viernes, 5 de diciembre de 2008

EL EXTRAÑO CASO DE PAIRETTI - POR PITÓN PIPETA


No hace mucho el profesor Serafin joaquin Alvarez Quintiero, traía a colación en un artículo suyo, la dispar suerte que corrieron dos milongueros cuyos comportamientos eran completamente opuestos, un tal Mikis Nikis, un sujeto obsesionado por el sexo de esos que suelen abundar en la milonga, sin mayores talentos para el baile, que buscaba lo que el consideraba sus presas en milongas, practicas, clases pre-bailongo y otros eventos de similar laya. El buen profesor lo oponía a un tal Gaetano Batistini, considerado una "fuerza buena" en los ámbitos milongueriles, por su humanidad, don de gentes y sobriedad a la hora de tratar a todos en general.
Sin embargo un periodista de sucesos y cabaret, un tal Carlitos Perez, nos hizo llegar un inquietante y sobrecogedor documento, en el que se refleja una verdad aún más siniestra de la que comentaba Quintiero: Nikis y Batistini, eran, imposiblemente, una misma persona, un tal Pairetti, un loco con severisimos trastornos de personalidad, trastornos que lo llevaron a asumir la apariencia del doctor Atilio Patituchi y a firmar su propia alta del loquero, sin que sus colegas llegaran a percatarse de su huida.
Como el anverso y el reverso de una misma moneda, Perez nos comenta que ambos dos no se llegaron a cruzar jamás en ninguna milonga. Pairetti, en su persona de Nikis, Solía hacer tertulia con otros de su condición, oscuros sujetos de la milonga que dedicaban sus esfuerzos, mayormente a satisfacer sus instintos primarios con las chicas, en las tandas de Pugliese o Di Sarli, favorables al encuentro, al romance y al roce, patéticos perdedores de cariño, que solían considerarse a si mismos como predadores y que acabaron sus días miserablemente, sin amor, sin patrimonio y gastados, con las huellas de sus apetencias sexuales marcadas en el rostro.
En la persona de Batistini, Pairetti compartía mesa con otros veteranos milongueros, escarniadores públicos y privados de otros más jóvenes, a los que criticaban por su forma de bailar, de vestir e incluso de caminar para ir a buscar una cerveza, bebida a la que consideraban mas propia del mundo del rocanrol que el vino y la caña, brebajes propios del milonguero de ley( propietario de,como mínimo, dos trajes oscuros y a rayas, cuatro camisas y cinco corbatas a juego).
Lo más extraño del caso es que, si hemos de creer a Quintiero, Nikis mató a Batistini en un curioso accidente que lo dejo imposibilitado para cualquier actividad procreadora, aunque lo catapultó a una prometedora carrera como Castratti.
Ese extraño giro que cobra la historia de Quintiero, al verificarse que bajó la personalidad de Batistini, Pairetti, mataba viejas a las que antes invitaba con masitas de anís, es la que, posteriormente nos llevó a contrastar las fuentes de ambos( historiador y periodista) sembrandonos de dudas y polémicas.
Reunidos en una marcada mesa del boliche "Roñoso", esperando las noticias del espacio exterior y rezando por el buen desempeño de nuestros muchachos en el Torneo Intergaláctico de Truco, en el frío y sintético asteroide Zappa nos hallábamos Corchito Echesortu, el profesor Maradona y yo, que he recibido de Catulo Bernal la encomienda de llevar adelante este Blog.
Mea culpa. Si bien los colaboradores suelen ser prohombres de la milonga, gentes de confianza y amigazos en las malas( o acreedores de dinero o favores deseosos de una fama que no obtendrán en esta humilde morada) , por los baqueteados días que vivimos y mi propia inexperiencia, me vi forzado a aceptar el material del profesor Quintiero y otros calandracas de cabeza fresca, sin sospechar, que, como buen ingenuo que soy, estos vivillos solo querian cobrar por su colaboración, avaricia que solo se vio recompensada por una entrada para dos en la "Milonga del Oriental" y una consumicion gratis de Choripan(Querede, el dueño de la milonga no es tonto, razona que el otro choripan habrán de comprarlo a la fuerza, sin tener en cuenta que algunos ratas se alimentan con medio chorizo cada uno).
Al fin, el misterio nos fue revelado, como esos cuentos de Borges, en que una casi imposible explicación, vale menos que la genial prosa del ciego que busca sembrar la incertidumbre, mas que aclarar el misterio.
Quintiero y Perez son otros dos escapados del loquero, a quienes el mismísimo Pairetti dio el alta, un poco después de fugarse. Lo hemos sabído hoy, al visitar a otro amigo, caído en desgracia, residente del siquiatrico desde que se obsesionó con el sanguchito y trató de hacer 87 sanguchitos seguidos en una tanda de firpo, hasta que pudimos sacárselo de las manos a la milonga sublevada que quería lincharlo. En un cartel amarilleado por el tiempo, la cara de Pairetti, junto con la de Perez y Quintiero nos miraban, sobre un aviso de búsqueda, que no trasciende al exterior. Como si ese escape de locura huido, debiera forzosamente compartirse entre los celosos celadores, custodios de la cordura o simples ganapanes, gentes tristes que tuvieron el infortunio de caer en esta casa que guarda las desaforadas extravagancias de los locos.
Ya veremos si esta noche, en la milonga del Oriental, podemos reintegrar, a costa de un choripan grasiento, a Quintiero y Perez, a su mundo de gritos y delirio...

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