asco y verguenza ajena que se habian agenciado un ancho de bastos y uno de espadas, que sobresalian de sus mangas. El indio trono con voz de mando "Gualicho" y todos a una gritamos que esos que ocupaban nuestro sitio eran impostores.
Pero los Hercolobusianos no querian dar el brazo a torcer. Demandaban una prueba genuina de nuestra autenticidad como los legitimos jugadores del campeonato.
Con movimientos teatrales Pitón revoleo la ristra de chorizos y otro tanto hizo el indio con la lanza.
Las caretas de carton con nuestras caras que los impostores llevaban se cayeron, revelando sus verdaderos rostros granujientos y sinverguenzas.
La verdad es que no adelantamos nada.
A los ojos de tantos alienigenas ese acto podia significar cualquier cosa. Fue entonces cuando los granujas esos, queriendo demostrar que eran los autenticos campeones cometieron un error gravisimo. Latorri, extrajo de un bolso uno de esos artilugios nuevos que llaman MP4 o algó así. Lo encendió y entonces fue cuando se escucho "La pastora" en la voz de Chiqui Pereyra. Hubo un momento de silencio, esos silencios que no admiten ninguna tonteria. La voz de chiqui se adueñaba de la cúpula.
Hubo un silbido, un único silbido en algun lugar, secundado por otro más. Mire hacia la fuente del desacuerdo y me pareció que eran los Hermanos Tito y pelusa Nuñez, que avergonzados por habernos dejado en la estacada, nos hacian la gauchada. Y fue ese silbido el que comenzo una rechifla generalizada y monstruosa, rechifla ensordecedora como no he visto nunca.
Haciendose cargo de la oportunidad Romulo avanzo hacia un claro y desenfundando el grabadorcito viejo y estropeado del fondo del bolso del mundial 78 apretó una tecla.
Entonces se hizo el silencio y la voz del Zorzal criollo lleno y avasalló la cúpula estremeciendo a los miles de exóticos apiñados con su version de "la Cieguita".
Lo siguiente que recuerdo fue estar sentados en la mesa, con las cartas en la mano. No sé que fue de los atorrantes de la "compañia de la virtud". No me importaba. Habiamos estado privados del sueño y de la cordura en el loquero Zappiano y ahora nos daban las cartas para que disputaramos la suerte de la tierra.
Jugamos, jugamos y jugamos.
No he pasado tanto miedo en mi vida.
Punto tras punto ibamos perdiendo, los envidos se sucedian, pobres, pedorros, fatales.
Ninguna mano tuvimos más que un tres. Solo dieces, anchos falsos y doces.
Intentamos mentir pero los hercolobusianos nos retrucaban con facilidad e ingenio.
Imaginé el cimbronazo, el golpe fatal del gigante polimérico y juro que se me caian las lágrimas pensado en toda esa pibada que perderia el compás en la milonga y luego dejaria de existir sin explicaciones y sin interrogantes.
Romulo se tiraba los tiradores y se apretaba el bigote. Ibamos perdiendo trece buenas a cinco malas.
Pero noté algo, unos movimientos raros. Perdidos como estabamos noté que la delegación Hercolobusiana se removia inquieta. Movimientos espasmódicos y una alteracion en el color gelatinoso de los alienigenas hicieron que se lo comentara a Romulo que dejo de acariciarse el bigote.
En un plis nos pusimos a 14 malas. Los campeones de truco comenzaban tambien a alterarse y a desconcentrarse. Los lideres hercolobusianos se iban yendo de a poco y con gran aparato.
"Estos se han mandado alguna cagada gorda" oí decir a Piton Pipeta, desde algun lugar cercano.
Los millares de espectadores comenzaron a corear algo que remotamente se parecia a "Suerte loca". Estaban con nosotros y esa inyeccion de optimismo nos permitió por fin llegar a los 5 de las buenas sin que los campeones ganaran un solo punto.
Se los veia desenfocados, aturdidos, derrotados.
Mire hacia donde estaba la delegación Hercolobusiana. No habia nadie(o nada).
La ultima mano me llegó un tres de oros, el siete de oros, un ancho falso. Mire a Romulo, guiñaba un ojo.
El destino de toda la tierra y sus milongueros estaba ahi, en esas cartas, esos pedazos de carton mugrientos y sobados por manos indescriptibles.
Los Hercolobusianos cantaron apurados.
Envido y truco.
Estabamos a dos puntos de ganar. Los mismos que tenian ellos.
Por una inspiracion me anime a querer y a retrucar con versos incluso. No sé porque se me habia metido en la cabeza que la cagada a la que hacia alusion Pipeta era definitiva.
Gané con treinta de mano. Ahora faltaba ver si ganabamos el truco.
Jamas lo supimos. Los mismisimos campeones se levantaron de sus lugares y se fueron tambaleandose.
Mire a Romulo, al Indio, a Piton.
Inverosimilmente habiamos ganado por abandono.
La vocingleria fue infernal. La alegría extrema. Nos abrazabamos, llorabamos y bailabamos y nos volviamos a abrazar.
Pero no acertabamos a entender porque los hercolobusianos se habian retirado cuando aún podian ganar.
Mas tarde, mucho más tarde, en una de las innumerables tabernas que rodeaban la cúpula la verdad acerca de la huida nos fue dilucidada.
Por una casualidad cósmica la voracidad hercolobusiana habia sido recompensada. Su planeta se aprestaba a chocar contra el planeta bereds famoso por sus encurtidos de hectoplasma y sus estatuitas vivas de nanosegundos.
Por un error de calculo fueron a dar con un pulsar que corrigió la trayectoria del gigante polimerico haciendolo girar enloquecidamente.
Asi que cuando ibamos quince abajo los hercolobusianos recibieron la noticia: su planeta habia sido arrastrado hacia la gravedad extrema de un agujero negro. Toda su matoneria terminaria muy pronto. Su civilización se apagaria lentamente y ni siquiera sus plegadores de espacio podian escapar al influjo de la increible gravedad del agujero.
Y aunque ebrio de alcohol y alegria, sabedor de la gesta gaucha que nos habiamos mandado, ayudados por esa suerte loca que todo lo rodea, no pude mas que sentir lástima por esos hijos de puta.
Ahi abajo, en el viernes que la tierra se salvaba, los muchachos que quedaban en la milonga del oriental comprenderian finalmente que era tarde, que era tan tarde que solo quedaba embrutecer el alma con vino y un buen cacho de pizza, mientras el sol comenzaba a alumbrar otra madrugada de sabado sin amor.
Quiza a la noche...

(nota del editor: ya comienza "milongueros del espacio". No te lo podes perderrrrrrr!!!!!!

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