miércoles, 15 de octubre de 2008

TORNEO INTERGALACTICO DE TRUCO VIII - CONTRA LOS QWQWANOS

De todas las opciones que nos quedan en este campeonato, no era la peor el enfrentamiento contra los qwqwanos, dos mostruos vueltos al reves, para preservar su fina piel plateada, que crece en su interior, caprichos de la evolución que no han bastado para preservar su raza, ya que existen alienigenas desalmados que se dedican exclusivamente a destripar(si se puede decir eso sobre una raza que lleva sus entrañas hacia afuera) a estos desgraciados para satisfacer los requerimientos de sus consortes.
Este comportamiento, similar al de algunas féminas terrestres se ve agravado por una característica unica de los qwqwanos: no existe en las galaxias conocidas un peletero capáz de quitarle el mal olor a la piel, por lo que las diferentes razas exoticas suelen acompañar sus vestidos con horrorosos pérfumes directamente importados desde el planeta Tumb, la perfumeria del espacio. Los tumbanios no tienen apendice nasal ninguno, lo que explica el mal gusto con el que se desempeñan en el arte perfumeril.
Asi, hemos llegado a saber que en el planeta gagfu, es indicio de poder y estatus un tapado con muchísimos pliegues hecho de piel qwqwana aderezado con el peor perfume que pueda importarse del planeta Tumb.
Nosotros, pobres muchachos milongueros, pero gente de cierto gusto, no podemos entender esta peculiaridad de los gagfuanos, que, como otras muchas civilizaciones alienigenas no han sido invitadas al torneo de Truco, requisíto básico impuesto por el Sheik Yerbuti, el todopoderoso dueño del asteroide Zappa, que además de abominar la violencia aboga por las telas sintéticas de horrendos colores.
Romulo me explica que alguna vez cuando tuvo su affaire con Olguita Filiber( que casi acaba con su carrera y contaremos en otra ocasión) se vio tentado a regalarle un tapado de armiño todo forrado en lamé, tal y como dice el tango.
Lo disuadio el consejo del oráculo de la milonga ya extinto, el cieguito Villa, que le dijo: "No seas gil, la minusa se te va a ir con el tapado como le pasó al del tango y vos te vas a quedar sin el pan y sin la torta".
Al final Romulo terminó regalandole un tapado de vizcacha sintético que no hizo más que precipitar su decadencia.
Perdonenme ustedes, el poco contacto que tengo con la milonga me hace delirar y explayarme sin que pueda remediarlo.
En la mañana de partido fuimos requeridos a presencia de los hercolobusianos. Al parecer nuestras peores sospechas se confirmaron: el Toba nuclear, el toba Vieytes, que tenia el respeto de estos repelentes del espacio, se ha escapado, dejandolos sin chistes malos.
Ha huido hacia el asteroide George Harrison, luego de robar una nave en el espaciopuerto de Sdudu, donde el yeik hace sus compras de productos de limpieza.
Lo peor del caso es que los babiecas por los que fuimos intimados a jugar este certamen, los enemigos de la "compañia de la Virtud", tambien se han fugado, dejando tras de si un reguero de mocos que ha confundido a los rastreadores Hercolobusianos.
Asi es amigos, Alejandro Latorri, Ramiro Croto y el excampeon de Truco Tulio Cegeti han tomado las de Villadiego, dejandonos, si cabe, más desamparados.
Con Tito y Pelusa Nuñez desaparecidos, eramos los unicos que quedaban de la embajada que en su momento arribó al torneo. Y asi nos lo hicieron saber los hercolobusianos, que nos interrogaron durante dos horas, ni siquiera tuvieron la deferencia de invitarnos a un zumo y nos largaron patos para el partido.
Llegados a la gigantesca bola sede del encuentro que se movia horriblemente por las contracciones del asteroide, con la barriga vacia y el ulular de miles de gargantas exóticas en el cerebro, nos sentamos frente a las entrañas vista de los qwqwanos, seres profundamente esquivos y resentidos contra los extranjeros.
Por una canchereada de Romulo, al que intuia muerto de hambre y deseoso de acabar, nos quedamos diez abajo, luego de que cantara real envido con 23.
Los Hercolobusianos nos habian socavado mentalmente, dejandonos bajos de moral.
Romulo, que es un tipo sensible, se contenia a duras penas. Bajo el ala de la gorra una lágrima asomaba.
Esos hijos de puta querian que perdieramos para poder chocarnos con su planeta de polímero.
Quise que todo acabara, que el fin fuera ya.
Estaba cansado, queria cantar adios muchachos. Queria echarme a dormir y no levantarme jamás.
El hambre, el horrible hambre hacia estragos en nosotros, deparandonos un futuro negro y mal pintado.
Y entonces, al acercarse las sombras de la noche me acordé del cuento de Borges "Hombre de la esquina rosada" cuando el protagonista dice: "me dió coraje de sentir que no eramos naides".
Y decidi que no ibamos a perder, que si alguna véz perdiamos no iba a ser ahi, que faltaban muchos sanguches de mortadela por comer, muchos choripanes por digerir, muchas milongas que bailar, muchas espaldas que acariciar...
La boca se me puso rebelde, le dio por musitar primero bajito y luego mas fuerte" matambrito, matambrito, matambrito, matambrito".
La mirada baja de Romulo subio un punto, un fulgor extraño le iluminó los ojos. Su boca vieja tembló, las comisuras dejaron de babear una derrota que parecia cantada.
Fue solo un segundo, el segundo en que supo que los hercolobusianos nos habian casi hipnotizado con su interrogatorio.
Romulo, el baqueano de mil batallas, el hombre que fue al desierto de los indios a buscar respuestas y volvió hecho un lider apareció entonces.
Se quitó la gorra, anudó su bufanda a la usansa pampa, tanteó la lengua y con voz ronca, con voz de mando comenzó tambien a corear "matambrito".
El volumen fue subiendo. Eramos dos soldados del arrollado, que no tenian nada que perder, cruzando un desierto sin carne ni hilo, gritabamos casi ante la imcomprensión de nuestros rivales y el desprecio de nuestros enemigos hercolobusianos.
Y fue después que un espontaneo de esos que nunca faltan, se unió a nuestro mantra, coreando en un lenguaje imposible algo parecido a "Matambrito".
Y un segundo despues, toda la bola, extasiada y enfervorecida por los vahos alcoholicos se hacia eco de la palabra, amplificando su poder, imbuyendonos de la mística de aquellos heroes que ante la adversidad sacaron pecho y dijeron. "Aqui estoy".
Los qwqwanos no tuvieron ninguna oportunidad. 15 buenas a diez malas les ganamos.
Y mientras saboreabamos el sabor de la victoria y acariciabamos la recompensa de algo caliente que pedimos en la taberna vimos de reojo como la cúpula Hercolobusiana abandonaba las instalaciones, fracasado su plan de deprimirnos ante el beneplacito del popolo, que seguia invitandonos a viandas y convites sin comprender que era lo que decian, el humilde matambre correoso que ha hecho felices a tantas generaciones de argentinos...

1 comentario:

Anónimo dijo...

buenisimo, el futuro del autor es impresionante