miércoles, 15 de octubre de 2008

TORNEO INTERGALACTICO DE TRUCO IX - NOSTALGIAS

LEJANA TIERRA MÍA, QUE LINDA QUE HAS DE ESTAR, YA VAN PARA DOS MESES QUE NOS VISTE MARCHAR, AQUÍ EN ESTE ASTEROIDE, RINCÓN SENTIMENTAL, ENTRE LA ALIENIJADA EL AÑO FUE A ACABAR...
Así es amigos, un deje nostalgioso nos gano a Romulo y a mi, al certificar en mi pequeño almanaque de bolsillo tanguero que se marchaba el año y no teníamos una miserable sidra para brindar, un turrón, algún champagne barato o un trozo reseco de lechón. Recorrimos las cantinas en busca de una voz amiga, un compatriota gauchazo que nos hiciera el favor de vendernos unas garrapiñadas.
A diferencia de la tierra, en la que casi por obligación, hay un criollo dispuesto a tender una mano a un compatriota atontado en el exilio, aquí, en este asteroide Harrison( forrado con una versión sofisticada pero de pésimo gusto del hule que ha engalanado tantas mesas) no había ningún argentino.
Lo hubiéramos sabido de haber visto a alguien con dos extremidades, dos ojos, una boca, una nariz y la bola de pelo peinada a la gomina.
Mirando el almanaque, en el que Angelito Vargas y Angelito DÁgostino comparten tristeza, acodados a la barra de un bar miserable(obra de Pepin Pereyra, el pintor de los solitarios), se nos pianto un lagrimón al arribar las once de la noche del 24 de diciembre y a pesar del jolgorio y descontrol que reinaba en los diferentes establecimientos de ocio, repartidos equitativamente en las bolas sedes del campeonato, no hallamos ese atisbo de sensiblería que la pibada amante de la navidad reinventa cada fin de año y se nos iban pasando los minutos sin que tuvieramos un brindis en regla.
Estábamos desesperados.
El Toba Nuclear a quien buscamos infructuosamente no apareció. Los hermanos Tito y Pelusa Nuñez, descompensados después de su juerga con los mineros, tampoco aparecieron.
Vimos el lontananza a dos de los soretes de la "Compañia de la virtud" y juro que en un momento de debilidad los hubiera ido a buscar, corriendo. Pero la voz de Romulo y su poderosa presencia aborigen me disuadió con un toque ligerisimo pero amistoso en el hombro: "dejelos Catulo, no somos nosotros amigos de nuestros enemigos, solo porque estamos lejos de casa como ellos y nacimos en el mismo planeta.Que se mueran en la inorancia".
Tenia razón.
Al final, como a la una de la madrugada, en un pequeño establecimiento del puerto franco de Zsdudu, donde el Yeik yerbouti recibe los envíos de artículos de limpieza con los que sus súbditos limpian el asteroide para regocijo de su jefe, topamos con un grupo de Gagliardianos, así rebautizados por nosotros porque viven en un miserable planeta de conformación cebollil, lo que los hace sujetos idóneos para la desventura, las lágrimas y el pesimismo. Rodeados de esas gentes tuvimos una sorpresa aun mayor: en un estante, llena de polvo(lo que indica que el dueño del local era contrario a la política impoluta del Yeik) había una botella de Asti-gancia, una rareza de otra època.
Sobra decir que nos emborrachamos malamente y de esa borrachera surgió este verso que dedico a la pibada:
malaya que esta lejos la tierra en que nacimos
los tangos que bailamos, la pista y el barrial
las tres de la mañana, la mesa, los amigos
la parrilla, el asado, el vino, el choripan...
la corbata sin nudo, la colonia al pañuelo
la grasa y los zapatos lustrados de charol,
la mesa donde cobran, de chapa carcomida,
el paisano acassuso, bailando en overol,
los bobos y los piolas, los que hacen firuletes,
los cuatro de la mesa que comparten la flor
los que bailan para ellos, los que bailan para ellas,
los que buscan y no hallan, los que mueren de amor...
las posibilidades y los abandonados
los que encuentran cariño, los que buscan perdón
los tristes inocentes y los desengañados
los que vuelven despacio, pegados al cordón
los que no ven el suelo, los que no ven el cielo
los que vistean milonga cuando toca parar
los que se han ido yendo en temporadas frías
todos los que bailaban cuando empecé a bailar
Malaya que están lejos los amigos queridos,
la esquina de mi barrio, el sol que me abrigó
los que eran compañeros, los que eran solo olvidos,
el consejo certero, ese que no llegó...
malaya que están lejos...
Asi, en compañia de nuestros llorosos compañeros de juerga, recibimos el año y al final, debo decir que no lo pasamos tan mal...

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